Rie Nakajima

Rie Nakajima©

En el libro “El arte de cuidar a tu niño interior”, Thich Nhat Hanh nos habla de la práctica que Buda nos ofreció para poder trabajar con el miedo a la muerte.

“Buda dijo que todos tenemos la semilla del miedo, pero la mayoría la reprimimos y lo encerramos en la oscuridad. Para ayudarnos a identificar, abrazar y examinar en profundidad las semillas del miedo, nos ofreció una práctica llamada los «Cinco Recordatorios», que son los siguientes:

1.- Por mi naturaleza estoy destinado a envejecer. No hay forma de huir del envejecimiento.

2.- Por mi naturaleza estoy destinado a caer enfermo. No hay forma de huir de la enfermedad.

3.- Por mi naturaleza estoy destinado a morir. No hay forma de huir de la muerte.

4.- Todo cuanto quiero y las personas a las que amo tienen la naturaleza del cambio. No hay forma de evitar tener que separarme de todo ello.

5.- Mis acciones son lo único que realmente me pertenecen. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son la base que me soporta.

Los Cinco Recordatorios nos ayudan a entablar amistad con nuestro miedo a envejecer, enfermar, ser abandonados y morir. Son también el tañido de la campana de la plena consciencia que puede ayudarnos a apreciar profundamente las maravillas de la vida que tenemos aquí y ahora.

Todos los días tenemos que recitar esos cinco recordatorios, dedicando unos momentos a contemplar cada uno de ellos mientras seguimos atentamente la respiración. Practicamos los Cinco Recordatorios para que la semilla del miedo pueda circular. Debemos invitarla a subir para que pueda ser reconocida, para que pueda ser abrazada. Y entonces, cuando regrese de nuevo abajo, se hará más pequeña”.

En las instrucciones finales de Thich Nhat Hanh para la práctica se aprecian algunos detalles muy importantes para poder afrontar el miedo:

  • No huir del miedo evitándole, al contrario, nos dirigimos hacia él conscientemente para reconocerle. De esta forma no desarrollamos el “tener miedo al miedo”.

  • Abrazar esa emoción, sentirla incondicionalmente con toda nuestra presencia.

  • Confiar en el poder transformador de nuestra conciencia, y en la ternura que podemos experimentar al sentir nuestro propio miedo, a nosotros mismos como un niño pequeño asustado.

-Thich Nhat Hanh

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