«Más que poner otro hombre en la luna,

más que un propósito de yogur y yoga

necesitamos la oportunidad de bailar
con desconocidos hermosos de verdad.

Un lento
entre el sofá y la mesa del comedor, al final
de una fiesta, mientras la persona que amamos salió
a buscar el auto
porque empezaba a llover y si algo se nos moja
le rompería el corazón.

Un lento
para traer la noche a casa, para romperla.

Dos personas
hamacándose como una boya.

Nada extravagante.

Una musiquita. Una botella de whisky vacía.

Es un poco como ser infiel.

Tu cabeza apoyada
en su hombro, tu aliento que sube por su cuello.
Tus manos le recorren la columna. Las caderas de ella
se desdoblan como una servilleta de algodón
y empezás a pensar cómo es que todas las estrellas del cielo
están muertas.

Mi cuerpo
habla lento con tu cuerpo.

La Melodía encadenada o
Escalera al cielo, un lento con eléctrica.

Toda mi vida
cometí errores. Chiquitos y crueles. Hice mis planes.
Y no llegué nunca.

Comí mi comida. Tomé mi vino.

El lento no importa.

Es todo inocencia como los chicos
antes de los cuatro. Como estar en los brazos
de mi hermano.  El lento de los hermanos.

Dos hombres en medio de la sala.  Cuando bailo con él,
uno de mis grandes amores, es totalmente humano,
y cuando gira para  hacerme un dip o lo piso
porque los dos llevamos, pienso que
uno se va a morir primero y el otro va a sufrir.

El lento de lo que vendrá
y el lento del insomnio
chorreando por el piso como agua de la bañera.

Cuando la mujer con la que duermo
está en el baño, desnuda,
cepillándose los dientes, escupe en el lavatorio
el lento del ritual.

No hay nadie que nos salve
porque no hay necesidad de ser salvados.

Te lastimé. Te quise.

Corté el pasto
del jardín de adelante.

Cuando la desconocida del vestido blanco
cubierto con un millón de cuentas
viene hacia mí como un candelabro hipersexuado viviente,
la agarro de la mano. La hago girar para un lado
y para el otro.

Es el bosque de almendros
del baile lento y oscuro.

Es lo que tendríamos que estar haciendo.

Desguazar en busca de alegría.

El haiku y la miel.

El lento de la naranja y el orangután.»

-Matthew Dickman

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