Foto: Gabi

En este momento escribo, pienso en lo que quiero decir, pero también veo la pluma trazando las letras sobre el papel.

Oigo cantar a un pájaro en un árbol cercano, escucho un cuarteto de Beethoven, el séptimo, me parece, pero no estoy seguro. Noto la tela de la silla, el reborde de la mesa, un olor de comida que sube del piso de abajo y me pregunto, mientras escribo, sintiendo mis piernas, oyendo el pájaro, si es como creo de cebolla frita. Todo eso es muy banal, extremadamente simple.

Me impide pensar al mismo tiempo que esta noche preferiría estar en mi cama, antes que muerto, que me gustaría más estar junto a ella enseguida, antes que seguir sentado a esta mesa, deslomándome con este texto, que esta música no suena como yo la recordaba y tenía sin duda en mi cabeza otra interpretación.

La memoria está llena de trampas, que no sé por qué cantan los pájaros, a qué corresponde, lo que significa, que empiezo a tener hambre, que es muy raro que esta mesa haya durado tantas décadas y más raro todavía pensar que aún estará aquí cuando yo ya no esté.

-Roger Pol Droit: ‘Si Sólo me Quedara Una Hora de Vida’.

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