.bernard Shaw y su musa en Pigmalion-I

“No puedes figurarte lo interesante que es tomar a un ser humano
y transformarlo en otro ser,
creando para él un nuevo modo de expresarse.
Equivale a rellenar el abismo más profundo que separa unas de otras
a las diferentes clases de la sociedad
y a las diferentes almas”.
Bernard Shaw-
“Pigmalión”

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Mrs.Patrick Campbell

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George Bernard Shaw
pygmallion

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, justo antes de morir en Francia,
la Sra. Patrick Campbell le escribió a Bernard Shaw:

“¿Qué le ocurrirá a las cartas?, me pregunto.
Las he metido a todas dentro de una vieja y desvencijada sombrerera,
que escondo debajo de la cama cada noche…”.

Lo que ocurrió fue que la señora inglesa que enterró a Patrick Campbell,
encontró la sombrerera debajo de la cama, y, dejando todo lo demás, logró
hacerla llegar a Londres sólo cinco días antes de que los alemanes llegaran
a París.
De esa manera fueron salvados los cientos y cientos de cartas que pasaron,
por casi medio siglo, entre George Bernard Shaw y la señora Patrick
Campbell.
Cartas de amor, cartas de negocios, felices, tristes, esperanzadas,
desesperadas:

una vida contenida en cartas.

Las cartas comienzan en 1899, de un modo casual, sin formalidades.

Es él quien escribe primero, invitándola a pasar un fin de semana en su
cabaña en Hindhead, con él y la señora Shaw, con quien se había casado hacía
sólo un año…

Él escribe:
Blen Cathra Hindhead, 12 de abril de 1899.
“Querida Patrick Campbell:
Tenemos esta casa hasta el 14 de mayo solamente, así que venga rápido.
A la señora Shaw le encantaría verla.  Los vegetales han vencido a sus
difamadores.
Me han dicho que mi dieta sin
carne era tan pobre que no podría reparar los huesos rotos de mi pie.
De modo que me hice una radiografía y, ¡ja!, ahí estaban mis huesos
perfectamente soldados, tan maravillosamente blancos que ya he dejado
instrucciones de que, si muero, deben utilizarlos para hacer con ellos un
ensanchador de guantes, y enviárselo a usted como souvenir.
He visto su última fotografía. Es maravillosa, aunque yo la hubiera

retratado sobre la cama, diciendo “Es tentar a la suerte”. Después de todo,
el mundo está lleno de actrices bellas, pero no todas pueden extraer un
filamento de materia gris de sus cerebros y enhebrarlo en la aguja del
dramaturgo.
Usted tiene ese poder. Ese es su don.
Realmente espero que pueda
venir.
Suyo, George Bernard Shaw…”

Ella escribe:
33 Kensington Square. W. 21 de abril de 1899.
“Mi querido señor Shaw:
Me da terror ver mis fotografías.
¡Los días de la papada han llegado!
¡Que Dios me ayude, a mí y a todas las mujeres!
Me temo que no me es posible aceptar su invitación.
Oh, si tan sólo tuviera
innumerables hijos e hijas extraviados y aparecieran todos hoy.
Así no me vería obligada a ir de gira a América,
por veinte semanas y a tantos dólares el minuto.
Me ofrecieron un papel en la maravillosa obra infantil de Rostand.
¿No sería agradable si usted la “ingleseara” para nosotros? ¿Qué dice?
Que Dios lo bendiga por todas las sonrisas que nos da, y que lo perdone
por esas literarias conductas de mal gusto que nos hacen avergonzar.
Suya,
Beatrice Stella Campbell…”

Él escribe:
“Mi querida señora Campbell:
No creo que sea conveniente entrometerme en el
cuento de hadas de Rostand; le daría sabor a azufre.
No. Déle una oportunidad a sus contemporáneos.
Yo estoy exhausto, gastado, vulgarizado, y
demasiado viejo para esos juegos: 45 años en julio.
Suyo,
G. Bernard Shaw…”

(En el quinto mes del nuevo siglo, el esposo de la Sra. Campbell fue
asesinado mientras peleaba en Sudáfrica. Llevaban dieciséis años de
casados, y la soledad fue abrumadora. Sumergirse en su trabajo fue la forma
que encontró para sobrevivir, y en menos de un año estrenó una nueva obra.)

Él escribe:
7 de noviembre de 1901.
“Mi querida señora Campbell:
Finalmente me aseguré un asiento para ver su actuación.
La obra me pareció un gran logro, y la música de Handel fue un
toque delicioso. Creo, sin embargo, que el Coro Hallellujah sonaría mejor si
sus miembros permanecieran en agua hirviendo.
Oh, y no me pareció natural la forma en que su coprotagonista muere sin
recibir ayuda,
con la garganta abierta borboteando como Othello.
Sin embargo, eso no es nada.
La impresión general fue excelente.
Afectuosamente suyo,
Bernard Shaw…”

Él escribe:
“Querida señora Campbell,
Me acabo de enterar de su regreso a los Estados Unidos.
Casualmente, estaré en su barrio mañana por la tarde.
Y..y. ¿Podría ir a tomar el té?
Bernard…”

Ella escribe:
“Mi querido señor Shaw: primero que nada,
gracias por permitirme oír su obra y por pensar que podría ser su zorra.
Me pregunto si podría complacerlo. De cualquier modo, admito que fue un gran
placer, y una gran sorpresa, volver a verlo…”

Él escribe:
“Stella! Temía que usted vería mis intenciones. Pero no pude pensar en otra
forma de lograr que escuchara la obra hasta el final. Aunque, déjeme
decirle, cuando leí esas palabras tan poco elegantes que usted escribió,
confirmé que nunca podría haber sido precisamente mi inocente y dulce flor…”

Ella escribe:
“Yo no dije nada en absoluto. Y por supuesto que vi sus intenciones.
¿No lo recuerda? En cuanto terminó de leer la primera escena
…Me levanté y dije: “¡Animal! Escribió esto para mí, cada línea.
Puedo escucharlo imitar mi voz”. Eso fue todo lo que le dije.
Pero si esto es en serio, el próximo paso es decirme cuál es la propuesta
concreta,
cuándo, dónde, con quién, y quizás, algún día yo. Oh, olvídelo…”

Él escribe:
“¡Usted sabía que ocurriría!
Fui tranquilamente a su casa para hablar de negocios con usted, duros como
uñas,
y, siendo un hombre vivo, no pude
evitar enamorarme de usted en menos de treinta segundos.
¿Cuánto duró?
¡Treinta horas!
Al día siguiente soñaba despierto y caminaba en el aire como
si tuviera veinte años…”

Ella escribe:
“Pero no tiene veinte años, y el teatro es un negocio.
Un negocio muy importante.
Si puedo, repito: si puedo reunir la gente adecuada, acepto ser su zorra.
Hasta ahí, llego.
En cuanto a caminar en el aire. bueno, las nubes tienen dos lados,
y ¿quién puede decir sobre qué lado camina cada uno de
nosotros?…”

Él escribe:
“Muy bien entonces, hablemos de lo que nos compete:
voy a comunicarle las asombrosas noticias de que usted me ha cautivado.
¡por su propio teatro! ¡Ya ve!
Eso es lo peor de tener algo que ver conmigo:
es arrastrada inmediatamente a un juego descarado detrás del cual
mi pobre y pudorosa alma se esconde y se acobarda y sueña.
Todo el mundo conocerá sus planes antes de que le llegue esta carta,
que si bien tiene cierto toque de encanto romántico,
es lo suficientemente correcta para obligarla a usted a tener que
jugar con todas sus cartas sobre la mesa.
Así que. ¡Cuidado!…”

Ella escribe:
“Yo siempre juego con mis cartas sobre la mesa,
no en mi bolsillo.
Ese es su juego.
Toda esa farsa de “estaré por su barrio”….”

Él escribe:
“Una artimaña perfectamente respetable.
¿Cuál es el problema?
¿Teme que su corazón se involucre
con este impío actor socialista?
¿O teme que no lo haga?….”

Ella escribe:
“Beatrice Webb tiene razón.
Usted es un duende.
¿Y cómo podría alguien
enamorarse de un duende?
“¿Va a venir el viernes?
¡Vamos a estar solos!”…”

Él escribe:
“Querida Stella:
muchas gracias por el viernes;
y por un sábado de gratos sueños en las nubes.
Ahora ya estoy bien, sí, ya regresé a la Tierra,
y todos mis platillos y mis tambores
y todas mis resonantes vulgaridades están
en vigor una vez más.
Pero sería cobarde y miserable de mi parte negar que
es una mujer maravillosa,
y que su hechizo me embrujó encantadoramente
durante doce horas completas…”

Ella escribe:
“¿Podemos atenernos a los negocios, señor Shaw?
Le he hecho una oferta formal al teatro
y le hice saber al mundo que voy a ayudar a  producir a actuar
en la nueva obra de Shaw, “Eliza”.
Quizás ya lo haya leído en los periódicos
¿Qué actor coprotagonizará conmigo,
en el papel de Henry Higgins?
No lo sé todavía, pero no se preocupe.
Encontraremos a alguien…”

Él escribe:
“Beatricísima.
Acabo de verlo en el periódico.
Y tengo que ser muy grosero
(y tengo un dolor de cabeza espantoso, así que compadézcame).
Me pregunto cómo se las arregla su dentista.
Debe adorarla, y sin embargo no siempre puede
evitar causarle dolor; un dolor deliberado, científico.
Mi admiración por usted es tal, que podría clavarme un puñal en el corazón y
morir a sus pies.
Sin embargo, voy a extirparle la mitad sus dientes, y sin anestesia.
Procedo en un registro profesional y literario. Escuche al ensayista.
Oh, Stella Estelarum,
no hay nada más cierto en el proceso solar que si usted se arriesga
con el sistema de una sola estrella, nada,
ni siquiera mi genio y el suyo juntos, puede salvarla del fracaso.
Piense:
“Él los creó hombre y mujer”.
Además, su público es mayoritariamente femenino:
usted no puede satisfacer el deseo que esas mujeres
tienen de un hombre a quien idealizar.
¿Y cómo podría una mujer idealizar a un pobre empleado asalariado,
desplazado a un rincón del escenario?
¿Acaso quiere ser como Eleonora Duse?
¿Un martillo sin un yunque? ¿Un Sandow jugando con pesas?
Si produce Pigmalión con un Higgins de 20 libras,
será un éxito escandaloso la primera semana,
parto a la segunda semana, comenzará a tambalear;
usted se aterrorizará y derrochará una enorme cantidad de dinero en
publicidad;
luego levantarán la obra, y usted se apartará de mí;
luchará hasta que no le quede un centavo;
y luego, acudirá a América, con todos sus horrores, para recuperarse;
o a las provincias, o al retiro, por el resto de su vida.
¿Cómo se siente ahora? Y en cuanto a mí.
¿dónde encontraré un hombre que pueda
estar a su altura sobre el escenario? A usted le gusta jugar con gusanos.
Los gusanos nunca causan problemas,
y en las obras que pueden ser
producidas, conforman los mejores elencos.
Pero mis obras deben ser actuadas, y muy bien actuadas.
¿Quién, entonces, será su complemento?
¿El John Drew para su Ada Rehan, el Irving para su Ellen Terry?
¡No, Stella! Debo conseguirle un Higgins heroico.
No la llevaré a la ruina. Ni a mí mismo.
No podría amarte a ti, querida, de la forma en que lo hago,
si no amara el dinero aún más…

Ella escribe:
“Oh, señor Shaw, ¡qué payaso es! Creo que lo voy a llamar “Joey”.
“Joey el payaso”.
Sé perfectamente que un espectáculo con dos estrellas es mejor que
uno con una sola estrella, y que un espectáculo multi-estelar es sólo
apropiado para “Reyes y reinas”….”

Él escribe:
“Si ya lo sabe, ¿por qué hace las cosas tan complicadas?….”

Ella escribe:
“No hago las cosas complicadas.
Si a usted no le importa cómo me siento en mi trabajo, hay muchos otros a
quienes sí les importa.
Barrie tiene una nueva obra para mí y Chas.
Forman me ofreció una fortuna para llevarla a Estados
Unidos….”

Él escribe:
“Sí, sí, ya lo sé, pero por el amor de Dios, Stella, sea razonable…”

Ella escribe:
“Me siento plenamente irrazonable e incómoda discutiendo con usted así.
Si el personaje de Higgins es más importante que el de Eliza para usted,
entonces consiga una estrella masculina, y yo me hago a un lado…”

Él escribe:
“Stella, sea juiciosa. Usted es una estrella consolidada, una veterana.
Debe ser otra estrella consolidada quien protagonice junto a usted…”

Ella escribe:
“¿¡Una veterana!? ¿Cómo se atreve? ¡Yo no soy ninguna veterana!
Me hace sentir como un caballo retirado que una vez ganó la carrera
y luego echaron al pasto. ¡Una veterana!
Cualquiera pensaría que tengo peluca, ojos de vidrio y pata de palo.
Pues bien, tengo ojos de verdad, mi cabello es realmente mío,
y mis piernas son tan buenas como las mejores.
Y nunca tendré ni un día más que treinta y nueve años.
Está bien, es cierto que tengo una hija de veintiocho,
pero, ¿qué tiene que ver? Ocurre todo el tiempo en la India….”

Él escribe:
“¿Terminó?…”

Ella escribe:
“No, no terminé. Hoy me dijeron que sólo quiere que interprete a Eliza para
burlarse de mí, para que todos disfruten del chiste, del gran chiste que yo
sería interpretando a una chica. Pues bien: vamos a ver quién ríe último.
Me pregunto qué sería su absurda obra sin mí.
Por cierto, supongo que querrá ser informado sobre el teatro
en que vamos a estar,
y sobre la solidez financiera de nuestra empresa.
Todo esto, por supuesto, se le detallará
formalmente, y sabrá usted ser discreto…”

Él escribe:
“No quiero que se me informe nada.
Soy un artista y no entiendo nada sobre finanzas.
Yo Quiero a mi Eliza, y a ninguna otra Eliza.
Escribí la obra para mi Eliza,
y debo conseguir a un Higgins apropiado para ella.
No escucharé razones.
Me sentaré aquí y gritaré en protesta. Puedo gritar por veinte años,
cada vez más fuerte, con tal de que se hagan las cosas a mí manera,
en todos los aspectos…”

Ella escribe:
“¡Ay, querido, qué carta!.
Le digo querido porque “Querido señor Shaw” es una convención
que no significa nada.
Querido a secas, en cambio, significa querido de verdad,
y querido es un hombre, y una mente, y un discurso.
Como los suyos.
Un hombre como usted.
Quiero proceder de una vez con la obra, y empezar los ensayos
el primero de septiembre…”

Él escribe:
“El primero de septiembre es aceptable para mí si encontramos
a nuestro Higgins. No voy a ceder en este aspecto.
Nuestros amigos están empezando a hablar.
Me caen comentarios fastidiosos sobre la cabeza como nieve.
La señora Shaw y yo visitamos a James Barrie el lunes a la noche.
A las once, cuando me levanto para irme, Barrie me dice en su lento acento
escocés:
“¿De nuevo va a ver a ‘señorra’ Campbell?”
Esa es la bufonada que hemos producido.
Me gustaría poder enamorarme sin que lo sepa todo el mundo.
Cumpliré cincuenta y seis años el veintiséis del mes corriente,
y aún no me he madurado.
Ahora debo ir a leerle esta carta a mi esposa, Charlotte.
Mis romances son su infalible divertimento.
Además, me encantan las audiencias.
Oh, perdone esta blasfemia, pero aún me duele la cabeza
y eso me pone travieso. Stella.
el primero de septiembre entonces, ¿verdad?…”

Ella escribe:
“El primero de septiembre, sí….”

(Pero no iba a suceder. No aún. Unas semanas más tarde,
poco tiempo después de que comenzara mis vacaciones anuales en el
continente, Stella sufrió un horrible accidente mientras viajaba en taxi,
lo cual puso un abrupto fin a los planes y le impidió actuar por más de
un año. Sucedió mientras se dirigía al Albert Hall, con su omnipresente
pequinés, llamado Georgina, sobre el regazo)

Ella escribe:
“Fue un ruido ensordecedor. Mi cabeza se elevó y luego sentí la hemorragia
bajando por mi rostro, por debajo de la piel. Y desde entonces he sido un
espectáculo, con dolores y puntadas en cada centímetro de mi cuerpo y
moretones del tamaño de platillos.
Me temo que no podré hacer Bella Donna de nuevo.
Habrá que cerrarla. Ni podré interpretar a Eliza, supongo.
May Strachey me imploró que le pidiera una copia de la obra para llevar a
Francia, donde continúa mi tratamiento. Puedo leerle a ella lo que el mundo
nunca escuchará y no dejaríamos que otra alma viera.
Escríbame y haga que me ponga bien.
Una carta al día no será suficiente….”

Él escribe:
Hotel de Russie, Bad Kissingen-9 de agosto de 1912
“Stella, Stella:
los vientos del norte se convierten en música con los miles
de cartas que le he escrito estas vacaciones.
Pero finalmente sucedió:
la caja de cambios del auto se atascó,
aunque como ve, aún vivo (a vegetales).
Así que salí del auto y esperé parado, sobre mis dos piernas lesionadas,
en esa ladera, durante diez horas, dándole apoyo moral a mi chofer,
mientras éste desarmaba la caja de cambios y la volvía a armar.
En buen tiempo, encontré una aldea y una limpia habitación doble en una
posada para Charlotte y su hermana;  ellas durmieron felizmente.
El chofer y yo pasamos la noche en vela magníficamente y recibimos el
amanecer con la exultación de dos hombres jóvenes.
Pero al día siguiente (que fue ayer), le advierto,
mi buena señora, que si esperaba encontrar en mí
alguna tontería romántica,
está completamente equivocada.
Mis rodillas están averiadas: mis
pantorrillas se sienten como las del empleado de una tienda
en la que no hay un asiento detrás del mostrador.
No pensaré románticamente en usted por al
menos diez minutos.
Sí, le enviaré el borrador de Pigmalión.
Pero le advierto de antemano:
si lo lee, está perdida. Caerá a mis pies de inmediato.
Si, por casualidad, viaja antes de fin de mes, hágamelo saber.
Charlotte estará aquí todo el tiempo.
Jadea y se ahoga en aire enrarecido mientras su
hermana se revuelva en el fango agarrándose el pecho.
Ninguna de ellas, por cierto, está remotamente enferma;
pero Charlotte quiere adelgazar, y su hermana quiere engordar;
así que ambas acordaron ser repentinamente
asmáticas y obtener el tratamiento oportuno.
Por mi parte, probé una bocanada de ocio,
que alcanzará para el resto de mi vida.
¿Es Lady Stratchey quien está con usted?
Si es ella, ¿qué pensará de mí cuando sepa que soy su víctima?
Denuncio solemnemente que cuando fui a su
casa yo era un hombre de hierro, insolentemente seguro de mi
impermeabilidad.
Y en treinta segundos.
Ay, Stella, si tuviera un poco de
decencia, esto no podría haber ocurrido.
¿Le parece civilizado? ¿Le parece sensato?
¡Un anciano charlatán como yo!
Venceré esta debilidad.
O mejor,escribiré obras sobre ella y la usaré para ganar dinero…”

Ella escribe:
“Escriba obras sobre lo que desee, pero no, por favor, no sobre nosotros.
Mi hija, Stella, cuando era una niña, solía cantar una canción que le
divertía mucho. Empezaba así:
Está loco, loco, loco
Se le salió un tornillo
Limpia sus botas con mermelada de frutilla
Se come su sombrero cada vez que puede
Está loco
Es sobre usted.
Todavía tengo los ojos negros y un dolor agudo en el hombro…”

Él escribe:
“Su mención de Stellita me recuerda una vez que la engañé
con una bobería irlandesa.
Estábamos sentados en un palco en el Savoy en una función
bastante mala de Armas y el Hombre, y el público me hizo
una especie de ovación al final.
Mi impulso fue levantarme y bendecirlos
(hace una elaborada cruz en el aire).
Es cierto, a menudo me siento como un Papa.
Ella pensó que estaba chiflado, pobre niña…”

Ella escribe:
Aparentemente se está divirtiendo. Desearía estar con usted, pero ni
siquiera me dejan estar sentada  por más de una hora, ya ni mencionar
moverme.  Aquí en Aix veo un mundo glorioso, cuando miro hacia afuera.
Pero aquí adentro, las sirvientas con sus perlas y sus vestidos y sus uñas
ensangrentadas y sus labios de lacre me ponen los pelos de punta.
Nunca había estado en un hospital durante tanto tiempo.
Estoy algo pasmada.
“Ríe y el mundo ríe contigo. Bosteza y te dormirás solo”.
Quizás algún día, si usted es muy bueno y se comporta
como corresponde en los ensayos,
le escribiré una carta de amor.

Él escribe:
“¡Una carta de amor! Sancta simplicitas!
¿Cuándo me escribió otra cosa?
No, déjeme escribir a mí.
Y usted rece por ambos, porque siempre hay peligro
cuando ese demonio que es el amor opera.
¡Ah.! Ojalá estuviera aquí conmigo, me salvaría de engorros como el que
sufrí ayer.
Brevemente: en un pueblo a veinte kilómetros de la frontera francesa,
al auto se le rompió un órgano vital.
Entonces, para evitar ser atropellado en mi distracción, y en
búsqueda de un poco de tranquilidad, entré a una peluquería,
olvidando que me había cortado el cabello el día anterior,
con el resultado de que ahora soy prácticamente calvo.
No me di cuenta de esto hasta que el hombre empezó
con mi ceja, confundiéndola probablemente con un bigote suplementario,
ya que se eleva hacia el final a la manera mefistofeliana.
En definitiva, quedé pelado como un fox terrier.
No pensaré románticamente en usted por otros diez minutos.
Si está soleado en Savoy, y usted viaja en auto muy a menudo,
pídale al chofer que le de algo de aceite lubricante
para aplicarse en el rostro.
Si no lo hace, se pelará.
Yo utilizo un cosmético coreano llamado “alimento de piel”,
pero la gasolina es más barata e igualmente efectiva…”

Ella escribe:
“No merece ser tan inteligente como es, y ni siquiera es tan inteligente,
es que tiene esa cabeza exuberante y maliciosa.
Y no puedo mantener la exuberancia como usted,
ni el encantador acento irlandés, que seguramente
tenía la serpiente, o Eva nunca habría visto la manzana,
mucho menos se la habría comido.
Haga algo rápido o me moriré.
¡Estoy tan enferma! ¡Por favor!…”

Él escribe:
“¡Tonterías! Jamás fomento la enfermedad.
Mi esposa está enferma; mi madre está enferma;
estoy ensayando dos obras simultáneamente;
si un terremoto se tragara la mitad del planeta habitable,
creo que sólo me reiría.
Soy yo quien necesita compasión.
Acabo de recibir una carta de una sufragista que
comienza con la frase “Pobre y maltratado amado”.
¡No! Levántese y
consuéleme usted A MÍ….

Ella escribe:
“Bueno, amado, no estoy en el Cielo, no tengo tanta papada,
y el poco pecho
que me queda aún está erguido.
El gran genio, James Barrie, que vive
enfrente de su casa y cuyas obras de un solo acto sí son un éxito,
vino a verme ayer y no me miró horrorizado.
Apúrese.
Lo extraño terriblemente.
Y a Eliza también….”

Él escribe:
“Más cerca de ti, Señor-a.
Ciento noventa y tres kilómetros más cerca, para ser preciso.
Aunque le parezca extraño, nunca había estado en Orleáns.
Me gustaría hacer una obra sobre Juana de Arco algún día,
que empiece con el barrido de sus cenizas luego del martirio
y continúe con su llegada al Cielo.
Una de las escenas sería Voltaire y Shakespeare cruzando a la vereda
de enfrente para evitarla.
¿Le gustaría interpretar el papel principal?
Entraría montando un caballo luciendo una armadura brillante
y pelearía contra todo tipo de seres…”

Ella escribe:
“Sus cartas son un carnaval de palabras.
¿Cómo puedo responderle con mi pobre y quejumbroso lenguaje?
Sería espantoso que me vea como a la común y necia señora de la limpieza.
Porque realmente lo soy.
Y usted con tantas “grandes mujeres” a su alrededor,
Santa Juana entre ellas.
Si regresa el próximo lunes o martes,
¿vendrá a las cuatro y me hará reír,
y me convencerá de que
vale la pena que me recupere?…”

Él escribe:
“Desgraciadamente, aunque estaré en Inglaterra,
me es imposible verla el
lunes o el martes.
Debo ir a Liverpool a supervisar otro ensayo de César y Cleopatra.
El último ensayo completo fue especialmente desastroso.
Nunca escuché tantos titubeos y tantos pies dados a destiempo.
Para mi gusto, el clímax fue hacia el final del cuarto acto cuando el
escenario se oscureció
con el descubrimiento del asesinato de Ftatateeta.
Entonces, Cleopatra dijo:
“Está oscuro y me siento sola”, con tan convincente naturalidad
que el compasivo electricista la confortó de inmediato
con un reflector que iluminó la escena….”

Ella escribe:
“Ay, querido. Ya es demasiado tarde para hacer otra cosa que aceptarlo
y quererlo, pero cuando era un niño alguien debería haberle dicho
“cállate” al menos una vez…”

Él escribe:
“Ay, mi gloriosa dama de mármol blanco.
Cuando yo era niño no se hizo nada conmigo, en absoluto.
No fui malcriado, pero tampoco se me censuró.
Nadie me prohibió descubrir las maravillas del mundo
que estaban a mi alcance.
Me tomaron por lo que era: una pequeña pero desagradable bestia.
A nadie le preocupó en qué me podía convertir o no.
Yo no sabía que era diferente al resto de la gente
(sólo creía que era peor).
He descubierto todos mis poderes por el afuera,
con incrédulo asombro, o mejor dicho,
he descubierto que los otros no los tienen.
Mi timidez y mi cobardía superan toda creencia…”

Ella escribe:
“Tres veces ayer intenté escribirle y mi temperatura se fue a las nubes.
Sea paciente conmigo. He sido viuda por doce años y abuela
por cuatro días, y
dos días atrás casi dejo este mundo.
¿Qué es eso de “tímido” y “cobarde”?
Yo lo veo tan sensible como Keats, y con esa cosa de
“quiero saborearte” que tiene,
digna de una revista pornográfica. Estas cartas son trampas.
Trampas, como su acento irlandés…”

Él escribe:
“Tiene razón. Haga oídos sordos a este adulador y mentiroso dramaturgo
irlandés, o llenará su pluma con la sangre de su corazón, y venderá sus
emociones más sagradas en el escenario.
¡Lo hará!
Es una máquina de escribir y hablar que ha trabajado por cuarenta años
hasta desarrollar una habilidad demoníaca.
Debería haberle advertido antes:
pero pensé que su cabello blanco y sus cincuenta y seis años
habían dejado totalmente en ridículo su flirteo…”

Ella escribe:
“Hay un panfleto llamado “Seducida paso a paso”.
Eso es lo que me está pasando usted.
No habrá pensado que creí que vino a verme porque estaba
interesado en mí.
Sabía que vino por Liza, y me deleitó que alguien pudiera
ser tan serio de una manera tan desconcertantemente encantadora.
Si nunca dije “Béseme”, es porque la vida es demasiado corta
para el beso que mi corazón desea.
Míreme a los ojos durante dos minutos, sin hablar, si se atreve.
Si lo hiciera, ¿cuántas horas tarde llegaría a la cena?….”

Pigmalion (1938)-Full Movie

1964´ version: My Fair Lady

 

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