.el Jardin de la Vida

1 (5)Flor Colombiana

“Todo hecho natural es un símbolo
de un hecho espiritual…”
Ralph Waldo Emerson

 

INTRODUCCIÓN

ES increíble cómo a veces suceden cosas tan simples y cómo, en esa fracción de segundo en que se modifica una percepción, nuestra vida se altera de un modo irrevocable. Eso fué lo que ocurrió conmigo y con mi huerto.
Durante muchos años, había sido la típica hortelana perezosa. Con mi habitual estilo Tom Sawyer, recurría a todos los amigos posibles para que me ayudaran a cultivar mi pequeño terreno. Acabé con una huerta repleta de los típicos calabacines, pimientos, lechuga, tomates y berenjenas… un verdadero guiso de esfuerzo de mi parte.
Sin embargo, desde hacía varios años, una voz en lo más hondo de mí me decía: “Hazlo tú misma. No tomes un atajo. Será más gratificante.”
De manera que no muy convencida (y en contra de los consejos de mi manicura), eso fué lo que hice.
Ahora bien, muchas otras cosas me impulsaron en esa dirección. Por primera vez en mi vida, había estado meditando en forma regular. Me negaba a hacerlo en una habitación oscura y apartada. Más bien, buscaba siempre un entorno natural y luminoso que rodeara a mi persona y a mi espíritu agotado por la tecnología: la cumbre de una montaña nevada en el invierno, un claro cubierto de piñas junto a un arroyo susurrante en la primavera o simplemente el arbolado terreno trasero de mi casa en el verano.
Cuanto más se estrechaba mi relación entre la naturaleza, mi espíritu y yo, más clara se tornaba la confusa conexión entre el espíritu y la naturaleza. Tal vez Ralph Waldo Emerson lo expresó de la mejor manera en su ensayo titulado Naturaleza: “El mayor deleite que producen los campos y los bosques es la sugerencia de una relación oculta entre el hombre y lo vegetal”.
Yo prefiero decirlo de un modo más simple: La naturaleza… no es ninguna tonta. Mucho antes que se inventara la rueda, ya sabía que no había que reinventarla. Existe un motivo para la correlación entre nuestra voz interna y las calamidades que nos sobrevienen cuando no escuchamos esa voz. (Piense en aquella relación que usted sabía que debía haber terminado años atrás o en aquel trabajo cuyas exigencias e impropiedades violaban su verdadera naturaleza pero al cual se aferraba porque, después de todo, significaba la seguridad).
Sé que me disculpará el uso de una frase tan trillada… pero es cierta: Somos uno con la naturaleza. La maravilla del universo está en nuestro interior. No es algo que observamos y luego ignoramos cuando pasamos por alto un brillante atardecer púrpura en nuestro apuro frenético por llegar a una cita, cuando nos reservamos nuestras opiniones para contentar al jefe o cuando solemos comportarnos como eruditos miopes que necesitan pruebas de que la naturaleza, la mente, el cuerpo y el espíritu sufren cuando están separados entre sí.
De modo que mi pequeño libro trata acerca de escuchar y reaccionar a las señales que nos da la naturaleza. En el cultivo de mi huerto, he comprendido que todo gira en torno de las relaciones. He sido testigo de que, a la larga, no se puede tomar lo que no se da porque existe un contador maestro allí afuera que mantiene las cuentas equilibradas. Este vínculo fundamental entre el hombre, las plantas y la tierra ha sido documentado desde los albores de la civilización. Es por eso cuando me siento particularmente frustrada por un problema en mi vida o en mi huerto, medito las palabras de San Pablo en su epístola a los Gálatas: “No os engañéis: nadie se burla de Dios. Se cosechará lo que se siembre”.

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

…más flores…!

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2 pensamientos en “.el Jardin de la Vida

  1. Preciosas fotos de dahlias.!Qué bonita relación con la tierra, con el jardín, con el paisaje, con el huerto! Que, al fin y al cabo, han sido la prolongación del hogar, la fuente del sustento, el paisaje inmediato del hombre durante milenios.
    ¿Cómo restablecer esta relación de compañía e interdependencia con la Madre Naturaleza, en esta generación de nuestros hijos que han nacido entre el asfalto de grandes ciudades, con el paisaje de los escaparates, y con la dependencia de la todopoderosa tecnología? No me parece fácil recuperar esa sensibilidad, al haber perdido el contacto, la cercanía; en el fondo parece que han dejado de creer que dependemos de la Naturaleza. Se intuye una actitud de soberbia por parte de la todopoderosa cultura de la ciencia y la tecnología buscando el dominio implacable sobre la sometida y ultrajada Naturaleza. Gracias a Dios, también hay indicios de cambio en este sentido; las nuevas generaciones van viendo que el consumo y las máquinas no llenan el corazón.
    Un abrazo
    Ramón

    • Todos podemos conservar un pedacito de cielo en la tierra, en nuestro corazon. Es alimento para el alma.
      Yo soy afortunada: tengo un jardín que es hermoso en todas las estaciones. Un pedacito de tierra, que me conecta con lo mas sagrado de mi.

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