la clave es el equilibrio

 

 

«El cuerpo es nuestro jardín
y la voluntad, su jardinero.»
(William Shakespeare)

 

LA CLAVE ES EL EQUILIBRIO

Observemos la sabiduría que proporciona la naturaleza.
Todo con moderación…
luz solar, agua, nutrientes.
El exceso de un buen elemento derribará nuestra estructura.

LA esencia misma de la naturaleza es la armonía y el equilibrio. Una planta siempre crece perfectamente hacia arriba… en dirección a la luz. Observemos un roble. Las ramas inferiores se extienden más lejos que las superiores, proveyendo fuerza y equilibrio a todo el árbol. El árbol está preparado naturalmente para afrontar el rigor de los vientos y las temperaturas del lugar donde crece.
En mi huerto, después de trabajar duro para analizar el suelo y corregir el nivel de acidez versus alcalinidad, fuí testigo de cómo se equilibra la naturaleza a través de los elementos. Se sucedieron muchos días de sol y calor abrasadores y el único descanso que tenían mis pobres plantas era el fresco de la noche. A pesar de que las regaba todos los días, los elementos infligían una pérdida a mis berenjenas y pimientos recién nacidos.
Día tras día llegaba a casa y corría hacia mis plantas, que languidecían con cansancio en tanto una bocanada de viento agitaba sus hojas débiles. Entonces presencié con admiración cómo el calor se convertía en una intensa tempestad de truenos que trajo más agua y más fresco del que yo jamás hubiera podido ofrecer.
Y luego vinieron uno o dos días nublados y rescataron mis cultivos. Fué una danza hermosa entre mi huerto y el cielo. En ocasiones al borde de la tragedia, a veces en medio del júbilo y el éxtasis, pero siempre en equilibrio como dos viejos amigos que saben cómo son las cosas pero a quienes les encanta ensayar sus papeles una y otra vez.
Yo me sentía como un testigo silencioso, privilegiada por poder observar y, en cierto nivel cósmico, sabía que estaba allí para desempeñar un papel muy real en esa danza. Era como un árbitro amable que sabía cuándo se estaba aplicando mal el reglamento y cuándo intervenir para agregar mi propio peso con el fin de mantener el equilibrio perfecto.
Al igual que para mi huerto, el equilibrio ha significado para mí una lucha incesante. En mis relaciones afectivas más íntimas me he debatido penosamente entre dar demasiado y tomar demasiado. Descubrí que cuando doy demasiado no me queda suficiente para mí. Cuando tomo de más, mi pareja queda agotada.
De vez en cuando, yo también languidezco con el esfuerzo de conservar el equilibrio pero entonces recibo un buen torrente de apoyo y afecto y adquiero la fuerza para corresponder al amor. Cuando uno de nosotros necesita más que el otro durante demasiado tiempo, se pierde el equilibrio y el desarrollo se detiene en forma temporaria.
En la medida en que podamos seguir creciendo en dirección de la luz, prosperaremos. Se trata de un constante tira y afloja que nos permite alcanzar la sinergía que necesitamos para crecer fuertes.
Creo que lograr el equilibrio en todos los aspectos de la vida constituye el desafío de nuestra era. La mayoría de mis amigos hacen malabares con el trabajo, la familia, la comunidad, las actividades físicas, las relaciones y el autocrecimiento. Cuando las cosas tambalean, siempre parece suceder en el área del crecimiento personal. Cuando se pierde el equilibrio, al igual que en el huerto, todas las áreas de la vida se ven afectadas.
Considero este nuevo conocimiento de mí misma o de la espiritualidad el centro de mi equilibrio. Cuando no encuentro un breve instante en el día para estar en silencio, pierdo el equilibrio. Dejo de cuidar bien de mí misma. Mi actividad física y mi dieta decaen. Mi capacidad para generar amor y compasión hacia otros disminuye. Y pierdo el poder de la perspectiva al caer presa de las interminables batallas del ego que me tironean desde todos los ángulos de mi vida.
Es sólo cuando logro hallar mi centro a través de las cosas que son de verdad importantes para mí como leer, viajar, el autoconocimiento y la meditación, que puedo acallar la insensata conversación de mi ego y comprender claramente quién soy en realidad.

Como el roble, busquemos el equilibrio en nuestro centro y todas las ramas de nuestra vida crecerán en armonía para sostener la estructura de nuestro verdadero ser

 

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-«Doce Lecciones que aprendi de las Plantas»

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…raices y alas…!

 

3 Replies to “.la clave es el equilibrio”

  1. Mil y una certezas bien trabadas y aún mejor expresadas. Sería el ideal al que apuntar.

    El común de los mortales entre los que me incluyo vivimos sujetos, o por lo menos condicionados por unos complejos parámetros en buena parte adversos debidos a profundos cambios. Para no faltar a la verdad, no es que sean mejores o peores en conjunto, sino que, seguramente, no hemos tenido tiempo de adaptarnos, con la consiguiente pérdida del equilibrio.
    Sirva de ejemplo la vida de mi abuelo; su entorno, hábitat y circunstancias eran prácticamente idénticas a las de un dilatado número de generaciones precedentes; pues bien, en la mía, hemos pasado del arado romano al tractor guiado por ordenador; de la hoz a la cosechadora con aire acondicionado e internet.
    Esto ha traído consigo profundos desfases, aunque el hecho en sí sea bueno, al fin y al cabo progreso, viéndonos empujados a emigrar en masa a las ciudades, en mi caso los ocho hermanos.
    Resultado: sobrevivimos, unos mejor que otros, y nos vamos adaptando, pues esto ha sido una vuelta a empezar; todo ese bagage de tradiciones familiares, forma de vida, vivienda, costumbres del pueblo natal van quedando solo en el recuerdo. A unas cuantas generaciones nos toca esta adaptación, ir poniendo cada cosa nueva en el lugar que le corresponde en pos de un equilibrio lo más cercano posible.
    (Creo que me he enrollado como una persiana)
    Un abrazo
    Ramón

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