.la paciencia es una virtud

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la paciencia es una virtudHermosa Natura de Colombia

 

“Si el hombre individual
se plantara con valentía
en sus instintos y aguardara,
el inmenso mundo
lo reconocería.”

(Ralph Waldo Emerson)

 

LA PACIENCIA ES UNA VIRTUD

No se puede cosechar lo que no se siembra.
De modo que sembremos nuestros deseos,
abonémoslos con gentileza y serán
recompensados en abundancia.

TODO horticultor desea que sus plantas crezcan con más rapidez. A lo largo de los años, hemos inventado todo tipo de formas de fertilizar, regar y cultivar para obtener una cosecha más temprana. Pero por más intensos que sean nuestros deseos y por más esfuerzos que hagamos, jamás he visto a una planta apurada.
Mi huerto crece a su debido tiempo. Cada planta tiene su ciclo. La lechuga brota temprano y hay que recogerla o espigará. Las coles se siembran bien adentrada la estación porque les encanta el clima fresco del otoño. Los espárragos tardan años en desarrollarse y hay que esperar dos temporadas para poder recolectar las frutillas. Los cultivos sensibles a las heladas como los tomates, los pimientos, los pepinos y los calabacines adoran el calor sofocante y abrasador del pleno verano cuando se propagan con tanta exhuberancia que las abejas casi no dan abasto.
Aunque sé todo esto, en ocasiones no puedo esperar a ver qué sucederá después. Muchas veces me he sentido tentada de ir al pequeño montículo donde están mis calabazas amarillas recién sembradas y husmear bajo la tierra para ver cómo está creciendo la semilla. De la misma manera, resulta muy tentador molestar a los fervorosos rábanos que echan brotes con una velocidad increíble sólo para ver si la raíz está creciendo bajo tierra con la misma rapidez que la planta en la superficie.
Cuando un cultivo da una mala cosecha, siento impaciencia y frustración. Me culpo a mí misma por mis cuidados perezosos, segura de haber desempeñado un papel muy real en le pérdida de mis repollitos de Bruselas. Y sé que soy responsable de la deficiente producción de habas verdes porque no las tutoré como debía.
No es hasta la temporada próxima, el año siguiente, que soy capaz de reconocer las lecciones que asimilé. En definitiva, los conocimientos que he obtenido en mi dolor y mis fracasos me han convertido en una horticultora mucho más eficiente de lo que habría sido con una buena preparación.
La paciencia es tal vez la lección más profunda que aprendí de mi huerto. Solía esforzarme por controlar todos los aspectos de mi vida. Desde mi familia hasta mi carrera y mis relaciones, yo sabía cómo hacer que se dieran las cosas. Sabía que si aguantaba y persistía y mantenía el control, podría lograr que las cosas sucedieran a mi modo.
Las ocasiones en que me afané más por obtener el control fueron aquellas en las que me he sentido perdida en la vida. Cuando quería iniciar mi propio negocio, me sentía asustada e insegura. Luché tanto por encontrar una solución que terminé sintiéndome más perdida. Me preocupaba por todo. ¿Tendría suficiente trabajo para mantenerme ocupada? ¿Me sentiría sola trabajando por mi cuenta? Y sobre todo, ¿Cómo iba a ganarme la vida?. Todo el mundo sabía que necesitaba un par de compromisos sólidos con clientes antes de poder renunciar a mi trabajo. Carecía de la capacidad de limitarme a estar en el momento y permitir que los acontecimientos se desarrollaran. Fué entonces cuando mi amiga Debbie me dijo: “Mírate, Vivian. Eres tan poderosa, no puedes menos que triunfar. No estás confiando en el universo. Haz lo tuyo y confía”.
Eso hice. Presté atención a mi voz intuitiva acerca de lo que en verdad deseaba y sembré las semillas de mis deseos. Luego me quedé quieta, sabiendo que había preparado mi sustrato lo mejor posible. Era tiempo de ser paciente y aguardar lo que emergería. Del mismo modo en que aprendí a proceder con mi huerto, dejé de rondar mis cultivos con nerviosismo y me permití experimentar la inquietud de lo que ocurriría a continuación (¡como si alguna vez lo hubiera sabido!).
Lo que brotó fué extraordinario. Con muy poco esfuerzo, cerré dos importantes contratos que me mantendrían en mi nueva actividad, mi buen amigo Bill me instaló un nuevo sistema de computación y el teléfono no paró de sonar con negocios potenciales Obtuve todo lo que quería sin hacer nada.
Estar en el momento y renunciar al control del futuro requiere disciplina. He aprendido a sembrar mis anhelos más preciados y a esperar que florezcan. Aunque me siento tentada de desenterrarlos para ver cómo están creciendo, la mayoría de las veces me contengo. Porque cuando rondo en torno de mis cultivos tratando de controlar el resultado de las cosas, de dirigir demasiado el proceso, lo estropeo todo. Ahora bien, si deseo algo como más dinero, nuevos amigos, saber de alguien en particular o mejorar mis relaciones, planto la intención, y luego espero el desarrollo de los acontecimientos. Es absolutamente milagroso cómo obtengo lo que quiero simplemente esperando con paciencia que las cosas vengan a mí, y si no lo hubiera experimentado en persona, hubiera dicho que es una locura.
Quedarnos quietos, no hacer nada, esperar que nuestros deseos vengan a nosotros es la lección más difícil de aprender en esta sociedad que nos urge a ir en procura de las cosas. Pero cuando sigo el consejo que me da la naturaleza, sé que no puedo equivocarme.

Sigamos nuestra intuición sembremos nuestros deseos, permanezcamos quietos, seamos pacientes.
El universo proveerá con una generosidad inimaginable.

 

 

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

la paciencia es una virtud (1)otra belleza colombiana…!

 

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2 Replies to “.la paciencia es una virtud”

  1. Maravilloso libro que me hace sentirme como en casa, pues llevo toda la vida entre plantas, y rubrico lo de la impaciencia, que creo que e un error o defecto generalizado, y quizás comprensible en los que alquilan minihuertos urbanos. Es verdad que nos falta paciencia con la Naturaleza, y también en ámbitos laborales o personales, pero no es menos importante conocer la cadencia de cada especie en la Naturaleza y por analogía, también de cada persona.
    Un abrazo
    Ramón

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    1. La impaciencia es uno de los sellos de estos dias.
      Todo tiene que ser YA, como si el tiempo quemara.
      Me pregunto cuánto impide eso, el disfrutar del encanto del proceso y de la incapacidad que tenemos de esperar y escuchar.
      Otro abrazo

      Me gusta

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