.cultivemos la diversidad

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cultivemos la diversidad (2)

 

“Las mejores cualidades
de nuestra naturaleza.
como la lozanía en los frutos,
sólo pueden ser preservadas
por el cuidado más delicado”.

(Henry David Thoreau)

 

 

CULTIVEMOS LA DIVERSIDAD

Las plantas, al igual que las personas,
poseen necesidades individuales propias.
Si les imponemos nuestros deseos,
violaremos sus verdaderas naturalezas,
sufrirán y morirán. Aceptemos y
alimentemos su individualidad y
nuestro apoyo las nutrirá.

 

HE perdido la cuenta de la cantidad de años en los que anticipé la última helada de la temporada desenterrando shorts y remeras de mi guardarropa de invierno y realizando mi peregrinación anual al vivero local. Allí, como siempre, compraba en exceso un amplio surtido de semillas, plantines, fertilizantes, cal y turba y me tentaba con las últimas herramientas de horticultura.
De regreso a mi huerto, preparaba el suelo con diligencia para sus habitantes venideros. Para la fecha límite de la última helada prevista en mi zona, todo estaba bajo tierra. Sembraba todo el mismo día: las semillas de zanahoria, las hierbas, las berenjenas, los repollitos de Bruselas, la lechuga, las frutillas, los tomates y los calabacines.
Era también ingenuamente inconsciente de dónde debía sembrar cada cosa. Sabía que había varios lugares en mi huerto más soleados que otros. Algunos sitios si bien no por completo sombríos, no recibían todo el sol del verano durante el día. Es de imaginar el resultado. Algunas plantas crecían maravillosamente; otras, como la lechuga, que espigaba a pleno sol en verano, y el brócoli, que florecía, me desconcertaban y frustraban.
En ocasiones, sin embargo, me asombraba el hecho de que le hiciera lo que le hiciera a la tierra, podría sembrar una minúscula semilla y tres meses después ver la brillante punta anaranjada de una zanahoria asomando en la superficie. ¿Cómo era posible que esa diminuta semilla se convirtiera en una nutritiva zanahoria? ¿Cómo podía haber tanta inteligencia en un espacio tan pequeño?
Dejaré las respuestas de estas preguntas a los científicos y los sabios. Lo que he comprendido, no obstante, es mi papel en el cultivo de la diversidad de mis plantas. Si coloco esa pequeña semilla de zanahoria en un sitio caluroso y soleado al mismo tiempo que siembro el resto de mis probables vegetales y fertilizo la zanahoria del mismo modo que el resto del huerto, cosecharé una pequeña, escuálida y fibrosa zanahoria en forma de pulpo con raíces que se han bifurcado en distintas direcciones.
Sin embargo, tengo una opción. Si me tomo el tiempo de comprender la verdadera naturaleza de esa zanahoria, puedo ayudarla a convertirse en la mejor zanahoria que su pequeño ADN le permitirá ser. Si la siembro bastante antes de la última helada, en un área de sombra parcial de modo de estar protegida del calor del sol del verano, y si la fertilizo con menos estiércol y más cenizas de manera considerable a ayudar a que esa zanahoria se desarrolle en todo su potencial.
Creo que, en este sentido, las personas se parecen mucho a las plantas. Así como las plantas necesitan ciertos elementos básicos para sobrevivir como la tierra, el agua y el sol, nosotros necesitamos los elementos básicos de alimentación, abrigo y amor para siquiera poder intentarlo. Pero una vez que estas necesidades están satisfechas, creo que tenemos la obligación para con nosotros mismos de explorar la diversidad en nuestro interior. ¿Qué nutrientes y cuidados especiales necesitamos para convertirnos en lo que estamos destinados a ser? Y más aún, ¿cómo podemos alimentar nuestras relaciones de manera tal de permitir que aquellas personas próximas a nosotros maduren en toda su plenitud?
La lección de mi huerto de cultivar la diversidad me enseñó mucho acerca del manejo en el seno de las organizaciones. Como jefa de sección de una compañía dentro de una industria relativamente conservadora., tuve oportunidad de presenciar el trato idéntico que se le dispensaba a toda una población de empleados. Ingresaban en la compañía, se les informaba de sus beneficios, se les decía cómo vestirse, cuándo presentarse a trabajar y cuándo retirarse. Cursaban programas de capacitación similares y poseían escasa flexibilidad en su estilo laboral.
Por fortuna, yo me encontraba en la sección de comunicaciones o publicidad de la organización. Aunque me significó muchos dolores de cabeza, mi unido equipo de redactores de textos y diseñadores gráficos era conocido como el grupo creativo. Mi estudio de diseño gráfico era llamado la oficina de Artes y Oficios y me fascinaban las risas que brotaban de él y la forma de vestir cada vez más audaz que adoptaban mis diseñadores.
Yo estudiaba con detenimiento a mis colaboradores para detectar los talentos particulares que exhibían y, si sus talentos no se amoldaban del todo a sus descripciones de puestos, hacía todo lo posible para crear una necesidad que canalizara esa unicidad y para adaptar el trabajo a ellos. Este método produjo grandes frutos y, hasta el día de hoy, mi habilidad para cultivar la diversidad en mi equipo de trabajo constituye uno de los aspectos más alegres de mi vida.
Fuí testigo de cómo una joven y dócil redactora de textos, que carecía de confianza y poder de decisión, se convertía en una resuelta y talentosa comunicadora. No sólo cambió su modalidad sino que toda su apariencia transformó cuando se le permitió crear su propio foco en su trabajo. Presencié también el resurgimiento de una diligente aunque algo agotada experta en comunicaciones cuando se le permitió incorporar a sus obligaciones diarias su pasión por los recursos humanos.
Por supuesto, no siempre fué tan fácil. Tuve una empleada en particular que, a falta de una analogía mejor, quería de verdad ser una zanahoria cuando de hecho era un rábano. sus talentos yacían con tanta claridad en una dirección distinta de la que ella deseaba tomar que lo único que pude hacer fué alentarla y dejar que descubriera la fuerza de su verdadera naturaleza. Tuve otra colaboradora cuyos talentos únicos simplemente no se adaptaban a las necesidades de la organización. Era como tratar de cultivar frutos tropicales en los breves y mezquinos veranos de Nueva Inglaterra. Sólo podía crecer hasta determinado punto y se sentía constantemente frustrada en sus intentos por avanzar más de lo que el medio le permitía, así que por fin se marchó en busca de su propio suelo fértil.
Aunque su partida me afectó en su momento, pronto reconocí la lección que mi huerto me había enseñado hacía tiempo.

Si violamos la verdadera naturaleza de los individuos, éstos sufrirán y, en ciertos sentidos, morirán.
Aceptemos y nutramos la individualidad en nosotros mismos y en los demás y obtendremos una abundante cosecha de talentos e incentivos.

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

cultivemos la diversidad (1)

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2 Replies to “.cultivemos la diversidad”

  1. Gran lección, y difícil la de la diversidad, con la que yo me peleo cada día en el trabajo, y cada día sigo aprendiendo. Cada persona tiene una melodía, y cada día requiere sus propias variaciones; también, a veces, hay que cambiar de tonalidad.
    Un abrazo
    Ramón

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