.apoyemos lo que amamos

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apoyemos lo que amamos (1)

 

“Todos necesitamos alguien
en quien apoyarnos,
Y si usted lo desea, bueno,
puede apoyarse en mí…”

(Mick Jagger y Keith Richards)

 

 

APOYEMOS LO QUE AMAMOS

¿Intentamos alguna vez no tutorar
nuestras tomateras? A veces funciona,
pero por lo general las plantas se deslizan por
el suelo, los frutos se descomponen
y son víctimas de enfermedades y amigos
peludos. Cuando se las asegura con amor
a los tutores y se les ata una soga alrededor
de sus delicadas estructuras, florecen y se
extienden hacia el cielo.

ME encanta cocinar. No sé bien por qué. Tal vez sea porque cocinar es una de esas actividades que exigen la atención de todos los sentidos. Los colores, olores y gustos de la generosidad de la tierra; la maravillosa alquimia del calor que transforma los alimentos en una comida y el feliz papel que desempeño al agregar mi toque personal tornan la operación bastante seductora.
Pocas cosas me dan más placer en verano que explorar mi huerto para la cena de esa noche. Cortar orégano fresco, recolectar manojos de tomates perita y “Big Boys”, arrancar magníficas berenjenas de sus tallos mientras medito lo que haré con todo ello constituye un verdadero motivo de alegría. Y tener un par de felices invitados invitados en mi cocina esperando mi creación aumenta la dicha.
Supongo que mi amor por la cocina es la razón de mi pasión por mis tomates. Una vez, en un momento de curiosidad irresistible, corté una pequeña flor de tomate amarilla para escudriñar la minúscula promesa del fruto detrás de ella. Me quedé sin aliento cuando ví que la diminuta protuberancia verde detrás de la flor, más pequeña que la cabeza de un fósforo, ya tenía forma de pera… un presagio de lo que vendría. Mi profundo aprecio por este fruto carnoso y bonito que da su vida para crear salsas maravillosas es el motivo de mi frustración y desencanto cuando mi variedad “Roma” no anda bien.
Un par de veranos atrás, seguí el consejo de uno de mis libros de horticultura favoritos y no usé tutores con esta variedad determinada de tomate. Uno de los problemas de los tomates determinados es que crecen de golpe. Si uno no está preparado, de pronto se encuentra con una abundante cosecha pudriéndose literalmente en la planta. Por otra parte, si uno está preparado, tendrá inevitablemente toda clase de salsas almacenadas en el freezer, aguardando para proveer ricos recuerdos del verano en pleno invierno.
Ese verano fué la primera vez que intenté cultivar tomates perita, de modo que ignoraba bastante su comportamiento. Bueno, estos tomates se desparramaron por el suelo y se cubrieron con tanta maleza que no pude podarlos. Las plantas se juntaban y entrelazaban en un abrazo mortal. Los frutos, que yacían tendidos en el suelo, permanecieron amarillos en la base y nunca adquirieron un color rojo total. Los cuervos (que siempre se las ingenian para picotear mis tomates más brillantes y rojos el día que planeo recolectarlos), se dieron un verdadero festín.
De manera que, a pesar del consejo en mi biblia de horticultura, al año siguiente hice lo que he hecho tradicionalmente con todas mis otras plantas de tomates. Les proporcioné apoyo. Les coloqué con gentileza una campana de alambre alrededor en el momento de la siembra y apoyé las ramas en los soportes; de este modo, coseché toda la abundancia que mis diminutas plantas prometían. Mis otras tomateras se erguían altas junto a mis tomates Roma arbustivos, aseguradas con esmero a sus respectivos tutores de madera. Así, pude cuidar sus enredaderas, podarlas con diligencia, regarlas con cuidado sin crear moho y mantener los frutos lejos del alcance de los picos de los cuervos.
En mi huerto, es evidente que un poco de apoyo significa mucho. Las numerosas ocasiones en que he estado presente en los primeros pasos de un bebé constituyen grandes ejemplos para mí. Cuando un niño amaga con dar sus primeros pasos, mi impulso natural es tomarlo en mis brazos y asegurarme de que no se caiga. Pero cuando me limito a ofrecerle mis dos dedos índices a modo de sostén, avanza con orgullo por sí solo y al poco tiempo es capaz de proveerse su propio apoyo.
He tenido la fortuna de contar con amigos que han hecho cosas similares por mí. Cuando me preparaba a iniciarme por mi cuenta, organizando una consultora de comercialización, estaba aterrorizada. Me sentía igual que mis tomates perita. De manera desordenada, me deslizaba sin rumbo, en miles de direcciones diferentes, consciente de que poseía la capacidad para hacerlo pero incapaz de coordinarla para crecer hacia arriba. Entonces, mis amigos más íntimos acudieron a mí y me apuntalaron. Mi querido amigo Michael me dió el más apasionante y provechoso dato de un cliente que jamás habría soñado conseguir. Mi amiga Patty de Nueva York me envió información sobre docenas de clientes. Mi hermano y ángel guardián, Gordon, me entrenó sin piedad en cómo negociar los tratos más beneficiosos para mí. Y Bija (cuyo nombre en sánscrito significa “semilla”) me alimentó sin cesar con confianza y optimismo.
Lo que más valoré fué que nadie vino y me dijo cómo hacerlo… cómo manejar mi propio negocio, cómo mantener los clientes, cómo crear un sistema de contabilidad. Todos sabían que yo poseía el potencial para ello. Sabían que abrirme paso por mi cuenta era la siguiente metamorfosis para mí. Fué como si mucho tiempo antes, hubieran escudriñado tras mi capullo para ver la diminuta forma de una empresaria lista para desarrollarse con el apoyo apropiado. Me brindaron ese apoyo, me aseguraron con holgura y me permitieron crecer por mí misma.
Y es una lección que también procuro proporcionar a mis estimados aliados.

Cuando las personas que amamos mucho estén luchando, no intentemos controlar su destino.
Limitémonos a proporcionarles algo en qué apoyarse, y si están destinadas a florecer, lo harán por sí mismas.

 

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

apoyemos lo que amamos

 

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