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“Mientras perdure la tierra,
existirán la siembra y la cosecha,
el frío y el calor, el verano
y el invierno y el día y la noche”.
(La Santa Biblia)

RESPETEMOS EL CICLO VITAL REFLEJADO EN LA COSECHA

El tiempo de cosecha es un punto de partida
vital hacia un viaje nuevo y al final de uno
viejo. Del mismo modo que en la vida, es
importante tomar y dar. Aprendamos a
reconocer cuándo es tiempo de cosechar y
cuándo de reinvertir para los cultivos
del año siguiente.
A MENUDO tal vez pensamos en el principio del otoño como la época de cosecha, el tiempo que culmina el Día de Acción de Gracias, cuando agradecemos la generosidad de los campos. La verdad, sin embargo, es que cada cultivo ha de recolectarse en su momento apropiado.
Las frutillas maduras y el comienzo del verano son una asociación bien conocida. Los calabacines, los brócolis y la lechuga se cosecha a lo largo de todo el verano para que las plantas puedan continuar produciendo.
Si la espinaca no se recolecta en su punto óptimo de maduración, espigará y se perderá. Las hortalizas amantes del frío como los repollos de Bruselas serán más sabrosas después de una helada.
Podemos cosechar antes de tiempo, pero el sabor y la madurez no habrán alcanzado su punto máximo. O podemos demorar la recolección y sufrir un desencanto a causa del florecimiento de los brócolis o el amargor de la lechuga.
El tiempo de cosechar es cuando veo los frutos de mi trabajo y presencio el beneficio final de mi preparación… literalmente. Si no he preparado el suelo con corrección, allí estará la evidencia, mirándose fijamente a los ojos, sin proporcionar el sustento con el que yo contaba.
La horticultura es algo que uno aprende año tras año, no todo de golpe. El verdadero conocimiento hortícola o agrícola se va acumulando lentamente. Al igual que en la vida, la manera en que asimilamos las lecciones de nuestros éxitos y fracasos determinará cómo crecemos y producimos como individuos.
Para el buen horticultor, la cosecha constituye también un tiempo de intercambio. Cuando se han recolectado todos los cultivos, se puede devolver el favor que nos ha hecho la tierra dando vuelto el suelo con lo que ha quedado de la planta. Sobrevendrá entonces el milagro conocido como el ciclo del nitrógeno, la descomposición de los cultivos en tierra rica y fértil para la siembra del año entrante.
En la vida, cuando violamos el ciclo del dar y el tomar, en algún punto nuestra producción disminuye porque no hemos adquirido la sabiduría de sembrar aquello que deseamos cosechar. He sido testigo de numerosas violaciones de esta ley natural en el mundo corporativo.
Se utiliza todo tipo de recursos, pero en su mayoría humanos, con muy poco retorno por parte de la corporación.
Cuando una compañía no compensa al individuo a través de la capacitación, la empatía, la promoción laboral y el reconocimiento, la enfermedad de nuestro tiempo, el agotamiento, se difunde por todas partes. A la larga, el empleado produce con deficiencia y en algún momento se marchará, llevándose consigo información y conocimiento valiosos.
Una y otra vez, el mero énfasis en la rentabilidad trimestral ha puesto de rodillas a las organizaciones. Aquellas que basan su negocio en el progreso constante, la reinversión de recursos y la calidad gerencial son más exitosas que las compañías que dependen de una producción más rápida y barata. Por ejemplo, nuestra industria automotriz dió un vuelco sólo cuando la calidad se convirtió en “prioridad uno”.
En una ocasión, oí decir a un granjero, “mi primera decisión es aquella que resulta mejor para la tierra”. El hombre sabía que podía tomar sin restituír sólo hasta un cierto límite, antes de que no quedara más que tomar. Si no rendía homenaje al recurso supremo de su fortuna, llegaría la temporada en que se vería traicionado.
Estemos atentos.
Reconozcamos cuándo es tiempo de cosechar lo que hemos sembrado de modo de poder disfrutar de los beneficios de nuestros afanes y cuándo y qué restituír para que el ciclo de la vida continúe fluyendo.

El Jardin de la Vida- Vivian Elizabeth Glyck-“Doce Lecciones que aprendi de las Plantas”

 

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2 Replies to “.respetemos el ciclo vital reflejado en la cosecha”

  1. En la Naturaleza, en el cosmos, en el microcosmos, todo son ciclos adaptados al tiempo, aprendidos en largas duraciones y así ha sido también durante milenios de culturas. Con el crisol de los Presocráticos y el empujón exponencial de la cultura judeo cristiana apareció la linea del tiempo, del progreso y de la dominación, a la que molestaban los bucles en la línea, y mucho más los círculos que permanecían fuera, pues la frenaban en su afán diacrónico y lineal.
    Con sus luces y sombras, somos subsidiarios de esta cultura y en ella hemos nacido y nos movemos. Es verdad que está llegando a un punto crítico el progreso, de la mano de la ciencia y el consumo. Habremos de reinventarnos y abrir nuevos caminos, después de tantas enseñanzas y planteamientos abiertamente cuestionables. Nuestra vieja y ajada cultura nos lo está pidiendo con muchos signos antes de que sea demasiado tarde.
    El tipo de música, que no la canción concreta, aquí y ahora, me sugiere lo contrario a su significado original bíblico, o del Nabucco, en el Va pensiero, la espera angustiosa pero confiada de que “llegue el día”, por lo que sacaban fuerzas de flaqueza. Esta música denota el cansancio y una cierta desesperanza, el cansancio de generaciones “huyendo hacia adelante”, pero al fin y al cabo huyendo, no sabiendo muy bien hacia dónde.
    El cambio, los nuevos caminos, se van pergeñando en todos los ámbitos y lugares, son esa sal no contaminada, ese fermento que apenas de ve pero que sí actúa, y esas pequeñas luces, esas candelas de que me hablabas, que van iluminando corazones, porque se trata de la inteligencia y la bondad de corazones (como el tuyo), no de la inteligencia de la soberbia, del dominio, del poder, de la competencia, de la lógica y el análisis.
    La esperanza cierta es que siempre es más grande el amor, que es fuerza creadora; el odio que se autodestruye; siempre es más grande el perdón, porque cierra un círculo, y deja que la vida continúe creciendo, que el odio que lleva a la espiral sin otro fin que la muerte.
    Quizás haya sido una disgresión demasiado artificiosa, partiendo de los ciclos del huerto; de todas formas me apetecía contarte algo pues tengo la seguridad de que sabes escuchar, tanto rollos como este, como ocultos susurros de corazones.
    Primero gracias gracias gracias
    Un abrazo fuerte
    Ramón

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