.pasión súbita en el cielo porteño-3

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pasión súbita en el cielo porteño- (1)

 

“…Mientras tanto, Vasconcelos llegaba a París en noviembre de 1925. Sus expectativas no se cumplieron. El gran prócer de la educación en México no encontró la recepción que pretendía porque en aquel tiempo, toda la atención cultural en París la concentraba un diplomático de la República Argentina nacido en Guatemala: el escritor Enrique Gómez Carrillo. Estos dos hombres eran polos opuestos, la cara y la seca.
Vasconcelos comprendió que en Francia no había espacio para el representante argentino y él. Dispuesto a dar pelea, llevó la competencia al terreno de las palabras. En medio de aquellos lances, Vasconcelos recibió una carta de Consuelo Suncín en la que le informaba que viajaría a Europa. Quería ponerlo al tanto de su arribo, ya que el ex ministro debía ocuparse de los gastos de alojamiento, como establecía la regla no escrita de los deberes del amante. Por otra parte, cuando Ercilia Sandoval de Sucín se enteró que su hija viajaba a París, le escribió para recomendarle que allí tomara contacto con un compatriota (ella era guatemalteca): Enrique Gómez Carrillo.
Consuelo arribó a Paris en enero de 1926 y se convirtió en la protagonista de la vida paralela de Vasconcelos. Pronto se dió cuenta el Maestro de América que su microeconomía no estaba en condiciones de solventar dos casas. Resolvió aceptar la invitación a una gira de conferencias por Centroamérica. Dejó a la familia en Francia. También a Consuelo, quién no mostró síntomas de abandono, sino todo lo contrario.
El nuevo gran paso de esta historia tuvo lugar durante una fiesta de máscaras en la casa del pintor Kees Van Dongen. Detrás de un antifaz, Gómez Carrillo descubrió a Consuelo. Los dos compitieron en el juego de la seducción que tan bien sabían jugar y el perdedor fué el ausente Vasconcelos.
Cuando regresó a París, se enteró de la noticia: su enemigo literario estaba robándole la amante.
Hizo mil esfuerzos por recuperarla hasta que por fin lo consiguió. ¿Cuándo?Cuando Gómez Carrillo viajó a Buenos Aires para entrevistarse con el presidente Marcelo T. de Alvear.
El guatemalteco estaba gestionando la ciudadanía argentina. A pesar de la buena voluntad política, la Justicia terminó denegando el pedido porque no cumplía con los dos años de residencia. Durante su estadía en el Río de la Plata, Enrique cruzó correspondencia con Consuelo, quién le contó que había regresado con el mexicano. Esta información enloqueció a Carrillo, quién le anunció que cuando regresara a Francia se casarían y vivirían en la residencia del consulado argentino en Niza. Le pidió en forma muy directa que fuera la novia de un diplomático argentino, en lugar de ser la amante de un viejo ministro mexicano.
Se acercaba el final de la relación con el Maestro de América.
La despedida fué intensa y duró varios días.
Pero cuando regresó, Gómez Carrillo subió a la disputada joven a su simpático Citroen y partieron rumbo a Niza.
Cónsul y Consuelo.
De casamiento ni se habló. Por otra parte, ella advirtió con preocupación que su compañero la trataba con muchísimo cariño y poquísima pasión. ¿Qué podía estar pasando? Este asunto fué tema de conversación entre Consuelo y una vecina que estaba casada con otro diplomático. Como quien tiene el remedio justo, la señora le recomendó que visitara una casa de lencería y renovara su vestuario, virando en un sentido más audaz. Un par de días más tarde, las damas se cruzaron a la distancia y Consuelo, con una llamativa sonrisa, le hizo una seña que su interlocutora no tardó en entender: estaba agradeciéndole el consejo.
Pasaban los meses y Gómez Carrillo no evidenciaba deseos de querer formalizar la relación hasta que un toque de alerta pareció hacerlo reaccionar: su estado de salud se agravó. El cónsul modificó su testamento el 1° de septiembre de 1927. Dejaba todo a “mi fiel compañera, mi mujer amada, Consuelo Suncín, que es la luz de mis últimos años, es lo que yo considero como mi viuda”. ¿Qué le dejaba? Unos 38 mil francos de renta en el Credit Lyonesse y 50 mil francos en el Banco Español del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires. Más la casa de Niza, los libros y los muebles. Además, una cláusula del testamento informaba: “Hay algunos bienes del otro lado del Atlántico. Será necesario, una vez que el dolor pase, que Chelito piense en ir a Argentina a recibir el resto de su herencia, que no es para nada despreciable”.
El escritor testó el 1° de septiembre y la pareja apeló al casamiento in extremis el 17 de octubre. Esto permite inferir que ya se presagiaba la muerte de Gómez Carrillo.
Él tenía 54 años; Chelito Suncín, 25…”

 

-Daniel Balmaceda (Extraído de “Romances turbulentos de la historia argentina”)

 

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