palabras de Clara

Robert Schumann conoció a Clara Wieck en 1830, al inicio de la prometedora carrera pianística de ambos. Casi diez años más joven, era la hija de Friedrich Wieck, su profesor, en casa de quien estuvo viviendo durante la época en que recibió las clases. La historia de este amor es dura. Tal vez -alguien diría- «muy romántica». La feroz oposición de Friedrich a la relación, un proceso que se prolongó durante años y terminó en los tribunales, sólo es comparable a la tenacidad de la pareja. En 1840 pudieron iniciar catorce años de vida en común que, como veremos, quedarían dramáticamente truncados por la irreversible enfermedad mental de Robert.
Tres cartas de Clara, escogidas entre la copiosa correspondencia que mantuvieron durante su accidentado idilio, nos servirán también para entablar contacto con una presencia femenina dentro del mundo esencialmente masculino de los compositores «clásicos». Sencillas y penetrantes; claras palabras de juventud de una de las pianistas más importantes de la historia. También fué compositora y sigue siendo una mujer clave para entender el romanticismo musical alemán.

Leipzig, 15 de agosto de 1837
«¿Sólo un «si» me pide? ¿Una palabrita tan pequeña es tan importante? Un corazón como el mío, rebosante de amor, ¿no la debería pronunciar con toda su fuerza? Así lo hago, y es todo mi ser quien se lo susurra.
Me pide que le describa el dolor de mi corazón, mis lágrimas. No puedo. Quizá el destino quiera que podamos hablarnos pronto. Aunque sus planes me parecen arriesgados, un corazón enamorado no se fija en los peligros. Por eso, una vez más, le digo «¡si!». Dios no quiera que el día que el día en el que cumplo dieciocho años sea un día de dolor. Sería demasiado cruel. También yo había presentido desde hace tiempo que «tenía que ocurrir» y nada en el mundo me hará dudar. Le demostraré a mi padre que el corazón de una joven también puede ser firme.
Con mucha prisa, su
Clara…»

Praga, 12 de noviembre de 1837
«(…) Eres insaciable. Primero exigiste que contestara tu carta en ocho semanas, luego en cuatro, y y ahora la respondo en tres semanas y sigues protestando. Estoy tentada de creer que deseas que experimente por adelantado la autoridad masculina -bien, pienso que llegaremos a un acuerdo-, pero ¿por qué me hablas de abandonar las esperanzas? ¿Es esto lo que deduces de mis cartas? ¡Ah, Robert! Eso me duele. Yo vivo con una única esperanza, sólo un pensamiento gobierna mis actos y mis pensamientos. ¿Cómo puedes decir, o escribir, algo así? Tanta ansiedad por el matrimonio podría levantar suspicacias… Ahora en serio, ¿crees que soy una niña pequeña que se deja llevar al altar como su fuera a la escuela? ¡No, Robert! Me encanta que me llames niña, pero si piensas que soy una niña, entonces debo decirte: «¡Te equivocas!».

Nochevieja de 1839
«Mi noche de año nuevo te dirá, mi amado Robert, con qué sentimientos lo recibo. No te los sé explicar: alegres y serios a la vez. Pronto seré completamente tuya y esto me conmueve. Toda mi vida y mi felicidad estarán en tus manos. Mi confianza hacia tí no tiene límite: sé que me harás completamente feliz. Quiero entregarte para siempre mi alma. Mis sentidosy aspiraciones te pertenecen. Dame la mano, Robert. Te acompañaré fielmente toda la vida, lo compartiré todo contigo y seré para ti una buena esposa. ¡Te amo desde tan adentro! Te amo sin fin. Pronto tu feliz mujer,
-Clara…»

(Cartas escogidas de los grandes compositores)
-Compilado por Rafael Esteve Alemany, transcripto por Gabi

 

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