regresar al amor

“No te pierdas ni un solo latido de tu corazón.
Perfuma tu alma.
Arregla tu hogar.
Prepara tu corazón.

Quizás un amor terrenal te ha decepcionado para que por fin aprendas a confiar sólo en Dios.
El problema de no confiar aún en Dios es que entonces solemos confiar excesivamente en otras personas. Al no aceptar un amor que no nos falta nunca, nos exponemos a los que nos fallarán.
Recuerdo que cuando yo era pequeña daban por la tele una serie muy popular que se llamaba Father knows best. Cada vez que la hija adolescente entraba en el salón, su padre, la recibía con una gran sonrisa exclamando: “¡Hola, princesa!”. Al ver que su padre la adoraba tanto, en el cerebro de aquella adolescente se grababa la tendencia emocional de buscar hombres que la adoraban de la misma forma. Recibir una sana atención masculina iba a ser algo natural para ella, crecería sabiendo reconocer a esta clase de hombres y reaccionando adecuadamente a ellos.
Pero si una adolescente no ha recibido esta clase de atención masculina en muchos casos acaba convirtiéndose en una mujer que rechaza esta clase de comentarios porque le resultan demasiado extraños o se va al otro extremo y casi lo interpreta ¡como una proposición matrimonial! De cualquier forma, hay un vacío en ella allí donde tendría que haber una genuina sensación de ser una mujer. Y una persona con esa clase de vacío atrae irremediablemente a personas que no son auténticas.
Este tipo de mujeres son las más vulnerables a los charlatanes emocionales: los “encandiladores” que dicen exactamente lo que una desea oír y que saben un montón de poesía, pero cuyas declaraciones de adoración raras veces son llevadas hasta el fin de manera responsable. Esta clase de hombres también han sido casi siempre heridos en la niñez. Algún incidente que les ocurrió de pequeños hizo que aprendieran a actuar falsamente para sobrevivir. Sea por la razón que sea, acabaron aprendiendo a una edad muy temprana a ser unas personas falsas. Reemplazaron el contacto con su verdad más sincera por la necesidad de hablar o actuar de un modo que les permitiera sobrevivir a una situación traumática. La vida les enseñó a ser falsos -a no mostrarse tal como son, a ignorar sus verdaderos sentimientos y su verdad más profunda- para actuar con una asombrosa rapidez de un modo que les diera a la corta una ventaja emocional.
Alguien que ha aprendido las sutilezas de la manipulación humana a una edad temprana suele ser muy bueno en ello al llegar a la adultez. Estas personas carecen de integridad no porque sean malas, sino porque de niños no les permitieron acceder a su centro espiritual y aún no han aprendido a recuperarlo. En la infancia, fueron víctimas, sin embargo, de adultos tendrán que dar cuenta de su conducta de una forma o de otra. Como un amigo me dijo en una ocasión: “El universo lleva a la perfección los libros de cuentas”.
¿Cuántas veces no hemos disculpado la conducta inaceptable de un adulto diciendo:”En realidad, no es más que un niño herido”?.
Las personas heridas hieren a otras. También se sienten atraídas por otras personas heridas. Por eso todos debemos tenerlo muy en cueta.
La clase de hombres y mujeres que acabo de describir se sienten fácilmente atraídos los unos por los otros, ya que sus neurosis encajan a la perfección. Ellos son actores extraordinarios y ellas mujeres que se dejan engañar fácilmente por una gran actuación. La intención de sus egos es poner al descubierto las heridas del otro, pero la de Dios es que se las curen mutuamente. De ellos depende lo que elijan hacer. El que esté dispuesto a trabajar su relación sentimental, viéndola como una oportunidad como curarse, recibirá los beneficios tanto si su pareja decide hacer lo mismo como si no. Y al final todos llegaremos a ese punto, las lecciones que no hemos aprendido seguirán manifestándose en nuestra vida hasta que las aprendamos.
La curación puede ser dolorosa, tanto si consiste en afrontar la verguenza de nuestra propia humillación o el dolor de haberle dado la espalda a alguien con unos hábitos demasiado malsanos como para continuar a su lado, aunque le sigamos amando. De todas formas, el dolor de la curación es a todas luces preferible al de seguir dejándonos llevar por los hábitos neuróticos.
Las mujeres descubrirán -por medio de su búsqueda espiritual- que, aunque su padre terrenal no se haya ocupado demasiado de ellas, su Padre Celestial siempre estará a su lado y nunca dejará de adorarlas; y además es el que las ha creado como los seres plenos que siempre serán. Y los hombres descubrirán -si siguen su búsqueda espiritual- que los hábitos de engañar a los demás, que aprendieron a una edad tan temprana y que ahora se han convertido en unas fuerzas que no pueden controlar, desaparecerán a medida que los reconozcan y que recen para abandonarlos.
¿Superarán esta clase de hombres y mujeres sus heridas? ¿Desarrollarán ellas el sentido de su verdadero yo lo suficiente como para dejar de sentirse atraídas por relaciones románticas falsas, prefiriendo un auténtico amor a un sucedáneo? ¿Se sentirán ellos por fin lo bastante mal por herir a sus parejas como para pedirle a Dios que les ayude a cambiar? Cada uno de ellos debe elegir. Los que aprendan y crezcan madurarán y mejorarán con el tiempo. Y los que no lo hagan sólo envejecerán…

“Querido Dios,
te ruego que cures mis heridas sentimentales,
para que pueda dar y recibir un verdadero amor.
Enséñame a dejar entrar el amor en mi vida
y a conservarlo.
Amén…”

En cuanto la mente y el corazón se han realineado -cuando tu yo roto de la infancia deja de manifestar relaciones sentimentales rotas-, estás preparado por fin para volver a amar. La compasión, la integridad, la veracidad, la generosidad y la elegancia se convierten entonces en los elementos más importantes de tus nuevas habilidades sentimentales. Logras ver los fallos que cometiste en el pasado y perdonarte, para comprender los actos de los demás y, si fuera necesario, perdonarles a ellos también. Por fin sientes con humildad tu pureza y armonía.
Al igual que es necesario marinar cierta clase de alimentos, tienen que pasar años antes de que podamos combinar nuestras habilidades sentimentales en toda su riqueza.
En la edad madura, ves a los hombres de forma distinta de cuando eras más joven. Durante los años en los que aún te sentías frágil te parecían muy poderosos, pero en cuanto has encontrado tu fuerza interior y te conoces mejor, los ves con otros ojos. Ahora su fuerza, su belleza, sus heridas, sus necesidades, su alma, su cuerpo, todo tiene más sentido para tí. Y, sin embargo, no te apegas a ello. al encontrarte en el luminoso estado de un conocimiento puro, sabes que un hombre no puede hacerte sentir completa ni lastimarte. Cuando las carencias que había en tí se han extinguido, es cuando el deseo empieza a arder con más intensidad.
La experiencia te enseña, entre otras cosas, a hacer mejores elecciones. Si ves oportunidades que no valen la pena, las dejas correr. La sabiduría que has adquirido en la vida hace que tiendas a decir “no” a las proposiciones que no son de fiar y un sabio y franco “si” a las que valen la pena. Ningún libro o escuela podría haberte enseñado a hacerlo.
A veces el dolor del amor es el que te transforma en alguien con el valor suficiente para soportarlo. Le agradezco a Dios las lecciones aprendidas, al margen de cómo te hayan llegado o de lo que te hayan hecho sentir. ¡Qué importa que ya no seas joven! Ahora tienes muchas más habilidades y mucho menos miedo que antes. Ahora estás preparado para el amor. Deja que llegue a tu vida…!”

-Marianne Williamson

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