.el lenguaje de los sentidos

el lenguaje de los sentidos(flores colombas)

“Mejor no tener lógica que no tener sentimientos”.
-Charlotte Brontë

“Las mujeres han sido creadas para experimentar, interpretar y descifrar los misterios de la vida a través de los sentidos y para deleitarse en ellos.
Nuestros sentidos hablan el lenguaje secreto del alma: los anhelos.
Si hay algo que todas las mujeres entienden, sean solteras o casadas, tengan dieciocho u ochenta años, es el lenguaje del deseo.
La emoción es la lengua materna de las féminas. Piensa en lo a menudo que apelamos a los sentidos para describir la vida interior de una mujer en nuestras conversaciones informales: “Me tocó la fibra sensible…”, “Me supo mal…”, “Me sentí imcomprendida…”, “Tuve una intuición, una corazonada”, “Me olí lo que iba a suceder”, “Veo que tu opinión es…”.
Y sin embargo, ¿cuántas veces a lo largo de un día llegas a negar la validez de tus sentidos?
¿Cuántas veces das la espaldas a tus apremios o reprimes los asuntos turbulentos?
¿Desconfiamos de nuestros sentimientos porque no nos hemos dado permiso para vivir como deberíamos hacerlo?
Por fortuna, hemos nacido como seres conscientes, “capaces de captar el mundo el mundo en toda su efusión de belleza y de terror, justo ahí, en nuestros latidos”, como nos cuenta la naturalista Diane Ackerman en su exquisita evocación Una historia natural de los sentidos. Y sin embargo, continuamente nos bloqueamos y nos condenamos a la tristeza mediante la ceguera, la sordera y la mudez.
Piensa en los tres mejores momentos de tu vida.
Llámalos entre tis recuerdos para que vuelvan.
Contempla cómo surcan una ola de redescubrimiento en tu memoria sensorial mientras revives el escenario, el estado de ánimo y la fuerza de esos instantes.
Recupera un momento de alborozo y compromiso. ¿Qué hacías, qué mirabas, qué tenías en la mano, qué oías?
Recuerda un momento de lucidez y de entrega. ¿Qué impulso secreto de tu corazón intuitivo te movió a actuar de aquella manera?
Revive un momento de trascendencia y de renovación. ¿Qué prodigio se hallaba oculto en los sabores y las texturas de tu vida cotidiana?
Hoy, visita de nuevo esos momentos en los que tu alma se elevó y, sin embargo, seguiste por completo arraigada a la tierra. Y entonces, durante todo el día, imita el exquisito momento de abandono de Molly Bloom, la heroína de James Joyce, ofreciéndoselo al cielo como un salmo privado: “¡Y si digo sí lo haré sí!”…”

-Sarah Ban Breathnach

 

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