soneto VI

(pequeño bosque interior, en Bernal)

 

“En los bosques perdidos, corté una rama oscura
y a los labios, sediento, levanté su susurro
era tal vez la voz de la lluvia llorando
una campana rota o un corazón cortado.

Algo que desde tan lejos me parecía
oculto gravemente, cubierto por la tierra,
un grito ensordecido por inmensos otoños,
por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas.

Pero allí, despertando de los sueños del bosque,
la rama de avellano cantó bajo mi boca,
y su errabundo olor trepó por mi criterio.

Como si me buscaran de pronto las raíces
que abandoné, la tierra perdida con mi infancia,
y me detuve herido por el aroma errante…”

-Pablo Neruda (De “Cien Sonetos de Amor”)

 

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