.prodigios del olfato

.prodigios del olfato

 “Así como hay gente con olfato distorsionado, débil o inexistente, hay quienes están en la otra punta del espectro, prodigios de la nariz, el más famoso de los cuales es probablemente Helen Keller. “El olfato”, escribió, “me indicaba la llegada de una tormenta horas antes de que haya ningún signo visible de ella. Lo primero que noto es un temblor de expectativa, un estremecimiento, una concentración en la nariz.

Cuando la tormenta está más cerca, mi naríz se dilata, para percibir mejor el flujo de los olores terrestres que parecen multiplicarse y extenderse, hasta que siento el rocío de la lluvia en las mejillas. Cuando la tormenta parte y se aleja, los olores se hacen más y más débiles, y mueren más allá del horizonte del espacio”. También otras personas pueden oler los cambios de clima y, por supuesto, los animales son grandes metereólogos (las vacas, por ejemplo, se acuestan antes de una tormenta). La tierra se humedece, exhala sus vapores, respira como un gran animal oscuro. Cuando la presión barométrica es alta, la tierra contiene la respiración y el vapor se inmoviliza en las grietas y depresiones del suelo, para volver a flotar libremente sólo cuando la presión baja y la tierra exhala. Las personas de nariz afilada, como Helen Keller, huelen los vapores que suben de la tierra y saben por esa señal que habrá lluvia o nieve. En parte, puede ser ésta la forma en que los animales prevén los temblores sísmicos: oliendo los iones que escapan de la tierra. Los que se visten para una fiesta una noche de tormenta no necesitarán ponerse demasiado perfume, porque el aroma se hace más fuerte poco antes de una tormenta, en parte porque la humedad aumenta nuestro sentido del olfato, y en parte porque la presión baja hace que un fluido tan volátil como el perfume se expanda aún más deprisa. Después de todo, un perdume está constituído por un noventa y ocho por ciento de agua y alcohol, y sólo un dos por ciento de grasa y moléculas de perfume. Con la baja presión, las moléculas se evaporan más deprisa y pueden viajar desde nuestro cuerpo hasta los rincones más alejados de un cuarto a considerable velocidad. Esto también sucede, aún en días soleados, en ciudades situadas a mucho nivel sobre el mar, como México, Denver o Ginebra, cuya presión barométrica siempre es baja por causa de la altura. El momento y lugar ideal para abrumar a todo un restaurante con el nuevo perfume que nos hemos comprado sería en el Tovar Lodge, situado a dos mil trescientos metros de altura sobre el vertiginoso borde del Gran Cañon del Colorado, mientras se prepara una tormenta. Helen Keller tenía un don milagroso para descifrar los fragantes palimpsestos de la vida, todas las “capas” que casi todos leemos confundidas. Ella podía reconocer “una vieja casa de campo porque tiene varias capas de olores, dejados por una sucesión de familias, de plantas, de perfumes y telas”. Es un misterio cómo una persona ciega y sorda de nacimiento podría comprender tan bien la textura y la apariencia de la vida, además de los diferentes modos en que nuestras excentricidades se expresan en los objetos que disfrutamos. Helen Keller afirmaba que los bebés no tenían todavía un “olor a personalidad”, esos olores únicos que ella podía identificar en los adultos. Y su sensualidad se expresaba en el olfato, y explicaba una antigua atracción: “Las exhalaciones masculinas son, por regla general, más fuertes, más vívidas, más ampliamente diferenciadas que las de las mujeres. En el olor de los hombres jóvenes hay algo elemental, como de fuego, tormenta y mar. Algo que late con energía y deseo. Sugiere todas las cosas fuertes, hermosas y gozosas, y me da una sensación de felicidad física”.

.una nariz famosa Los que nacen con un aguzado sentido del olfato suelen terminar trabajando para la industria del perfume; algunos, si también son imaginativos y audaces, crean los grandes perfumes. En un mar de flores, raíces, secreciones animales, grasas, aceites y olores sintéticos, deben poder recordar los miles de ingredientes de los que dispone un perfumista, así como los métodos alquímicos para combinarlos. Deben tener un sentido arquitectónico del equilibrio, y la astucia de un apostador profesional. Hoy en día, los laboratorios pueden reproducir las esencias naturales, lo que es muy conveniente, pues ya no disponemos de extractos naturales de confianza de flores como la lila, el lirio del valle o la violeta. Pero producir un aceite de rosas persuasivo puede significar tener que mezclar quinientos ingredientes. En la calle Cincuenta y Siete y la Décima Avenida, en Nueva York, la empresa International Flavors and Fragances Inc. alberga a las mejores narices profesionales del mundo. La gente relacionada con este negocio conoce el edificio simplemente como IFF, meca de cualquier compañía perfumista que necesite un aroma. Aunque son ellos los que crean casi todos los suntuosos perfumes, lujosamente anunciados, que salen a la venta cada temporada, y muchos de los sabores y olores que sentimos en casi todo -desde la sopa enlatada hasta camas para gatos-, hacen su trabajo de forma anónima. Sin embargo fueron ellos quienes proporcionaron el olor para un anuncio de mucho éxito de una revista de golf (había que rasgar una pelotita de golf de papel y se sentía el olor de césped recién cortado), así como el olor a “caverna” en un parque de atracciones, y los olores ambientales de los bosques de Nueva Inglaterra, de las sabana africana, de Samoa y de otros sitios, para ser expuestos en el Museo Norteamericano de Historia Natural. Para ellos no es problema hacer oler un arbolito de Navidad de plástico como un pino recién cortado en el tirol. De hecho, éste es uno de sus trucos más fáciles de realizar. Son sensuales “escritores fantasma”, inventores del del éxtasis, creadores de los aromas dorados que nos influyen y persuaden sin que lo sepamos. El ochenta por ciento de las colonias para hombres son creadas en sus laboratorios, y casi otro tanto de las de mujeres. Aunque se niegan a dar nombres, en sus vitrinas exhiben perfumes de Guerlain, Chanel, Dior, Saint Laurent, Halston, Lagerfeld, Estée Lauder y muchos otros. Algunas de sus narices apuntan a la consola de un ordenador, otras trabajan en cuartos atiborrados de papeles y frascos. A ellas le corresponde la definitiva paradoja de crear un perfume que, por una parte, sea innovador, fresco y excitante y, por otra, no sea ni chillón ni extravagante. Las tiras odoríferas han hecho más popular su trabajo. En la actualidad basta coger una revista para ser asaltado desde sus páginas por el olor al tapizado de cuero de un Rolls Royce, o de una lasaña, o incluso de un nuevo perfume. Inventadas en la Corporación 3M hace apenas una década, las tiras contienen microscópicas bolitas llenas de fragancia. Cuando se las rasga o raspa, las bolitas se abren y el perfume brota. Giorgio fue la primera compañía que anunció su perfume mediante las tiras odoríferas. Ahora es difícil encontrar una revista que no huela. En este momento, tengo sobre mi escritorio una colección de más de cuarenta tiras odoríferas que anuncian perfumes, cada una con su eslogan: para el perfume Knowing de Estée Lauder: “Knowing is all” (Saber es todo); para el de Liz Claiborne, una prédica feminista: “Sólo tienes que ser tú”; para los perfumes de Fendi La passione di Roma, la fotografía de una jovencita que besa apasionadamente a una estatua; el Opium, de Yves Saint Laurent, no tiene eslogan, pero la fotografía que lo acompaña, una hermosa mujer con un traje de lamé dorado, tendida semiinconsciente en pleno delirio de opio sobre un lecho de orquídeas, lo dice perversamente todo. En IFF hay treinta evaluadores de olores, que se turnan para oler alrededor de cien fragancias al dia. Una tarde de primavera, conocí a su brillante “naríz”, Sophia Grojsman, una mujer de enérgica vivacidad, nacida en Rusia. Su cabello, negro y corto, está sujeto con un turbante rayado azul y blanco. La sombra de sus párpados azules vibra sobre unos brillantes ojos oscuros; lleva las uñas pintadas de color rojo brillante y viste un traje pantalón de una pieza, y zapatillas plateadas. Para ser una nariz de prestigio mundial, que ocupa un puesto de alta responsabilidad, se la ve relajada y alerta al mismo tiempo, detrás de su escritorio atestado, en medio del cual hay un pequeño trío de monitos que representan el clásico “no veo, no oigo, no halo”. Faltaría un cuarto monito que dijera “no huelo”. -¿Cuándo supo por primera vez que tenía una nariz especial? -Cuando era pequeña, en Rusia; había gigantescos campos de flores alrededor del pueblecito donde vivía. -Sonríe al decirlo, y su mirada se pierde por un momento; es obvio que el recuerdo la lleva cuarenta años atrás-. Y había enormes cantidades de aromas por todas partes. La atmósfera estaba llena de olores. Yo siempre recogía flores… Un golpe repentino en la puerta. Entra una mujer joven con paso rápido, los largos brazos desnudos extendidos. -¿Podrías olerme?- le dice a Sophia. Sophia se levanta y toma primero el brazo izquierdo de la joven (es el brazo más caliente por estar más cerca del corazón), lo acerca a su nariz y huele la muñeca y el pliegue del codo. Después huele dos veces el otro brazo. -¿Qué le parece?- me pregunta Sophia. Huelo los dos brazos: -Encantador. -Pero ¿en qué orden? Los aromas son tan livianos, tan tenues ante mi nariz, que es difícil pensarlos como cuatro olores diferentes con personalidades individuales que deben clasificarse. En una escena de la película Bus Stop, Marilyn Monroe está sentada, cenando; en su plato hay dos clases de verdura, y Marilyn juega con ellas, tratando de decidir cuál es su favorita. “Siempre hay algo de una que la hace preferible a otra”, le dice a su compañero de mesa. “Siempre se puede elegir”. Para mí, la vida ofrece tantos momentos complicadamente atractivos, que dos objetos hermosos pueden ser igualmente hermosos por diferentes razones por momentos diferentes. ¿Cómo elegir? Aún así, en este caso, ante los brazos extendidos, no hay duda respecto al número uno: un aroma ligeramente almizclado pero básicamente floral, en la muñeca izquierda de la mujer. ¿Segundo? Una versión más liviana del primero en su antebrazo izquierdo. El perfume del brazo derecho parece tener un matiz más afrutado, aunque también es agradable. Se lo digo a Sophia, que aprueba con la cabeza. -Ésas son las dos versiones con las que tenemos que trabajar-dice. Aparece un técnico de laboratorio por una puerta de vidrio corrediza que separa la oficina de una estantería con frascos llenos de esencias naturales y sintéticas, una verdadera despensa de mago-. Necesito la fórmula H- dice sophia al técnico, que vuelve a sus estantes. Sophia se echa atrás en su sillón y hace un gesto como si arrojara confeti al aire-. Esto es hoy un completo manicomio. Hemos tenido una emergencia que estoy tratando de solucionar. ¿Una emergencia “perfumística”? ¿Qué diablos puede significar eso? Cuando se lo pregunto, Sophia se mantiene muda como una esfinge. En este mundo de los negocios, las fórmulas y todo lo relacionado con ellas se protege con doble vuelta de llave. La gente que mezcla las fragancias finales no sabe qué está mezclando; los ingredientes llevan sólo números de códigos. -Vivíamos en las afueras de ese pueblecito -dice Sophia volviendo de sus recuerdos- y había arbustos de lilas y prados enteros de narcisos y violetas. Me rodeaba un mundo de aromas naturales, una parte de rusia que no había quedado muy dañada. De niña, salía a perderme por los campos; era desesperadamente curiosa, y metía la naríz en todo. Era la época de la posguerra, y no había muchos niños. Vivía rodeaba de adultos, salía a caminar y recogía y olía a musgo, las ramitas, las hojas. -¿Cuál es el proceso cuando crea un perfume nuevo?. pregunto, recordando que uno de los grandes creadores de perfumes ha dicho que sus ideas le vienen en sueños, y otro, que llevaba un diario de todo lo que olía en sus viajes. -Siempre se tiene una imagen en la cabeza. De hecho, se puede oler las armonías, que son como acordes musicales. La perfumería está íntimamente relacionada con la música. Se tienen fragancias simples, acordes simples hechos de dos o tres elementos, y que son similares a un conjunto musical de dos o tres instrumentos. Después se convierten en un acorde múltiple, y se transforman en una gran orquestra. De un modo extraño, crear una fragancia es similar a componer música, porque hay una similitud en la búsqueda de los acordes “justos”. No se quiere que nada sea abrumador, por el contrario, se desea que sea armonioso. Una de las partes más importantes en la creación es la armonía. a través de una fragancia pueden sentirse distintas notas, y aún así sigue siendo agradable. Si la fragancia no está estructurada como corresponde, aparecerán piezas sueltas asomando aquí y allá, y será incómodo, perturbador. Una fragancia no equilibrada nunca es bien aceptada. -¿Usted tiene los olores agrupados en su mente y su memoria, como los metales están a un lado de la orquesta y las cuerdas al otro? -Sí, pero la mayor parte de lo que he creado ha salido de acordes florales totalmente abstractos que simplemente venían a mí… Una vez los tenía buscaba otros elementos que pudieran combinarse bien con ellos. Primero está la inspiración, después los modos de revisarla hasta encontrar lo que quiero. Prefiero los acordes muy florales, muy femeninos. Soy mejor creando fragancias femeninas que masculinas, aunque he hecho de las dos. También he creado productos funcionales… -¿Cómo los olores para jabones, limpiadores, cera para muebles, papeles y todo eso? -Exactamente. Pero esas cosas son rápidas y fáciles de hacer. En cambio, si estoy tratando de crear uno de los mejores perfumes del mundo, bueno…, eso lleva más tiempo. -Uno de los empleados de la compañía me dijo que usted había hecho “algunos de los “mas famosos perfumes del mundo”, pero por supuesto usted no me dirá cuáles son. -No lo podemos decir.- Saca un largo cigarrillo marrón de un paquete que dice More y lo enciende. -¿Fumar no le afecta el olfato? -Estoy segura de que hace algo, pero es mi medio ambiente, así que estoy habituada. Es apenas uno de más de los olores habituales de mi mundo. -¿Usted protege su naríz, se preocupa por ella? -En absoluto. En realidad soy muy descuidada. Naturalmente, no me gusta resfriada: es frustrarme tener la naríz tapada, resulta muy difícil para un perfumista trabajar en esas condiciones. -Cuando camina por la ciudad, ¿es más consciente de los olores que el resto de la gente? -Sabe, es curioso, un fenómeno increíbe, pero como trabajo mucho, a veces una gran cantidad de horas, cuando salgo del edificio, un pequeño interruptor en mi cereblo hace “clic” y ya no huelo nada en absoluto. De hecho, podría haber algo quemándose en mi horno y yo no notaría el olor. Mi marido me dice:”¡Eres perfumista y no puedes oler el humo!” Mi cerebro se desconecta completamente. “Pero vuelve a conectarse ante la gente en momentos curiosos. A veces se acerca a mí, y yo reconozco su olor individual. Hay un cierto olor a piel de bebé, y yo reconozco su olor individual. En los hombres es menos claro que en las mujeres. Hay personas que huelen naturalmente sexy. Si tuviera que describirlo -dice, moviendo el cigarrillo como un sensor, en busca de la descripcipon correcta-, lo llamaría un acorde ambarino-almizclado muy fino. Lo uso mucho en mis fragancias. “Hay ciertos acordes que usan muchos perfumistas. Pero yo puedo reconocer la firma de cada uno, por así decirlo, oliendo una fragancia. Otros perfumistas pueden reconocer mi trabajo, como yo puedo hacerlo con el de ellos. Huelen un perfume nuevo y dicen: “Ah, éste lo ha hecho Sophia, éste lo ha hecho Jenny”, y así todos. Conocen las firmas. -La semana pasada estuve en Saks -le digo-, en un safari olfativo, y noté que la tendencia parece inclinarse hacia los perfumes con nombres que sugieren peligro, sustancias prohibidas, neurosis y todo eso… -Le hago notar que los comerciantes parecen preferir olores que evoquen la comodidad y la seguridad, el amor y el idilio, pero los llaman Décadence, Poison, My Sin, Opium, Indiscretion, Obsession, Tabu. Además de los nombres conocidos de los modistos, y la mística embotellada de las superestrellas, ofreciendo sustancias ilegales y advertencias. Una mujer puede vestirse con todo recato, pero en su mente y en las muñecas es tan adictiva como el Opio, tan peligrosa como el Veneno, la causa de una Obsesión, experta en hábitos amorosos que son Tabúes, dispuesta a un hedonismo de la Decadencia, digna de cualquier Indiscreción, y hasta transgresora de las leyes de Dios, en el Pecado. -Sí, pero si los examina de cerca, descubrirpa que todos están basados en ciertos aromas básicos, no son más que nuevas interpretaciones de esos clásicos. hay muchso éxitos instantáneos pero los auténticos clásicos duran más de una década. Chanel N° 5 fué creado a comienzos de la década de los veinte y sigue vendiéndose muy bien. Opium no es nada nuevo. La madre de Opium es Youth Dew, que tiene más de treinta años. Es una variación, nada más, también emparentado con Cinnabar. Si huele los tres juntos lo verá. -Entonces, usando su metáfora de la música, una fragancia nueva, es una variación de un tema anterior. -Asiente. Le pregunto si ella se pone perfume. -No cuando vengo a trabajar. Suelo usar aquellos con los que estoy experimentando. Cuando trabajo con uno, lo uso. Me gusta captar la reacción de la gente ante lo que llevo. En general son buenos jueces. Una vez estaba trabajando con una fragancia, y cuando iba caminando por la calle Cincuenta y Siete me empezó a seguir un borracho y me asusté. Eché a correr, pero él me llamó y me dijo: “No corra, señora. El perfume es tan agradable, que yo iba siguiéndolo”. Esa fragancia resultó ser un gran éxito. -Desde el comienzo de la historia, los seres humanos se han perfumado. ¿No le parece algo extraño, eso de ponerse flores, fruta y secreciones animales en el cuerpo? ¿Por qué lo hacemos? -Ah -dice, agitando los dedos como si soltara un puñado de mariposas-. Cuando vi por primera vez el Guernica de Picasso, me perturbó. Quedé horrorizada y fascinada al mismo. Era turbador, pero también profundamente conmovedor. Los perfumes provocan el mismo efecto: nos impresionan y fascinan: Nos perturban. Nuestras vidas son demasiado tranquilas. Nos gusta ser sorprendidos por lo bello. “Una de las experiencias más gratificantes para mí -dice de pronto- fué cuando hice un producto funcional, el olor de un detergente. Iba caminando por la calle, y vi dos mujeres mayores que estaban comprando un diario. Les dije: “Señoras, ustedes lavan la ropa con tal producto”. Me dijeron: “¿Y usted cómo diablos lo sabe?” “Puedo notar el olor”, les dije. Se mostraron muy felices, y yo también, porque esas señoras no pueden permitirse un perfume de doscientos o trescientos dólares, pero pueden permitirse usar un detergente, y estaban contentas de que oliera bien. Y yo me sentía feliz de llegar a una parte de la humanidad que nunca podrá comprarse los perfumes que usted acaba de oler aquí. -La envidio por pasar su vida como lo hace, creando aromas que harán sentirse satisfechas de sí mismas a las mujeres que los usen. -A veces el trabajo es duro. La vida de un perfumista no es un picnic. Ya no es lo que era antes. En los viejos tiempos había perfumistas que trabajaban por su cuenta. Un perfumista famoso tardaba tres o cuatro años en crear una fragacia, y no había restricciones: ni de presupuesto, ni de tiempo. hacían dos o tres experimentos al día durante una semana, por ejemplo, y después realmente vivían con él semanas y semanas sin ninguna presión. Ahora todo se ha comercializado mucho. Una quiere hacer cosas que le den nombre, que le den dinero a la compañía, y todo eso debe hacerse rápido. Un perfume no se puede crear en quince días. Cada perfumista tiene pequeños acordes que, durante sus diez años de práctica, lleva consigo y conserva en su banco de memoria. “Oh, necesito un floral”, puede decir, “recuerdo ese floral que tenía hace diez años”. Pero debe ser nuevo. Sería una tontería vender una copia. No se puede plagiar. Hay que empezar de cero. Pero hay acordes a los que se puede volver como temas. Yo hago aproximadamente de quinientas a setecientas fórmulas al año. Puede parecer mucho, pero no significa que las setecientas fórmulas salgan buenas. -¿No se deprime cuando crea una fórmula que realmente le gusta y el cliente la rechaza? Alza los ojos al cielo y frunce el entrecejo: -Por supuesto y es algo que pasa. Siempre trato de hacer aceptar mi trabajo en algún momento, y al fin siempre hay alguien al que le gusta. Es preciso creer en una fragancia, creer en que se impondrá, que saldrá al mundo en algún momento, de algún modo. Yo soy muy obstinada. Vuelvo una y otra vez a mis proyectos, siempre vuelvo a pensar en ellos. “Hay algo que hice hace poco y no puedo decirle el nombre, pero la fragancia es una experiencia. Usarla es una experiencia. Yo la adoro. El acorde principal de la fragancia surgió tiempo atrás con un acorde que llamé “hendidura” (en mi fuero interno les doy esa clase de nombres absurdos: “descabezado”, “sin fondo”, cosas así), y esa hendidura me parecía oler a la piel de una jovencita aquí. -Se señala con el dedo el área entre el mentón y el pecho-. Hay algo muy sensual y sensacional en ese acorde. Toma una larga tira de papel de prueba, lo introduce en una larga botella color ámbar llena de un aceite, y me lo tiende. Cuando me lo pongo bajo la nariz, me inunda los sentidos una variedad de flores. Es un olor muy juvenil, infantil e inocente, de niñas, lleno de volantes y trenzas y piel espolvoreada con talco. -Es simple pero muy complicado a la vez. Dice, de un modo extraño, “Abrázame”. Es una nota sexy que los hombres adoran. Supe que tenía un éxito cuando lo hice. -Me tiende otra prueba, ésta más fresca y algo más vivaz-. Éste es el perfume que resultó. El primer aceite era su esqueleto. Éste es el resultado. A partir del primer frasco, hice todo el camino hasta el perfume terminado. Básicamente es un aroma floral, pero cuanto más lo huele uno más delicado se vuelve. -¿Cuál es el perfume más sensual que ha creado? -Es una pregunta interesante, porque lo que es sexy y sensual para uno no lo es necesariamente para otro. Para mí, éste es sensual, no sexy pero sí sensual. -¿Y alguno que pudiera calificarse de voluptuoso? -Pruebe éste. Me tiende un nuevo probador; me lo pongo bajo la nariz y experimento una poderosa reacción. Puedo sentir algo pesado y ambarino, como caramelo, detrás de la lengua. Tiene una fina cubierta vinílicay un regusto almizclado que parece venir de un halo. Huele de forma muy lasciva. -¿Qué es? -pregunto, frunciendo el rostro en un gesto automático de placer. -Básicamente es una fórmula de tipo Shalimar. Todavía no está en el mercado. .A diferencia del que he probado antes, el “hendidura”, cuando huele éste tengo una fuerte respuesta física. Puedo sentirle el gusto. Se ríe. -Sí, es lo que dice la gente sobre mis perfumes, que uno puede sentirles el gusto. Soy muy apasionada en todo lo que hago. Quiero que mis creaciones sacudan el gusto y el olfato y las emociones, todo el tiempo. -¿Puede imaginarse un perfume que no ha podido crear?¿Hay una forma ideal hacia la que se esfuerce? -Oh, algún día me gustaría hacer un perfume para mujeres tan seductor que ningún hombre pudiera resistírsele. Seria lo más increíble que podría hacer en mi vida. No se trata de un sentimiento profesional. Es algo estrictamente femenino. -El mundo se volvería un lugar peligroso. -Sí -dice con satisfacción. -Hágamelo saber cuando lo descubra. Me gustaría ser su primer conejillo de Indias. -Yo seré mi primer conejillo de Indias.” -Diane Ackerman (“Una Historia natural de los Sentidos”)

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