.el mar de coral

The coral sea, By Robert Mapplethorpe

The coral sea, By Robert Mapplethorpe

“La primera vez que le vi, Robert dormía.
Estaba de pie frente a él, un chico de veinte años que, al percibir mi presencia, abrió los ojos y sonrió.
Con unas pocas palabras, se convirtió en mi amigo, mi amada aventura.
Cuando enfermó, me eché a llorar sin consuelo.
Él me lo reprochó, no con palabras sino con una simple mirada que acabó con mi llanto.
La última vez que lo ví, estuvimos sentados en silencio y él apoyó la cabeza en mi hombro.
Observé cómo cambiaba la luz sobre sus manos, sobre su obra y la totalidad de nuestras vidas.
Después volvió a acostarse y nos dijimos adiós.
Pero, cuando me iba, algo me detuvo y regresé a su habitación.
Estaba dormido.
Me quedé frente a él, un hombre moribundo que, al percibir mi presencia, abrió los ojos y sonrió.
Cuando murió, no podía llorar, así que me puse a escribir.
Al terminar guardé las páginas.
Aquí están esas páginas, mi adiós a mi amigo, mi aventura, mi desatada alegria…

En un lugar remoto, Morfeo, el dios de los sueños, despierta.
Separado del benévolo regazo de la musa, presiona contra el azul y cobra ardiente forma.
Alza el vuelo, sin amor ni remordimiento, y observa su carga: un joven que duerme envuelto en el ropaje de un viaje que da vueltas, con una infinita lentitud, constante como el giro de la falda de un extasiado…

El viaje…

El pasajero y aquellos a quienes deja atrás, unidos brevemente por una larga cinta que se desenvuelve.
Una serpentina arrojada y atrapada con alegria.
La cinta de una vida que se desgarra.: ondea, se enrosca con una muñeca, jadea en la cresta de una ola o es arrollada por ella.
El pasajero siente un repentino desánimo.
Quizá sea la imagen evanescente de crespón mojado, un puerto querido o un ser amado: un punto diminuto que se disuelve conforme el vasto mar granuloso se apodera de todo.
Pronto también se apodera de él una sensación de alivio, de ingravidez, o el audaz rastro de su voluntad.
El aire es fresco.
El brazo del mar se curva y lo acuna, calma toda pasión, y es consuelo y señuelo.
El pasajero M… medita…
Se dirige quizá… al vacío.
El hueso del deseo, que se mete en la boca como una cereza sin rabo.
Contempla su mano vacía, el mar indiferente.
Si tuviera que pisar ese mar, ¿lo engulliría como un insecto o lo sostendría como a un rey…?
¿Podría quitarse las zapatillas y caminar sobre las olas entre los peces diminutos y arrancar el oleaje una sinfonía de gemidos y susurros…?
El sol asoma por detrás de una nube.
El pasajero M suspira y abandona sus elucubraciones porque, de pronto, tiene sueño.
Con un gesto de saludo a los elementos, se vuelve y se dirige a su camarote.
El sol y el mar, por cortesía, se entreveran.
Los rayos se fragmentan y centellean, lacan la superficie, como si la prepararan para caminar sobre ella…”

-Patti Smith (extracto de “EL Mar de Coral”)

Compren el libro es hermoso! Gabi.-

 

 

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