.un lecho de rosas

Robert Mapplethorpe  rose two

 

 

 

“Había llegado a la conclusión de que cada uno de nosotros lo sabe todo, pues el destino es nuestro amigo, impregna nuestra respiración.
La suya es la atmósfera en la que un bebé apoya la cabeza.
Las señales agitan los brazos cuando dejamos este mundo.
Los amantes desvían temblorosos la mirada hasta que ya no pueden soportarlo.
Entonces, se separan, cada uno con un pedazo de futuro que encaja como un corazón de baratillo.
Su destino era estar enfermo, y una parte de él lo sabía.
Pero no quería afrontarlo, no en ese momento.
De modo que huyó a las entrañas del tedio disfrazado de aventura: un transatlántico en el centro del mar; a una mente ignota, pura y espaciosa.
Allí, el tiempo se estiraba como un súper héroe de arcilla elástica.
Allí, el destino podía cortejarse y conquistarse.
Aquella perspectiva le infundió una determinación formidable y aprehendió las señales, las modeló y remodeló.
Se apoyó en la barandilla, eufórico, y arrojó decenas de pequeñas espinas al mar.
Y allí se rindió: un joven en un lecho de rosas, con los brazos y las piernas en cruz.
Una quemazón presa cual garra en su vientre abultado para sentir, demasiado eufórico para hablar…”

-Patti Smith (de “El Mar de Coral”)

 

Robert Mapplethorpe  rose

Robert Mapplethorpe  roses

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