.soñé

Antonio_Machado_y_Leonor_1

(Antonio y Leonor el dia de su Boda)

“Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas! …
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!.”
-Antonio Machado Ruiz a su musa, Leonor Izquierdo Cuevas

Antonio Machado Ruiz fue un poeta español, miembro tardío de la Generación del 98 y uno de sus miembros más representativos.
Su obra inicial suele inscribirse en el movimiento literario denominado Modernismo.
Leonor Izquierdo Cuevas llega a Soria en enero de 1908 con 13 años.
En la pensión que regentan sus padres, Leonor tendrá la oportunidad de ir conociendo al poeta, y ambos van tomando una confianza que va en aumento.
Entra en relaciones meses después, y el 30 de Julio de 1909 se casa con el poeta en la Iglesia Santa Maria La Mayor.
Ella contaba con 15 años y Machado 34.
En julio de 1911, mientras acompañaba en París a su esposo, fue ingresada en un sanatorio durante algunas semanas debido a que había contraído tuberculosis.
A causa de esto, le recomendaron aire puro, motivo por el cual volvieron a Soria, donde alquilaron una casa anexa a la ermita de Nuestra Señora del Mirón.
Falleció en 1912, lo cual sumió a Machado en una profunda depresión que le hizo trasladarse a Baeza (Jaén), donde vivió durante un tiempo con su madre, dedicándose a la enseñanza.

 

.Leonor Izquierdo, la mujer niña de Antonio Machado.

Leonor I

“Este cielo azul, este sol de la infancia.”
Leonor camina a orillas del rio Duero, cuando este cruza el corazón de Castilla.
No sabe que unos ojos la buscan y la contemplan.
Son del profesor nuevo que ha llegado de Madrid, para hacerse cargo de la cátedra de Lengua Francesa del Instituto de Soria, Don Antonio Machado.
Está hospedado en su casa, alquila una habitación con ventana al frió invierno de Soria, a sus soledades y negruras.
Don Antonio está entusiasmado con esta niña de apenas 13 años cuando la ve por primera vez, quizás le recuerda a su hermana muerta y su cariño perdido.
Pide permiso para cortejarla a su padre don Ceferino, un ex guardia civil, brusco en sus ademanes y palabras y este accede, pero le pide a don Antonio que espere a que la niña cumpla 15.
Para guardar las formas, el poeta deja la casa donde vive la novia y se alquila otro cuarto, en espera de que ella florezca y se abra a la vida.
Mientras tanto, los días transcurren en Soria con la placidez que siente el enamorado, en ese pueblo grande, de gentes sobrias y áridas como sus tierras, el profesor pasea después de sus clases.
Castilla le espanta al principio, proviene del sur, de Andalucía, de un huerto claro donde madura el limonero.
Las frías piedras de los castillos ahora solos y roídos por el tiempo, llenan su corazón de nostalgias, necesita a Leonor tanto como a sus libros y sus silencios.
Cumplidos los 15 años, y como estaba acordado con los padres de Leonor, se casan en la iglesia de Santa María La Mayor, asisten a la boda el claustro completo de profesores, familia y numerosos amigos.
A la salida ya de camino a la casa, acuden algunos jóvenes alborotando la calle y les increpan con burlas alusivas a la diferencia de edad entre ambos.
El poeta recordará después estos momentos calificándolos de un “verdadero suplicio” para él.
A los invitados se les obsequia con pastas, dulces y licores, disfrutan su fiesta y parten de viaje, no pudiendo llegar a Barcelona, ya que las comunicaciones están cortadas a causa de los disturbios de la Semana Trágica, motivada por la huelga general, por el envío de reservista a África; entonces deciden pasar las vacaciones en Fuenterrabía.
Después de casados, el poeta empieza a ver la tierra de Castilla, compartiendo la mirada con Leonor.
Profundamente identificado con la naturaleza a la que recurre como objeto literario y en la que vierte sus inquietudes espirituales, el poeta la vuelve reflejo de su estado anímico.
Así, va proyectando en los ríos que fluyen caudalosos los ímpetus de la juventud, y en el fluir alegre de las aguas, la inacabada esperanza de esos años.
Cada árbol tendrá un significado para su alma convirtiéndolo en palabra viva.
El roble representa el espíritu de la Castilla guerrera; el álamo que bordea el agua del rio, la juventud que pasa y sueña, el naranjo, la infancia feliz; el olmo, la fidelidad convertida en testigo de sus pesares.
Mientras, Leonor quiere y se deja querer por el poeta, al que admira porque es capaz de hacer hermosas las palabras sencillas, de apreciar la belleza del vuelo de una mosca, o la monotonía de la lluvia tras de los cristales de un aula escolar.
Machado recibe una beca para residir en París en 1911, y parte con Leonor esperanzado en esta nueva oportunidad que le brinda la vida.
Al poco tiempo, Leonor comienza a sentirse mal, y tiene un vomito de sangre que le obliga a internarla durante mes y medio en un hospital.
El médico diagnostica tuberculosis, en un estado avanzado.
De nuevo, la sombra de la terrible enfermedad de la que murieron el padre y la hermana del poeta se acercan a su vida, dejándolo profundamente entristecido.
De regreso a los paisajes de Soria, se instalan en la casa del camino del Mirón, por donde corre un aire limpio, y esperan que mejore.
Pero Leonor se va acabando, pierde fuerzas con cada movimiento, Machado le hace construir un cochecito de ruedas empujado por él, para sacarla a pasear y tomar el sol, por esos caminos de la ciudad que tanto aman los dos.
Pero Leonor empeora y muere finalmente el primero de Agosto de 1912, a las diez de la noche en la casa de la calle los Estudios.
Los funerales se celebran en la iglesia de Santa María la Mayor, donde tres años antes, celebrara su matrimonio con el poeta, tenía 18 años.
La muerte de Leonor conmueve a toda la ciudad, donde ya era habitual ver la figura del profesor empujando el coche con su esposa por cuestas y caminos. Antonio Machado y su madre, la que permanecía en Soria, ayudándolo con Leonor, parten para Andalucía, a Baeza, donde se instalarán y pasaran los próximos años.

“…¿ No ves, Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos?/ Mira el Moncayo azul y blanco; / dame tu mano y paseemos. / Por estos campos de la tierra mía, / bordados de olivares polvorientos, / voy caminando solo, /triste, cansado, pensativo y viejo.”

Fuente: Web y Antonio Machado en el corazón de Soria

 

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