.las cartas más apasionadas del mundo-Apasionadas IV

.las cartas más apasionadas del mundo-Apasionadas IV

(florecita en Bernal)

 

[.Una agitada vida amorosa
En 1935, Edgar Allan Poe consiguió permiso para casarse con su prima Virginia Clemm, que sólo tenía trece años. La salud de Virginia se deterioró rápidamente por causa de las penurias económicas y murió finalmente en 1847.
Poe intentó consolarse de la pérdida de su esposa con dos mujeres a quienes escribía encendidas cartas de amor con el mismo estilo: una de ellas era Annie L. Richmmond y la otra, Sarah Helen Whitman. ]

Edgar Allan Poe parecia rendido a Annie L Richmond:

16 de Noviembre de 1848
¡Oh, Annie, Annie! ¡Mi Annie!
Qué crueles pensamientos sobre tu Eddy deben de haber estado torturando tu corazón durante las últimas dos semanas, en las que no has tenido ninguna noticia de mí, ni siquiera una palabra que dijera que todavía vivía y te amara.
Pero Annie, yo sabía que tú sentías profundamente la naturaleza de mi amor por ti, tanto como para no ponerlo en duda, ni siquiera por un momento, y este pensamiento me ha confortado en mi amarga tristeza: puedo estar segura de que tu imaginarías cualquier otra desgracia excepto ésta: que mi alma había sido desleal con la tuya.
Por qué no estaré ahora contigo, querida, de manera que pudiera sentarme a tu lado, apretar tu querida mano en la mía y mirar a las profundidades del cielo claro de tus ojos; de manera que las palabras que ahora sólo puedo escribir se grabaran en tu corazón y te hicieran entender lo que quiero decir -y, Annie, todo lo que quiero decir, todo lo que mi alma suspira por expresar en este instante, está incluído en la palabra amor-. Por estar contigo ahora, de forma que pudiera susurrarte al oído las divinas emociones que me agitan, de buena gana -¡oh, lleno de alegría!- abandonaría este mundo y todas mis esperanzas de otro: pero tú lo crees, Annie, tú lo crees y siempre lo creerás.
Mientras piense que sabes que te amo como ningún hombre amó jamás a ninguna mujer, mientras piense que entiendes en alguna medida el fervor con el que te adoro, ningún problema mundano podrá jamás hacerme totalmente desdichado.
Oh, cariño mío, mi Annie, mi dulce hermana Annie, mi ángel bello y puro, esposa de mi alma…
Por siempre tuyo
Eddy.”

Sin embargo, las apariencias engañan, como demuestra la siguiente carta a Sarah Helen Whitman escrita sólo dos días antes:

Edgar Allan Poe a Sarah Helen Whitman

14 de noviembre de 1848
“Mi amadísima Helen, tan amable, tan sincera, tan generosa…
tan impasible ante todo lo que habría conmovido a alguien que no fuera un ángel, amada de mi corazón, de mi imaginación, de mi intelecto; vida de mi vida, alma de mi alma, querida, queridísima Helen, ¿cómo podré agradecértelo como debiera?
Estoy sosegado y tranquilo y, si no fuera por una extraña sombra de maldad que se aproxima y me persigue, podría ser felíz.
Que no sea absolutamente felíz, incluso cuando siento tu amor en tu corazón, me aterroriza, ¿Qué puede significar?
Puede que, sin embargo, sólo sea una reacción inevitable después de unas emociones muy dolorosas.
Son las cinco en punto y el barco acaba de acelerar hacia el muelle.
Tengo que coger el tren que sale de Nueva York para Fordham a las siete.
Escribo esto para mostrarte que no me he atrevido a romper la promesa que te hice.
Y ahora, queridísima Helen, sé sincera conmigo…”
Fernando Pessoa es muy explícito en esta carta a Ofelia Queiroc, fechada en octubre de 1929 y en la que se nos aparece como un “chico malo”.
El llamar “Bebé” a Ofelia es quizás una excusa para poder hablar de sexo disfrazándolo de cuidados a su niña.
En sus cartas Pessoa llamaba a Ofelia Bebecito, Bebé Niñita, Bebé Angelito y otros nombres que parecían destinados a aliviar la tensión sexual…
Sin embargo, tuvieron lances muy apasionados, como una declaración intempestiva cuando ella iba a marcharse y él le dió un billetito en el que decía: “Le ruego que se quede”.
Acto seguido, se declaró como Hamlet a Ofelia: ¡Oh, querida Ofelia! Mido mal mis versos, carezco de arte para medir mis suspiros, pero te amo en extremo. Oh, hasta el último extremo, ¡créeme!”.
Ella intentó marcharse y Fernando la acompañó hasta la puerta sosteniendo una lámpara de petróleo.
De repente, dejó la lámpara, la agarró por la cintura y “sin decir una palabra me besó apasionadamente, como si estuviera loco”.

 

Fernando Pessoa a Ofelia Queiroc

9 de Octubre de 1929
“Terrible Bebé:
Me gustan tus cartas, que son cariñositas, y también me gustas tú, que eres cariñosita también.
Y eres bombón, y eres avispa, y eres miel, que es de las abejas y no de las avispas y todo está bien, y Bebé debe escribirme siempre, incluso si yo no escribo, que es siempre, y estoy triste, y estoy loco, y nadie me quiere, y además porqué habían de quererme, y eso mismo, y todo vuelve al principio, y me parece que también te telefoneo hoy, y me gustaría darte un beso en la boca, con exactitud y golosina y comerte la boca y comerme los besitos que hubiese allí escondidos y apoyarme en tu hombro y resbalar hacia la ternura de las palomitas, y pedir perdón, y el perdón ser fingido, y volver muchas veces, y punto final hasta volver a empezar; y por qué quiere Ofelita a un maleante y a un desastrado y a un zaparrastroso y a un individuo con narices de cobrador del gas y expresión general de no estar allí sino en el lavabo de la casa de al lado y, exactamente, y en fin, y voy a terminar porque estoy loco, y lo he estado siempre, y es de nacimiento, que es como quién dice desde que nací, y me gustaría que Bebé fuese una muñeca mía, y yo hacía lo que un niño, la desnudaba, y el papel se acaba aquí mismo, y esto parece imposible que lo haya escrito un ente humano, pero está escrito por mí.”
-Fernando
[.Un amante algo picante
Ofelia contó que en una ocasión Fernando le mandó una misiva que decía: “Mi amor es pequeñito, tiene las braguitas de color rosa”. Yo leí aquello -explicó ella- y me indigné. Cuando salimos [de la oficina], le dije enfadada; “Fernando, ¿por qué sabes si tengo las braguitas de color rosa o no, si nunca las has visto?”. Y él me respondió riendo: “No te enfades, Bebé, es que todas las Bebés tienen las braguitas de color rosa…”]

-Selección de Alicia Misrahi

 

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