.adolescencia

Zenobia_Campubi

 

Juan Ramón Jiménez y su musa Zenobia Camprubí Aymar:

“En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño. —
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos. —
No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
…y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.”
-Juan Ramón Jiménez
Zenobia Camprubí Aymar, nacida en la localidad catalana de Malgrat de Mar en 1887, fue una escritora española.
A los nueve años viajó a Estados Unidos con su madre en proceso de separación.
Allí residió hasta 1909, por lo cual, cuando años después regresó a España, la llamaban «la americanita».
Allí comenzó sus estudios universitarios en Columbia; asistió a actividades culturales y clubes de mujeres.
Entró en contacto con el feminismo americano, viajó sola, leyó los clásicos españoles e ingleses y siguió un curso sobre literatura.
Desde su adolescencia, comenzó a escribir cuentos en castellano y en inglés, y a desarrollar sus dotes literarias.
Se interesó por la obra del poeta y pensador indio Rabindranath Tagore, a quien tradujo años después al castellano a partir de las prosificaciones en inglés que realizó el propio Tagore.
Entre 1909 y 1910 estuvo en La Rábida.
Allí improvisó una escuela para enseñar a los niños de la aldea, escribió artículos que envió a diversas revistas norteamericanas y, sobre todo, se aficionó a la poesía popular española.
Desde 1910 Zenobia vivió en Madrid.
Allí se relacionó fundamentalmente con norteamericanos, ya que le angustiaba no poder moverse sola con libertad, hasta que conoció a Susan Huntington, que dirigía el Instituto Internacional de señoritas, donde se alojaban extranjeros que asistían a los cursos de verano que se organizaban.
Contrajo matrimonio con Juan Ramón Jiménez en 1916, y desde ese momento y hasta su fallecimiento, 40 años más tarde, se convirtió en compañera inseparable y decisiva colaboradora del poeta en todos sus proyectos literarios

.

 

“¡Qué goce triste éste
de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste
la mano, me contagio de otra poesía.
Y las rosas de olor,
que pongo como ella las ponía,
exaltan su color;
y los bellos cojines,
que pongo como ella los ponía,
florecen sus jardines;
y si pongo mi mano
-como ella la ponía-
en el negro piano,
surge, como en un piano muy lejano,
más honda la diaria melodía.
¡Qué goce triste este
de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Me inclino a los cristales del balcón,
con un gesto de ella,
y me parece que el pobre corazón
no está tan sólo. Miro
al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro
y la estrella
se funden en romántica armonía.
¡Qué goce triste este
de hacer todas lasa cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores,
voy, como un héroe de poesía mía,
por los desiertos corredores
que despertara ella con su blando paso,
y mis pies son de raso
-¡oh, ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.
¡Qué goce triste este
de hacer todas las cosas como ella las hacía!”

 

“Fío, en absoluto, en mí. Pero es absolutamente preciso que nos casemos pronto. No sabes la paz, la fuerza, la tranquilidad, el tiempo, que esto me daría. Piensa tú que tu presencia me es necesaria, Zenobia, que mi vida sin ti está falta de vida. La mañana que yo amanezca a tu lado, ¡qué nuevo va a parecerme el mundo! -El porvenir, además, ¡nos traerá tanto y tanto! Ya tú verás”.

 

 

 

 

Juan Ramón Jiménez, “el poeta de Moguer” y Zenobia, de raíces puertorriqueñas por la vía materna, se conocieron en el 1913 en una conferencia en la Residencia de Estudiantes en Madrid.
Se casaron en el 1916, en Nueva York, matrimonio que duraría cuarenta años.
Era una joven de familia acomodada, conocía idiomas, literatura, música, historia, estaba al tanto de los movimientos feministas y participaba de reformas politíco-sociales.
Después, la admiración por el autor de “Platero y yo” y su obra poética la convertiría en su traductora, secretaria, agente, enfermera, apoyo, asesora, chófer, administradora, amiga, musa.
Zenobia dejó de ser ella misma para ser “la esposa de Juan Ramón” y es posible, que sin ella, él no llegara a convertirse en la figura que fue.
Tras la guerra Civil Española vivieron en el exilio.
Durante veinte años Zenobia estuvo escribiendo un diario en español y en inglés.
Cuando estaba en una ciudad hispana escribía en inglés, y viceversa.
Este diario salió publicado en tres tomos en el 2006, a cincuenta años de su muerte: Cuba (1937-39), Estados Unidos (1939-51) y Puerto Rico (1951-56).
A través de sus confidencias conocemos, no al genio literario, sino al hombre quien fuera el centro de su vida y a quien se entregó por completo:

“21 de diciembre de 1938
Las cosas entre J.R. y yo llegaron a su punto culminante. Yo me doy cuenta de que tengo un gran defecto al no poder tolerar acusaciones, pero mi indignación fácilmente provocada y probablemente injusta la mayor parte de las veces, me saca toda la que tengo normalmente reprimida por estar mortificada todo el tiempo.(…) Armé un infierno. Le dije que todos los hombres que él desprecia y critica, por lo menos se mantienen, y a su mujer y a sus hijos, y él, que no tiene que preocuparse por casa y comida, no puede resolver ni los problemas más pequeños y está desperdiciando su vida tirado en la cama o perdiendo el tiempo en los vestíbulos de los hoteles con un montón de gente poco interesante.”

“25 de diciembre de 1938
Yo estaba muy preocupada por J.R., por sus largos silencios, su cara de pena y sus respuestas medio distraídas, pero esta tarde parecía más animado, más como él, y al regreso me habló mucho sobre Unamuno, sus fuerzas rudas, su absoluta falta de sentimiento por la belleza, su completa indiferencia a la música. También habló de lo difícil que se les hacía a los hombres de su generación aprender bien las lenguas; de la facilidad con que algunos valores menores aprovechaban las ventajas de la vida y de la total falta de adaptación de otros como Rilke, que casi se murió de hambre. Creo que después que exploté anteayer, él ha estado pensando en sí mismo. De todos modos, los dos hablamos mucho tiempo, disfrutando el uno del otro y escuchándonos el uno al otro. Me gustó tanto que se lo dije.”

“Lunes 27 de febrero de 1939
.. [J. R.] acababa de dictar su llamamiento para empezar a recoger dinero para los intelectuales españoles que sufren en los campos de concentración de Francia cuando al abrir el periódico se le hundió la cabeza de pena al leer sobre la muerte de Antonio Machado. Trató que lo invitaran a la Universidad de La Habana, pero los más jóvenes, Gaos en particular, que fue el primero en beneficiarse, no querían tener nada que ver con los mayores (solamente los de su generación) y prevaleció sobre J. R. Ahora era más grande su dolor por no haber podido ayudarle. Quizás se hubiera salvado. Pero como dice J. R.: «Ha sido una muerte noble, acorde a su vida —sobre todo física— esforzada y lastimosa». Me parece que a ratos había algo de envidia en los pensamientos de J. R. en cuanto a su muerte. Lo más probable es que J. R. estuviera muerto o completamente loco de haber seguido su suerte, pero el día en que juntó su destino al mío, cambió ese fin. Después de todo, yo soy, en parte, dueña de mi propia vida y J. R. no puede vivir la suya aparte de la mía. Y yo no acabo de ver ningún ideal que valga el arrojar una vida, pese a todo lo que se proclama. En esta empresa nuestra, yo siempre he sido Sancho.”

“Domingo 7 de enero de 1940.
Se me vino encima la vida entera y la anulación gradual de mi personalidad en todo lo que no sea ayuda para los objetivos de J. R. y sobre todo la idea de que cuando J. R. quiere algo siempre estoy dispuesta a hacer sacrificios para que él pueda tenerlo, mientras que cuando yo quiero algo, aunque sea la cosa más mínima, si implica cooperación de su parte, basta que yo lo quiera para que él quiera lo contrario.”

“20 de mayo de 1945. Domingo
La gripe de J. R. y el que Inés pasara el domingo en Alexandria hicieron que me quedara en casa este fin de semana. Hoy J. R., que se ha negado a dejar de trabajar, ha llegado a asegurarme que un poco de fiebre ayuda a aclarar la mente y hoy ha resuelto 4 problemas importantes para su trabajo: se dio cuenta de cómo debía ser “Con la rosa”, de qué poemas deberían ir al comienzo y al final de cada parte, etc. Ha sido un fin de semana muy provechoso y me dice a cada rato lo bien que va todo. Me dice cuánto disfruta y cuánto le ayudo y: “Habla un poco conmigo que después de muertos ya no podremos hablar”.”

La prioridad de Zenobia, al saber que sus días estaban contados por el cáncer que la aquejaba, era darle fuerzas a Juan Ramón para continuar su obra.
Le preocupaba dejarlo solo porque sabía cuánto él dependía de ella.
Su muerte, ocurrida en el 1956 en Puerto Rico, dejó sumido en tal depresión al poeta que ni el haber recibido, tres días antes, el Premio Nobel de Literatura lo pudo mitigar.
Fue ella quien le dio la noticia, quizás la última alegría de su vida.
Poco después, presintiendo también su final, arañó la vieja victrola que les había regalado su cuñado, y grabó el nombre “Zenobia” al frente y encima, las iniciales “ZJR” y “JZR” entrelazadas.
La misma permanece en la Sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez de la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, donde ambos fueron profesores.
Dos años más tarde, Juan Ramón se iría tras su amada Zenobia:

“A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de Juan Ramón,
que la adoró como a la mujer más completa del mundo,
y no pudo hacerla feliz.
J.R.
Sin fuerza ya”.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s