.arenas movedizas y cantos de ballenas

 whale

  “El rugido hipnótico de las olas me adormece. Apoyo una oreja contra la arena de la playa y oigo el sonido aún más cerca. Las ondas sonoras viajan unas diez veces más deprisa a través de un elemento sólido. Si yo fuera una bosquimana de Kalahari, esta noche dormiría sobre mi costado derecho, con una oreja en el suelo, para poder oír acercarse a cualquier animal peligroso; mi marido dormiría sobre el costado izquierdo, y entre los dos habría un pequeño fuego que nos mantendría, abrigados mientras dormíamos con las orejas pegadas a la tierra. O bien, si yo fuera un personaje de una vieja película de vaqueros, podría apoyar una oreja en las vías y escuchar el sonido del tren correo acercándose. En razón de la preferencia que tienen las ondas sonoras por permanecer dentro del metal antes que dispersarse en el aire, yo escucharía las vibraciones a cierta distancia y sabría que pronto llegaría mi sueldo, o mi novio. Durante horas he estado mirando el mar en busca de señales de las ballenas gibosas, cuyos cantos fueron grabados por primera vez ante las costas de las Bermudas por Frank Watlington, y más tarde por Roger Payne. Cuando era estudiante en Cornell, asistí a un concierto de violonchelo que dio Payne, acompañado por cantos de ballenas que resoplaban, aullaban, rechinaban, chirriaban y latían, llenando el gran auditorio con música de otro mundo, y haciéndome resonar los huesos con cada nota baja y sostenida. No era la primera vez que oía cantos de ballenas; tenía un disco de la composición musical de Alan Hovhaness Y Dios creó las grandes ballenas, una pieza hecha de sonidos que uno no esperaría que pudieran unirse en una canción. Y sin embargo, las ballenas cantan. De hecho, cantan mágicas melodías. Los machos, solitarios e inactivos, empiezan a cantar durante el invierno, la estación de cría, y siguen con sus baladas hasta que viene la compañera a interrumpirlos. Sus cantos suelen durar quince minutos más o menos, y los repiten una y otra vez durante horas. Y son cantos estructurados, que obedecen a las reglas asociadas a la música clásica. Es más, las ballenas varían sus cantos. Cada año aparecen frases y elementos nuevos, lo que permite que los cantos evolucionen como lo hace un idioma Cada canción tiene alrededor de media docena de temas dispuestos en cierto orden; si falta un tema, los otros siguen en su orden primitivo. Cuando cantamos El Himno de Batalla de la República, podemos preferir saltarnos el verso donde los soldados le han construido a Dios un altar «en el rocío de la noche», pero conservaremos el resto de los versos en el orden que tenían. Dentro de las canciones de las ballenas, hay frases que se repiten y que siguen una gramática de canto cuidadosamente estructurada. Quizá lo más notable de todo esto sea que las ballenas no sólo aprenden ese complejo idioma sino que lo recuerdan de un año para otro. Llegan cantando la canción del año anterior, como condiscípulos que vuelven a encontrarse después de las vacaciones; cuando en el intervalo aparecen frases y expresiones nuevas, las recuerdan para el año siguiente y abandonan el vocabulario pasado de moda. Pese a lo que podría esperarse, no cantan expeliendo aire. Ni emplean sus aventadores como un instrumento de viento, tal como muestran a veces los dibujos animados. En lugar de eso, parece más probable que formen sus sonidos moviendo el aire en círculos dentro de su cabeza. Como cantantes de ópera, controlan su aliento con el mayor cuidado, de modo que no interrumpa la fluidez del canto. La mayoría de las ballenas prefiere hacer sus pausas respiratorias en los mismos puntos, y eso permite a los investigadores identificar al cantante. Los que han practicado submarinismo entre las ballenas cantoras describen la sensación como el sonido de un tambor resonando contra su pecho, o de un órgano tocado dentro de las costillas. Si no se puede estar en el agua con ellas, se las puede escuchar cantar a través de las maderas del casco de una lancha. Y no sólo las ballenas gibosas cantan. Las blancas tienen una voz tan dulce, que los balleneros de antaño las llamaban «canarios del mar». Ahora que su número se ha restringido drásticamente debido a la contaminación, las ballenas blancas se han convertido en canarios en una mina líquida, y nos advierten sobre la salubridad de los océanos. Los marineros supersticiosos oían resonar el canto triste de las ballenas a través del casco de sus barcos, y se sentían transportados. Las ballenas cantoras alguna vez habitaron el Mediterráneo, y probablemente sean las sirenas que los mitos griegos dicen que hechizaban a los marineros y los hacían estrellarse contra las rocas. Atravesando la madera de un barco, sus cantos debían difundirse de tal modo, que un marinero no podría localizarlos; el sonido debía de envolver el barco en un fantasmal velo de música. Los sonidos de las ballenas son tan únicos y variados que es un poco difícil describir sus voces, pero una vez escribí el siguiente poema sonoro después de oír un concierto de ballenas, y creo que puede transmitir en parte la sensación que produce su canto: CANTOS DE BALLENA Hablando en lengua de tormenta antes de resoplar, una ballena una balada susurra luctuosa en el mar de su almuerzo de krill, murmura endechas profundas: como un demiurgo, boga de Erb a Santa Cruz, se hunde profundo, su sirena un licor espeso. Crespón negro de procesión funeral, resbala su panza, diestra en galopar el agua salada, cada ballena cantando la misma melodía fugitivas, el mismo rondó: Dedos secos frotan, tiran, sacuden un globo inflado. Stop glótico. Pop. Dedos secos vuelven a la tarea, hacen sonar campanillas de huesos, sonar y rimar, villanelles, cantares, y hasta un encanto gregoriano. Cuando atrapadas bajo el saber del aire, hambrientas o llorosas o llorando la matanza, rítmicas o espantadas, golpean el muro gimiente de agua, voces todas en tiniebla de mazapán nadan invisibles salvo por el canto. Y a veces suben alto como ojos de ángel un estribillo desfalleciente como el mar, loco de preguntas, triste, todo interrogativo, como si tratara de imaginar lo impensable, alcanzar desde el mar en forma de cucharón el oleaje escurridizo, el nacer de la rompiente en la playa y la cuna del agua azul. Bruñidos trovadores negros tocando sus propias flautas, cada cuerpo una armónica, cada forma un daguerrotipo de un fraile oblato cantando villancicos, emigran, felices de sacudir cadenas y gemir augurios, vagando por los mares como espíritus intranquilos, un canto en sus huesos.” -Diane Ackerman (“Una Historia natural de los Sentidos”)      

2 pensamientos en “.arenas movedizas y cantos de ballenas

    • Es un tesoro, poder presenciar y disfrutar, como niños, con ojos grandes y corazón puro, esa belleza llamada Naturaleza.
      Yo tengo un cd precioso de musica de Debussy, con cantos de ballenas de fondo. =)

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