.el arte de la elegancia

el retrato de emilie-floege

Klimt pintó “El retrato de Emilie Flöge” en 1902. Hoy se encuentra en el museo de Viena Karlsplatz

“Klimt, quién parecía que no había nacido para la monogamia, habría seducido a Emilie cuando ella tenía 17 años. La joven, algo entravagante, quiso liberar a las mujeres del corsé y se convirtió en una revolucionaria de la moda de principios del siglo xx.
Elegancia y displicencia son dos palabras que la mujer que posa en este cuadro -titulado Retrato de Emilie Flöge– podría admitir que fueran asociadas a su personalidad, sin por eso merecer el calificativo de vanidosa.
Ella fué no sólo una modelo al servicio de un pincel magistral, sino un referente destacado de la moda en Viena y, además, la amante de Gustav Klimt. Éste la retrató con minuciosa fidelidad en este cuadro de 1902, que como tantos otros del pintor vienés está investido del don de volverse inolvidable: eso sucede, por ejemplo, con la composición El Beso, una pieza en la que un hombre y una mujer fusionan sus cuerpos en una entidad única engendrada por la comunión del deseo.
Una extraña conjunción se daba en la figura excéntrica de Klimt: su natural aspecto de monje eremita, reforzado por su tendencia a vestir una túnica de estilo caftán -típica de Oriente Medio- y unas modestas sandalias, era un elemento suficiente para que sus conocidos lo apodaran, con cierto dejo de sarcasmo, el ‘Apóstol Pedro’.
Sin embargo, las pinturas de este gran artista vienés no eran refractarias a la voluptuosidad o al influjo perturbador de la sensualidad femenina. Por el contrario: sus pinturas de la mujeres de la sociedad vienesa desbordan un extraordinario erotismo.
Para los estudiosos del arte, es llamativo el desinterés de Klimt por el autorretrato. “No me interesa mi propia persona como objeto de un cuadro, sino más bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias…estoy convencido de que como persona no soy especialmente interesante”, confesó el pintor.
Flöge encarnaba a la mujer moderna y sus diseños de ropa imponían la moda en Viena, en una forma parecida a la preeminencia de Coco Chanel en París.
Esta pareja de la sociedad vienesano se avenía a cumplir con los parámetros de ningún cristalizado estereotipo. Aún hoy persisten las especulaciones sobre si la relación de Flöge con Klimt fué de naturaleza platónica o si se trataba de una suerte de matrimonio informal. Cada uno, desde su disciplina, se forjó con derecho propio su lugar en el conservador ambiente de la Austria imperial: ella revitalizó la enmohecida industria de la moda, y él se erigió como representante de un movimiento vanguardista incapaz de claudicar en su ideario estético.
En este retrato, la postura corporal de la mujer es hierática, con un dejo de soberbia que la filosa línea de los labios acentúa, junto al gesto altanero de la mano izquierda apoyada en la cadera. Es la imagen de una mujer a la que, es fácil sospechar, no resultaría sencillo doblegar.
Klimt nació el 14 de julio de 1862 en una familia empobrecida en Baumgarten, en las afueras de Viena. Su padre era grabador y, sólo gracias a su notable talento para el dibujo, a los 14 años Gustav consiguió ingresar a la Escuela de Artes Aplicadas de Viena, donde conoció al Pintor Franz Matsch. Junto con él, su hermano Ernst y otros pintores, Klimt creó la ‘Compañía de artistas’, que pronto se volvió famosa.
Klimt fué el único alumno que tras salir de la Escuela logró iniciar una gran carrera artística.
En 1903 viajó a Ravena, en Italia, donde experimentó la atracción por los mosaicos en San Vitale. Su uso de la hoja de oro se volvió más frecuente, y forjó así lo que es conocido como ‘período dorado’ de Klimt. El Beso, su óleo más famoso, fué creado entre 1907 y 1908 y es representativo de ese estilo.
Retrato de Emilie Flöge‘ -que se exhibe ahora en el Museo de Viena Karlsplatz- retrata a una mujer moderna, parada en una pose casi magistuosa. Los ojos de un azul intenso dominan sus elegantes rasgos, y su pulsión vanguardista se advierten en el extravagante peinado.
El dibujo de la tela, consistente en líneas ondulantes, espirales, óvalos y cuadrados, contagia al vestido una cierta cualidad mágica e irradia una atmósfera fantástica a toda la composición.
El Retrato de Emilie Flöge se exhibió originalmente en la Secession, y más tarde fué vendido. Se cree que Emilie no quedó conforme con él, por lo cual prefirió no conservarlo.
En 2006, su retrato de Adele Bloch Bauer se convirtió en el cuadro más caro del mundo hasta entonces: se vendió en 135 millones de dólares.
A pesar de ser muy valorado en el extranjero, Klimt continuó siendo un creador controvertido en Viena. Un año antes de su muerte, en 1918, fué rechazada por cuarta vez la propuesta de concerderle un profesorado.
Pese a las resistencias que generó su estilo pictórico, Gustav Klimt se mantuvo fiel a sus creencias estéticas y esa integridad le permitió definirse a sí mismo y sonar auténtico. Una vez afirmó: “Quien quiera saber algo sobre mí, como artista digno de interés, debe contemplar mis cuadros con atención e intentar reconocer en ellos lo que soy y lo que busco.”

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

.Gustav Klimt (1862-1918) Vanguardista y amante de la decoración, encarnó al Art Nouveau austríaco y retrató a su amante, la diseñadora de moda Emilie Flöge

klimt_emilie_floge

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