.provocación al desnudo

Manet_Edouard-Olympia

La divinidad terrenal de Olympia“, se puede visitar en Museo d´ Orsay de Paris

“Como tantos otros rehenes de las musas, Edouard Manet no tuvo opción y se vió conminado a convencer a su padre de que su destino tendría razón de ser dentro del territorio de las artes plásticas.
“Está bien, sigue tus inclinaciones: ¡Estudia Arte!”, le replicó su progenitor, aceptando con furiosa resignación que su hijo rehusara acatar el mandato de estudiar la carrera de leyes.
Nació el 23 de enero de 1832 en París, en el seno de una familia acomodada: su padre Augusto era Jefe de Personal del Ministerio de Justicia y su madre Eugenia Fournier; hija de un diplomático.
En 1848 se embarcó como piloto ayudante en el carguero “Le Havre et Guadeloupe” con destino a los mares del Sur. De esa travesía regresó con cuadernos repletos de bocetos y dibujos. Tras ser rechazado en la Academia Naval, doblegó la resistencia de su padre y consiguió que avalara su decisión de convertirse en artista.
Obstinado en el cumplimiento cabal de sus aspiraciones -o si se quiere, de sus veleidades-, el joven Manet rechazó ingresar en la Escuela de Bellas Artes de París y prefirió estudiar con el eminente pintor Thomas Couture, autor de grandes cuadros de temática histórica. A los dieciocho años seguía con devoción las enseñanzas del docente, pero la borrasca no tardaría en enturbiar esa relación pedagógica. Indignado a causa de las poses exageradas y rígidas impuestas a los modelos, Manet inquiría: “No pueden ser naturales, o acaso se comportan así cuando van a comprar un manojo de rábanos?”. Esa y otras impertinencias hicieron eclosionar la paciencia de Couture, quién un día le contestó: “Si aspiras a ser el fundador de una escuela, vete a crear una a otra parte”. Pese a ese encono, fué su maestro quién lo estimuló para que viajara en plan de estudio a Holanda, Alemania, Austria, Praga e Italia entre 1853 y 1856. De esa experiencia surgieron sus versiones sobre las obras de Rembrandt, Lippi, Tiziano, Tintoretto, Velázquez y Murillo. También copió a Goya, Delacroix, Courbet y Daumier: Manet estudió durante seis años con Couture, y fué precisamente bajo sus perspectivas que desarrolló su habilidad para el dibujo y el dominio sólido del color.
Gradualmente se erigió como líder de una generación de jóvenes pintores movidos por la ambición de encontrar nuevos modos expresivos a la hora de retratar el espíritu del París moderno. En vez de aplicarse a la nobleza y la clase alta, volcaron su interés en el universo de los cafés frecuentados por dandies y prostitutas, abandonando además las leyes de la perspectiva que habían prevalecido desde el Renacimiento.
Hacia 1863, estos pintores rupturistas no habían logrado que sus obras fueran expuestas en el Salón de París. Tras una serie de furiosa protestas, Napoleón III aceptó la apertura de una muestra paralela a la oficial, que conoció bajo el nombre de ‘Salón de los Rechazados’.
El prodigioso cuadro de Manet titulado Desayuno en la hierba provocó en esa exhibición una avalancha de reclamos airados. Se trataba de un lienzo en el que una mujer desnuda, acompañada por dos caballeros vestidos a la moda, compartía con ellos un picnic mientras miraban con absoluto desenfado al espectador, descubierto en su rol de voyeur. Los estudiosos del arte sostienen que el elemento controversial del cuadro radicaba en el hecho de que Manet hubiera pintado a la joven como a una cortesana. El autor del lienzo se mostró sorprendido por esa reacción puritana, aunque eso no impidió que dos años más tarde los mismos espíritus recalcitrantes lo atacaran por su obra Olympia. Por entonces, la desnudez sólo era admisible en un contexto mitológico o histórico, y la descarnada honestidad de Manet para recrear una escena profana y cotidiana era una invitación a que se considerara al cuadro una provocación premeditada.
El desnudo Olympia fué pintado fué 1863 y tuvo como referente a la Venus de Urbino de Tiziano, de la que Manet hizo una copia durante su estadía en Italia. También lo influenció la Maja de Goya y ese rastro quedó registrado en el boceto Mujer joven tendida con vestido español. En un dibujo preparatorio de Olympia, la mujer yace completamente desnuda y acaricia a un felino. La versión final del cuadro muestra a Victorine Meurent sin ropas, con su sexo oculto bajo su mano izquierda, y acompañada por una mujer negra que sostiene un gran ramo de flores. Sobre el borde de la cama, un gato negro arquea su lomo. Actualmente, el cuadro está expuesto en el parisino Museo d’ Orsay. En lugar de redondeadas curvas, el cuerpo de la muchacha es magra y su piel luce pálida, sin el brillo esplendoroso de los cuerpos de las divinidades en las que el pincel de Manet halló inspiración. Exhibido en el salón de París de 1865, grupos de expectadores enardecidos se acercaron con palos para destruir a Olympia, destinándole calificativos como “la puta pálida” y “la gorila”. El cuadro salió indemne del asedio de sus agresores: en 1908 fué adquirido por el Museo del Louvre.
El pintor parisino conoció a Victorine en 1862 y se sintió hechizado por la originalidad de su atípica belleza. Fué su amante durante un tiempo, así como también su modelo dilecta. Meurentse convirtió más tarde en artista plástica y llegó a exponer sus cuadros en el Salón de 1876. No se conservó ninguno de sus trabajos, y terminó sus días hundida en la más absoluta pobreza.
Por encima de su voluntad de convertirse en un provocador profesional, el ideario estético de Manet estuvo siempre alejado de cualquier especulación mercantilista. En una ocasión, sostuvo: “La concisión en el arte es una necesidad y una elegancia. En una figura hay que buscar la gran luz, y la gran sombra; el resto vendrá naturalmente”.
La influencia de artistas como Monet, Degas y Renoir generó que la paleta de Manet se tornara más ligera. Hasta el fin de su vida -murió en París el 30 de abril de 1883, afectado por una enfermedad llamada ataxia- lo eludió del éxito comercial, pero sin embargo no se privó jamás del exquisito lujo de provocar: en el caballete de su estudio se encontró, inacabado, el retrato de la sirvienta de su amiga Mery Laurent. Antes de partir; volvió a dejar en claro que nunca rendiría pleitesía a aquellos que habían encontrado en la serena desnudez de una muchacha un ridículo motivo de afrenta.”

La Ninfa Sorprendida

.para ver en Buenos Aires
En el Museo Nacional de Bellas Artes: La Ninfa Sorprendida es un claro ejemplo de la predilección de Edouard Manet por el desnudo. En los primeros años de su carrera artística, mostró una fuerte inclinación por esta clase de retratos. La pieza fué pintada en 1861 e ingresó al patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes en 1914. Actualmente se la puede contemplar en la sala 13 dedicada a la pintura francesa del siglo XIX. Una década atrás, los expertos de la casa Sotheby´s determinaron que esa criatura mitológica, casi totalmente desnuda y sentada a orillas de un lago, tiene un valor inicial de treinta millones de dólares.

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

.Edouard Manet (1832-1883) Fué precursor de los impresionistas y escandalizó con su retrato de Víctorine Meurent, su amante modelo y pintora frustada.

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