.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas IV

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas IV

“Los celos tampoco respetaron a Emilia Pardo Bazán y a Benito Pérez Galdós.
Ella le escribió una larga carta dándole explicaciones.
Al parecer, en una carta anterior, él se mostró controlador y ella contestó para aclararle varios puntos sobre los que él la interrogaba: el estado de la relación entre los dos, la emancipación de ella (de la que él la acusaba de no haberle hablado), los sentimientos de ella…
Emilia también habla de una indiscreción cometida por ambos y hace alusión a una infidelidad y a la pasión que despierta en ella Galdós.
La nota divertida la pone Emilia cuando simula que siente celos porque le ha enviado una foto que tienen otras personas.

Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós
Sábado de Gloria (1889)

“(…) Respecto a mi emancipación yo creo que te hablé de eso; no sé si despacio, pero de que hablé estoy segura. Qué hubieras podido tú hacer en ello, vida mía? Nada. Aprobar mi opinión, y se acabó. Si no fuese el maquiavelismo y las precauciones, acaso podrías asociar la administración de mis libros a la de los tuyos, pues yo soy literalmente incapaz de administrarme, y siempre tendré que estar a la merced de los editores; pero esta unión resultaría muy sospechosa, y por consiguiente, a no ser un prólogo como el de El Sabor de la Tierruca, no veo qué género de apoyo podría encontrar en ti: en suma, he de ser yo misma quien me emancipe, y malo será que con u poco de constancia no logre ganar lo suficiente para vivir, con el decoro a que estoy habituada, el tiempo que no esté con mis padres.
Es cierto que por otra parte se piensa mucho en serme útil, y yo pecaría de injusta si no reconociese ese vivo deseo que he observado y que se revela en todo. De ahi nació en mucha parte el contagio afectivo, no ha de resolver el problema de la emancipación ni mucho menos. No sigo porque ya tengo miedo de haberte lastimado: si es así perdóname y permíteme que te dé un beso en la frente. Hazme justicia reconociendo que a nadie quiero mortificar y que si de algo peco es de un exceso de respeto hacia todos. Cualquiera, en suma, vale más que yo, pues yo soy aquí la que hace daño, la que sin querer comete una atroz crueldad. Los demás fían en mí y se me entregan incondicionalmente.
Para disipar estar ideas tristes releo tu carta y me río con aquel episodio de aquella prenda íntima. ¿Qué habrá dicho el guarda de la Castellana al recogerla? ¿Qué impresión moral será la suya? ¿Cómo juzgará de las costumbres de la high life? ¡Qué daría por estar diez segundos en su cabeza!
Por fortuna esa prenda no tenía la marca que llevan otras de su mismo género: una “E” coronada. De lo contrario, capaces serían de llevársela a Peña Costalago…”

En el pasaje que sigue, ella parece prometer que no habrá ninguna ocasión para el engaño:

“Estoy resuelta a no ser nunca más Jonás y sobre todo a huir de las ocasiones de serlo. Creo firmemente que no volverá a presentarse ninguna; y a pesar de lo sucedido, creo que no se presentan tan a menudo; porque… en fin, no digo más. No me acuses de mala cristiana a causa de la ofensa a la fiesta del Corpus. Vaya una fiesta para convidar a devoción. A alegría profunda es a lo que convida. Con un clima meridional, un cielo de terciopelo azul, un mar digno de Nápoles, y una lluvia de flores, de ginesta, de embriagador aroma que caen de todos los balcones e inundan el suelo, y para más la temperatura y la atmósfera recordando aquellos versos de Musset:
‘Poëte, prends ton luth: le vin de la jeunesse
fermente cette nuit dans le veines de Dieu…’…”

Emilia insiste en toda la pasión que tiene guardada para él:

“En fin, ya se acabó; de hoy más voy a ser más formal, muy formal: tengo ya tanto pelo blanco, que la juventud se acaba, y esta vitalidad que a veces me ahoga son los últimos resplandores de una lámpara. La guardaré para tí. ¿Cómo me dices que no he de tener nostalgia de tus brazos? Pues a fe que suelo yo estar fría y sin entusiasmo cuando me veo en ellos. Merecerías que te recibiese conyugalmente y no con aquel frenesí nunca amortiguado que para tí tengo. Ahora te desharía a apretones y tú te dejarías hacer.
Acaso ese amor de reverberación que me atribuyes es la forma propia del amor en mí.
Jamás he comprendido que pudiese yo estar enamorada y mal comprendida: en cambio la electrización (cuando se trata de persona digna y a quien yo en realidad inspiro algo) es instantánea. Para mí el amor es la comunicación de la dicha ajena: es el grupo visto en el espejo. ¿No lo has notado (…)?…”

Y, seguidamente, una fingida y tierna escena de celos:

“Si, reconocí la envoltura del retrato mono. ¿De modo que se lo has dado a todo el mundo? Ya no lo beso más. Me desahogaré en el original, porque espero que tu hocico ilustre no lo andarás prodigando tanto como la cartulina, y nadie te lo refregará. (…)
Ya sabes que te doy mucho del alma, mucho de todo. Sostenme, y consuélame, porque lo gracioso es que me hace falta un consuelito tuyo. Ratoncito, adiós, no me quieras mal.”

-Selección de Alicia Misrahi

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