.las cartas más apasionadas del mundo-Cinicas II

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Lord Byron, seductor implacable, urde aquí una preciosa carta de adiós en la que la culpabilidad acaba recayendo, gracias a su habilidad, en su abandonada, Lady Caroline Lamb.
Se debe decir en descargo de Byron que parece que su mudable corazón se apasionaba en serio por cada nuevo amor y que Caroline hasta intentó suicidarse cuando el poeta la abandonó.
Sin duda, sabía expresarse: “Sabes que con gusto renunciaría a todo aquí y más allá de la tumba para tí; y si me contengo, ¿pueden mis motivos ser malentendidos?”. Bueno, pues sí renunciaría a todo, ¿por qué no lo hace…?

Lord Byron a Lady Caroline Lamb
Agosto de 1812
“Mi querida Caroline:
Si las lágrimas que ya has visto y sabes que no soy muy propenso a derramar; si la agitación con la agitación que me separé de tí. una agitación que debes haber percibido a lo largo de toda esta relación, la más nerviosa de las relaciones posibles, no comenzaron hasta el instante en que se acercaba el momento de dejarte; si todo lo que he dicho y hecho, y que sigo estando totalmente dispuesto a decir y hacer no ha demostrado lo bastante cuáles son -y han de ser siempre- mis verdaderos sentimientos para tí, amor mío, no tengo otra prueba que ofrecerte.
O, mejor, cuando tú, por un sentido del deber hacia tu marido y madre, me abandones, habras de reconocer la verdad de lo que de nuevo prometo y juro: que ninguna otra, de palabra y obra, ocupará jamás todo lo que tú el lugar en mi afecto que es y será el más sagrado para tí, hasta que yo no sea nada.
Nunca conocí hasta ese instante, la locura de… mi queridísima y más amada amiga, no puedo expresarme, no es momento, no es momento de palabras; pero siento orgullo, placer melancólico, al sufrir lo que tú misma apenas si podrías concebir porque no me conoces. Ahora voy a salir con un corazón abatido porque -mi presencia esta noche acabará con cualquier chisme absurdo que los acontecimientos del día puedan haber hecho correr- piensas ahora que soy frío, severo e ingenioso, lo piensan los otros, lo piensa incluso tu madre, esa madre por quien de hecho tanto tenemos que sacrificar, mucho, mucho más por mi parte de lo que nunca sabrá o podrá imaginar.
“Promesas para no amarte”, ah, Caroline, es una promesa pasada, pero atribuiré todas las concesiones al motivo apropiado y nunca dejaré de sentir todo lo que tú ya has visto, y todavía más, tanto que sólo podrá saberlo mi propio corazón, quizás el tuyo.
Que Dios te proteja, perdone y bendiga, por siempre, incluso más allá.
Tu más enamorado,
-Byron
P.D.: Esos sarcasmos que te han llevado a esto, mi queridísima Caroline, no iban dirigidos a tu madre ni a la amabilidad de todos tus parientes, ¿hay algo en la tierra o el cielo que me habría hecho más felíz que el haberte hecho mía hace mucho tiempo? Y no menos ahora que entonces, sino más que nunca en este momento; sabes que con gusto renunciaría a todo aquí y más allá de la tumba por tí; y si me contengo, ¿pueden mis motivos ser malentendidos? No me preocupa quién lo sepa, y qué uso se hace de ello, es para tí y sólo para tí a quien están debidos, era y soy tuyo, libre y completamente, para obedecer, honrar amar y huir contigo cuando y como tú misma puedas y quieras determinar…”

-Selección de Alicia Misrahi

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