.para Elisa

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“Cuando nació Elisa, la mujer que después sería mi madre, Rosa, lloraba, sin saber qué hacer con ese bebé en brazos, en una tierra lejana, de idioma y costumbres desconocidos, sin la ayuda de su madre y sin siquiera la hermana que emigró con ella, también casada con un hombre al que apenas conocía.
Todavía tenía hambre de madre cuando fué madre por primera vez.


Elisa se hizo madre en el mismo instante en que inspiró su primera bocanada de aire: nació para calmar la soledad de Rosa, para llenar su vacío, para transmitirle un afecto caluroso con su tierno cuerpito.
Imagino que, apenas salió al mundo, mi madre supo que su destino sería cuidar, proteger, abrazar, alimentar a todo aquel que la mirara con hambre de madre.
Elisa se dedicó a cuidar a los demás: fué enfermera de su madre, madre de sus hermanos, cocinera de su padre y símbolo de hogar para todos.
Ni siquiera advirtió que había rechazado la propuesta matrimonial de un buen candidato porque no sentía que le correspondiera el derecho de tener una familia propia y cuidar a sus propios hijos.
Desde la manera de amar que había aprendido con su madre y también con su padre, ella pertenecía a quien la necesitara.
Todos la veían como a una solterona cuando recibió una carta del hombre que la amaba, quién continuó amándola a pesar de su rechazo.
Desde una casa situada a pocas cuadras de la suya, Marcos le escribía:

Charata, 3 de septiembre de 1930
“Querida amiga Elisa:
Respecto de sus ideas sobre el amor, permítame que la contradiga. Hay en cada persona dos seres distintos, dos principios diferentes, como dice la Biblia, que luchan entre sí. No están netamente separados sino que a veces se confunden y dan lugar a un producto híbrido que no es ni bueno ni malo. Este nuevo ser, compuesto por dos partes, está apenas pronunciado, y como posee los caracteres de uno y de otro sin tener perfectamente definidos ninguno de los dos, es de difícil comprensión. No sé si me sigue.
Es precisamente la indecisión espiritual la que provoca más sufrimiento.
No siempre logramos explicarnos lo que sentimos, y el resultado continuo es una batalla continua que termina por quebrantar el cuerpo y el alma.
Los hombres son buenos, Elisa, y no dudo que una mujer como usted sea capaz de hacer que tanto él como usted sean dichosos en la vida matrimonial. No se deje llevar por el pesimismo. Usted es libre, libre, completamente libre para hacer su elección y ser feliz.
Su amigo que quiere ser bueno,
Marcos.”

-Susana Balán (Dos para el Tango)

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