.una mirada introspectiva

.una mirada introspectiva

“Al final de todas nuestras pesquisas llegaremos adonde habíamos comenzado y conoceremos el lugar por vez primera.”

-T.S.Elliot

“Cualquiera que sea tu meta a medio o largo plazo, creo que la única forma que tiene el artista de crecer en visión o poder es la de ser él mismo de manera pura, simple, desbordante y completa.

Tanto si somos artistas o científicos como artesanos, comerciantes, filósofos, médicos o abogados, todos somos creadores; y el mejor modo de crear es utilizar todo el centro de nuestro ser, esto es, hacer una unidad con el cuerpo, la mente y el espíritu.

Los maestros del Zen nos dicen que alcanzaremos de una manera natural este estado unitario si trabajamos con el corazón; con lo que nuestro trabajo se santifica y adquiere la expresión del verdadero yo.

Es el reino de la Inspiración.

Pero ¿cómo encuentras esta Inspiración?

Si prometes en secreto encontrarte a tí mismo, el proceso se desarrollará con toda facilidad y tus creaciones fluirán sin interrupción alguna.

Los occidentales derrochamos mucha energía cuando emprendemos la búsqueda de algo.

Pensamos que si actuamos con firmeza daremos con una fórmula que nos sea propicia, algo que desvele el tremendo misterio que se esconde en nuestra lucha por la expresión.

Porque la creatividad es un misterio.

Desenterrar sus tesoros es develar un gran secreto; puesto que lo que intentas explorar y desentrañar es en realidad a tí mismo.

¿Por qué te atrae tanto ese árbol hasta el punto que deseas pintarlo? ¿Por qué te subyuga la curva de ese cántaro, mientras que la forma rectilínea de ese otro te deja indiferente? ¿Por qué te sientes identificado con todo lo que ves?

O, si te sientes a la deriva, ¿adónde se ha ido parte de ti?

Si dentro de la disciplina Zen quieres apreciar el misterio que tú representas, tienes que permitir que se revele tu propio yo en vez de imponer la dirección que vas a tomar.

Más que un enfoque lógico, es un enfoque intuitivo que intenta sustituir un impulso natural hacia el exterior por una autoridad interna.

Es, además de confiar implícitamente en tí mismo, verte a tí mismo en toda tu dimensión.

Como artistas, respetamos el misterio siempre que permitimos que nuestra obra nos hable; algo así como si abrazásemos a un niño querido que nos da una sorpresa, aunque el niño tenga la cara sucia.

Hacemos honor a este misterio cada vez que comenzamos a trabajar no con la determinación de decir algo, sino con el deseo de preguntar algo, de descubrir más que de explicar.

Cuando vós mismo te abras al misterio -como hacían los artistas en la antiguedad- puede que veas tu trabajo como una oración.

Pero ahora tu rezo va dirigido a tu Inspiración, la cual, escondida entre las sombras, espera que seas lo suficientemente receptivo como para oír su voz.

Ella es tímida.

Ella necesita ser invocada; ella no es de este mundo.

Utilizo expresamente para la Inspiración el pronombre personal ‘Ella’ a fin de representar ese aspecto de nuestra naturaleza que más que activo es receptivo.

Esta mujer receptiva reside en cada uno de nosotros junto con el varón activo y el espíritu infantil y todo ello tiene que conjuntarse para que la creación tenga lugar; esta familia de tu yo en la que te conviertes constituye tu Inspiración.

Te vas engrandeciendo a medida que muestras cada una de las partes de tu ser, toda vez que te deshaces de una perspectiva para conseguir una más amplia.

Esta es la gran voz que subyace en el genio creativo procedente del sagrado triángulo que forman el cuerpo, la mente y el espíritu.

Una imagen llega a la mente del Rey Arturo mientras espera a bordo de su nave, en Avalon, a que se disipen las brumas.

Mientras que los demás se dedican a charlar o se apresuran a irse a cualquier parte a pasar el rato, Arturo espera, escucha y atisba en busca de señales.

Es entonces cuando los velos entre los mundos se descorren y se vislumbra lo eterno escondido dentro de lo temporal.

Es el momento en que Arturo ve y oye su otro lado desde el que habla su verdadero corazón.

Su inspiración, su verdadero yo, queda así revelada, y Arturo se convierte en un maestro del Zen.

Vós también podés hacerlo.”

-Jeanne Carbonetti

“La comprensión más maravillosa de todas es la del misterio”

-Albert Einstein

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