.las cartas más apasionadas del mundo-Destructivas II

.las cartas más apasionadas del mundo-Destructivas II

León Tolstoi, antes de conocer a la que sería su desgraciada esposa Sonia, reparó, cuando tenía 28 años, en una muchacha de 20 que estaba a su cargo, junto a sus hermanos, porque se había quedado huérfana.
Las dudas de Tolstoi y sus continuos cambios de opinión sobre la chica, Valeria Vladimirovna Arsénieva son vergonzosos pero la cobarde huida, acompañada de cartita afectuosa, todavía es peor.
Examinando el diario de Tolstoi vemos cómo su opinión sobre ella cambiaba cada día y, por tanto, también su forma de tratarla:

26 de junio: “Valeria con su vestido blanco. Muy dulce. He pasado uno de los días más agradables de mi vida. ¿La amaré en serio? ¿Y podrá ella amarme por mucho tiempo? Ésas son preguntas que me gustaría responder por mí mismo, pero no puedo.”
28 de junio: “Valeria está malísimamente educada y es muy ignorante, sino estúpida.”
30 de junio: “Valeria es una muchacha maravillosa, pero no me cabe duda de que no me gusta.”
12 de julio: “Valeria ha estado más agradable que nunca, pero su frivolidad y falta de interés por nada serio son horrorosas.”
10 de agosto: “Valeria y yo hemos hablado de matrimonio; no es estúpida y es extraordinariamente cariñosa”.
24 de septiembre: “Valeria es dulce, ¡pero también estúpida, lamentablemente!”

Si bien el 7 de diciembre Tolstoi le aseguraba que “Nuestro objetivo además de amarnos, es también pasar la vida juntos y cumplir con todas las obligaciones que entraña el matrimonio, el 12 de diciembre le dirigió una carta de despedida en la que le declaraba: “De todas las mujeres que he conocido, te he amado y sigo amándote más que a ninguna, pero sigue sin ser suficiente (…). Adios, mi Cristo sea contigo, querida Valeria Vladímirovna”. Por si había dudas, el 14 de enero de 1857 le escribió otra carta en la que le comentaba que se iba a París dentro de unos días “y sólo Dios sabe cuándo volveré a Rusia”. Pobres excusas baratas en una carta tan dura como cobarde:

León Tolstoi a Valeria Vladimirovna Arsénieva
“Adiós, querida Valeria Vladimirovna, mil gracias por tu amistad y perdóname, por favor, el dolor que tal vez te haya causado (…). Estoy sinceramente convencido de que harás feliz a algún hombre excelente, pero, por lo que al corazón se refiere, yo valgo menos que tu peñique y lo único que conseguiría sería hacerte desgraciada.
Adiós, querida Valeria Vladimirovna, que Cristo sea contigo; tu y yo tenemos por delante un largo y magnífico camino y quiera Dios que te conduzca a la felicidad que mereces mil veces…”

Muy bonito, si, pero la conclusión final, sin disimulo alguno es: “Ahí te quedas”…

-Selección de Alicia Misrahi

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