.las cartas escogidas de los grandes compositores-Adieu

.las cartas escogidas de los grandes compositores-Adieu

“Amor no es justicia. Amor no es deber. Tampoco es un placer.
Pero misteriosamente contiene todos estos elementos.”
-F.Liszt

La relación que mantuvo Franz Liszt con Marie d´Agoult, una aristócrata separada de su marido con quién convivió durante años y tuvo tres hijos, fué vista como escandalosa en su época. Indiscutiblemente, se adelantó a ella. Casada con el director de orquesta Hans von Bülow, su hija Cósima acabaría en brazos de Richard Wagner después de otro complicado romance, y al que Liszt durante largo tiempo… ¡se opuso! Pero lo más paradójico no es esta negativa, sino que él mismo dió la sorpresa al mundo cuando, después de una vida más que intensa, decidió ordenarse sacerdote. El siempre cáustico Rossini comentaría que por esto se había entrenado tantos años componiendo misas.

De Franz Liszt a Marie d´Agoult:
Londres, 8 de junio de 1840
“Ahora, y probablemente siempre, no puedo hacer otra cosa que vivir sola”. ¡Esto es lo que me tenías que decir! Seis años de la más absoluta devoción tenían que conducir a esta conclusión… Y así casi todo lo que dijiste. Ayer (para recordar sólo un día), en el camino de Ascot a Richmond no pronunciaste una sola palabra que no fuera una ofensa, un ultraje. Pero, ¿de qué sirve volver siempre a lo triste y contar una a una las heridas de nuestros corazones? Quizás ahora agregarías estas palabras a aquéllas que ya no puedes tolerar: “Han cambiado tanto”… Al menos esto es lo que tú dices.
Amor no es justicia. Amor no es deber. Tampoco es un placer. Pero misteriosamente contiene todos estos elementos. Hay mil maneras de experimentarlo, mil maneras de practicarlo, pero para aquéllos cuyo corazón está siempre absoluta e infinitamente sediento, sólo existe un amor, eterno, sin principio, ni fin. Se manifiesta en cualquier lugar de la tierra: por encima de la total confianza de una persona hacia otra, en la convicción suprema de nuestra naturaleza angélica, inaccesible a cualquier mancha, impenetrable para todo lo que esté fuera de él. Así que dejemos de discutir sobre las palabras (o sobre las cosas), no negociemos, no pretendamos medirlo. Si el amor sigue en el fondo de nuestros corazones, ya está todo dicho; si ha desaparecido, no hay nada más que decir. (…)
Adieu, me siento muy cansado. Me gustaría seguir hablando contigo, pero el recuerdo de tus palabras me bloquea y me enfría. Buenas noches. Que duermas bien. Mil ideas me inquietan y me irritan. ¿Podré hablar contigo? No lo sé, pero tal vez entonces mis palabras consigan ganarte otra vez. Adieu, no desespero…”

[Franz Liszt]

-Selección y texto de Rafael Esteve

2 pensamientos en “.las cartas escogidas de los grandes compositores-Adieu

  1. Ah, el paradójico Liszt… Fue bastante seductor y uno de los pianistas más prodigiosos del siglo xix. Wagner, cuya amistad se mantuvo hasta que se fugó con su hija Cósima, dijo que si las aristócratas de la época iban a ver sus conciertos privados de piano era simplemente para imaginarse como esas manos que recorrían el teclado se introducían además debajo de sus faldas… Claro que Wagner era también una buena pieza. Quizá una de las anécdotas más sublimes aconteció cuando, viviendo en Weimar Wagner y Cósima y siendo ya abate Liszt, este se desplazó hasta allí para poner de vuelta y media a Wagner por haber seducido, desposado y hacer madre (no estaba muy seguro del orden) a su hija. Literalmente Liszt estaba dispuesto, no sólo a romper por siempre cualquier vínculo afectivo con Wagner, sino a abrirle la cabeza por su osadía. Ambos ya eran mayores y para cuando Liszt llegó a a la casona donde vivían Wagner y Cósima, Richard estaba componiendo la que sería ya su última ópera, Parsifal, ya en el último tercio del XIX, una obra sacra y profunda. La escena fue la siguiente:
    Liszt, encolerizado, entra en la sala en la cual Wagner estaba componiendo al piano. Wagner le vio entrar echo un basilisco pero ni se inmutó. Liszt comenzó entonces a proferirle improperios varios en tono cada vez más desafiante, olvidando el religioso en el que se había convertido y muy en el papel de padre burlado y amigo traicionado. En medio de aquellos insultos y amenazas Wagner, posando los dedos en sus labios le pidió que se callara y que escuchara lo que estaba componiendo. Y comenzó a tocar algunas notas del Parsifal… Lo que allí escuchó el bueno de Liszt lo percibió tan sublime, que con ese simple gesto de su amigo, y ante la sacralidad que percibió en aquellas notas, toda su ira se transmutó en paz y su cólera en admiración tan profunda que a pesar de la humillante y desvergonzada actitud que Wagner había tenido, no pudo sino que exclamar: “Richard, si esa música ha brotado de ti, no puedo sino que bendecirte y bendecirte por siempre”…
    Feliz semana señorita Dakoff, con mi mayor admiración y mejores deseos.

    • ah, la música… calma a las fieras y endulza el corazón…
      que anécdota! y que bien la contaste!
      inmensamente agradecida que la hayas compartido!
      cuántas historias en esa cabecita loca! admirable…

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