.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 25

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“Campamento McBride

6 de septiembre
 Querido Papaíto:
Su carta no me llegó a tiempo (de lo cual me alegro). Si quiere que sus instrucciones
sean obedecidas, tiene que hacer que su secretario las transmita dentro de dos semanas de tiempo. Como se dará cuenta, hace ya cinco días que estoy aquí.
Los bosques están divinos y también el campamento, y los McBride y el tiempo… ¡y todo el mundo!
Soy muy feliz de estar aquí.
Ahí oigo a Jimmie que me llama para salir en canoa. ¡Adiós, Papaíto, siento mucho haberlo desobedecido! Pero ¿por qué diablos insiste usted tanto en que no disfrute yo la más mínima diversión?
¡Habiendo trabajado todo el verano, creo que me merezco dos semanas de esparcimiento! Es usted igualito al perro del hortelano.
Sin embargo, Papaíto, lo quiero pese a todos sus defectos.
Judy”
“3 de octubre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¡De vuelta en el colegio y hecha toda una senior! Además, directora del mensual. ¿No parece imposible que una persona ahora tan avanzada como yo fuera, hace apenas cuatro años, una pupila del asilo John Grier? ¡Se llega pronto en esta bendita tierra de América!
Hablando de otra cosa, ¿qué le parece la siguiente? Recibí, remitida desde Los Sauces, una notita del niño Jervie que había sido enviada allí. Me dice que lo siente mucho pero que le será imposible llegarse a Los Sauces este otoño, pues ha aceptado una invitación de unos amigos para salir en yate con ellos.
Espera que disfrute del campo y que lo pase muy bien este verano.
¡Y sabía muy bien que yo estaba con los McBride, pues Julia se lo había dicho! Los hombres deberían dejar las intrigas en manos de las mujeres, ya que a ellos les falta sutileza para mentir.
Julia trajo un baúl lleno de la ropa más arrebatadora que se pueda pedir. Un vestido de baile de satén Liberty arco iris que es una prenda digna de los ángeles del paraíso. ¡Y yo que creía que este año mis vestidos estaban muy bien! La señora Paterson me permitió que hiciera copiar todo su guardarropa por una modista barata, y aunque los trajes no salieron idénticos a los originales, yo estaba contentísima hasta que Julia abrió su baúl… ¡Ahora vivo para ver París! Estoy segura de que se alegra usted, Papaíto, de no ser
una muchacha, y que piensa que es tonto todo el barullo que hacemos por la ropa. Quizá lo sea, pero no olvide que es por culpa de los hombres. ¿Se acuerda del cuento de aquel sabio profesor que despreciaba todos los adornos superfluos
y propugnaba para las mujeres la ropa práctica y utilitaria? Su mujer, por
complacerlo, adoptó la reforma de la vestimenta y… ¿qué le parece que hizo el sabio? Pues, se fugó con una corista.
Siempre suya,
Judy
P. D. La mucama de nuestro corredor usa delantales de algodón a cuadritos. Le voy a comprar unos de color liso y arrojaré los otros al fondo del lago. Me dan escalofríos cada vez que los miro.”

“17 de noviembre

Querido Papaíto-Piernas-Largas:

Mi carrera literaria ha sufrido un contratiempo muy serio. Estuve titubeando entre contárselo o no, pero me gustaría que me compadezcan un poco. Sólo le pido que lo haga en silencio y se abstenga de reabrir la herida haciendo alusión a ello en su próxima carta.
He estado escribiendo un libro por las noches el invierno pasado, y también este verano en los ratos en que no tenía que enseñar latín a mis dos tontitas de alumnas. Lo terminé justo antes de volver al colegio y se lo envié a un editor. Como se lo guardó durante dos meses, yo ya estaba segura de que sería aceptado, Pero ayer llegó un paquete por correo (tuve que pagar treinta y cinco centavos de franqueo) ¡y ahí estaba mi novela, junto con una carta del editor! Una carta muy amable y paternal… ¡pero muy franca!
Me dice que ve, por la dirección, que todavía estoy en el colegio y que, si se lo permito, me aconseja que me concentre en mis estudios y espere a terminar mi carrera antes de escribir. La carta vino acompañada de la opinión del lector de la editorial Hela aquí: “Argumento improbable en grado sumo. Exagerada caracterización. El diálogo, poco natural. Mucho humorismo, pero no siempre del mejor gusto. Dígale que siga ensayando, que algún día puede producir un libro de verdad”.
No es muy halagador que digamos, ¿no? ¡Y yo que creía haber hecho un valioso aporte a la literatura norteamericana! De veras, Papaíto, me proponía sorprenderlo escribiendo un libro antes de recibirme. Me inspiré mientras estaba en casa de Julia, la Navidad pasada. Pero me parece que el editor tiene razón. Es posible que dos semanas sean insuficientes para observar las costumbres y el modo de ser de la gente de una gran ciudad.
Ayer a la tarde, cuando salí a caminar, me llevé el paquete en cuestión y, al pasar por la usina de gas, entré y pedí permiso al mecánico para utilizar la hornalla. Cortésmente, el hombre abrió la puertita y allí arrojé el manuscrito con mis propias manos. Me sentí como si hubiera cremado a mi único hijo.
Después me acosté, muy deprimida. Me parecía que nunca iba a servir para nada y que usted había gastado su dinero sin ningún resultado. Pero, créase o no, esta mañana me desperté con un precioso argumentó flamante en la cabeza y anduve todo el día proyectando mis personajes, tan contenta como es posible estarlo. ¡Nadie podrá acusarme nunca de ser pesimista! Creo que, si un día un terremoto me arrebatara a mi marido y seis hijos, me levantaría al día siguiente lista para comenzar una nueva colección.
Afectuosamente,
Judy”
“14 de diciembre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Anoche tuve un sueño rarísimo. Soñé que entraba en una librería y el empleado me traía un libro recién aparecido: Vida y cartas de Judy Abbott. Lo veía clarito en mi sueño: tapa roja, con una figura del asilo John Grier en la sobrecubierta y, en el frontispicio, mi retrato con una dedicatoria al pie. Pero justo cuando llegaba al final y me ponía a leer la inscripción en mi lápida… ¡me desperté! ¡Qué fastidio! Justo cuando iba a enterarme de con quién me casaría y cuándo me daría por morirme.
¿No cree que sería interesante si pudiéramos leer la historia de nuestra vida escrita por un autor omnisciente? Suponga que dicho libro no pudiéramos leerlo sino a condición de no olvidar nunca lo leído, de modo de vivir toda nuestra vida sabiendo de antemano cómo sucederían las cosas. En semejantes condiciones, ¿cuántas personas cree usted que tendrían el coraje de leerlo? ¿O cuántas podrían vencer la curiosidad y no leerlo, incluso al precio de tener que vivir la vida sin esperanzas ni sorpresas?
Ya bastante monótona es la vida de por sí. ¡Hay que comer y dormir tan a menudo!… Pero imagínese usted cómo sería de mortal esa monotonía si entre comida y comida no pudiera sucedemos absolutamente nada inesperado.
Para salir de este filosófico estado de ánimo, le comunico que este año seguiré con la biología.
Estamos estudiando el sistema digestivo. ¡Tendría que ver qué monada es el corte transversal de su duodeno visto en el microscopio! También hemos comenzado con la filosofía. Muy interesante, pero tan vaga… Prefiero la biología, ya que el asunto que se discute se deja sujetar con una pinza en un tablero de estudio.
¿Cree usted en el libre albedrío? Yo sí, absolutamente y sin reservas. No estoy de acuerdo con esos filósofos que creen que cada uno de nuestros actos es resultado directo, automático e inevitable de una combinación de causas y circunstancias remotas. Me parece una doctrina de lo más inmoral, ya que, de ser así, nadie tendría culpa de nada. Un fatalista se sienta en una silla y dice: “Que se haga la voluntad del Señor” y sigue sentado sin poner nada de su parte.
Yo creo decididamente en mi libre albedrío y en mi poder de realizar cosas por mí misma. Creo que ésa es la única creencia capaz de mover montañas. No tiene más que ver cómo me estoy convirtiendo en una gran escritora. Ya tengo termina dos cuatro capítulos de mi nuevo libro y cuatro más en borrador.
Esta carta está muy difícil de entender. ¿Le duele la cabeza, Papaíto? A mí, sí. Voy a terminar ahora y me iré a hacer unos caramelos de chocolate con las chicas, para variar de ocupación. Siento no poder enviarle un pedacito. Van a estar muy buenos, porque los haremos con crema de leche y mucha manteca.
Afectuosamente suya,
Judy
P. D. Estamos aprendiendo bailes clásicos en la clase de gimnasia. Por el dibujo que acompaño podrá ver cómo nos parecemos a un verdadero ballet. La del extremo izquierdo, la que está haciendo esa graciosa pirueta, soy yo.”
papaito 33
“Queridísimo Papaíto-Piernas-Largas:
¿Ha perdido usted la cabeza? ¿No sabe que no se puede mandar a una sola chica diecisiete regalos de Navidad? No olvide que soy socialista. ¿Quiere acaso que me convierta en una plutócrata?
Piense en lo incómodo que sería si un día nos peleáramos* ¡Tendría que alquilar un camión de mudanzas para devolverle sus regalos!
papaito 34
Me aflige pensar que la corbata que le mandé estuviera tan despareja. Por la parte de adentro se habrá dado cuenta de que la tejí con mis propias manos. La va a tener que usar en días fríos y prender todos los botones del sobretodo, para que no se vea. ¡Gracias, Papaíto, mil veces gracias! Creo que es usted el hombre más dulce que ha existido nunca… ¡y el más loco!
Judy
P. D. Ahí va un trébol de cuatro hojas que encontré en el campamento McBride. Ojalá le traiga suerte para Año Nuevo”
-J e a n W e b s t e r, “P a p a í t o p i e r n a s l a r g a s”

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