Mariposadel67

.carta de Jerusha Abbott al señor “Papaíto-Piernas-Largas Smith”, 23

Scroll down to content

papa 19

“20 de diciembre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:

Dispongo de sólo un momento, pues debo asistir a tres clases, hacer un baúl y una valija, y alcanzar el tren de las cuatro. Pero no podía marcharme sin enviarle una palabra pa
ra agradecer mi “cajón” de regalos de Navidad.
Estoy encantada con las pieles, el collar, la echarpe (los guantes, los pañuelos, los libros y la cartera) y, más que nada, lo adoro a usted. Aunque, de veras, Papaíto, no tiene por qué mimarme tanto.
Después de todo, soy humana… una chica, para peor, y corro peligro de echarme a perder para siempre.
¿Cómo quiere que me concentre en mi carrera, que exige tanto estudio, cuando usted me desvía la atención con tantas frivolidades mundanas?
Ahora tengo fuertes sospechas de cuál era el síndico que regalaba al asilo el árbol de Navidad y los helados de los domingos. No sabíamos su nombre, pero “por sus obras, lo conozco”, como dice la Biblia.
Merece usted ser muy feliz por todo el bien que hace a los demás.
Adiós. Le deseo una muy venturosa Navidad.
Siempre suya,
Judy
P. D. Yo también le envío un pequeño obsequio. ¿Cree usted que le gustaría si me conociera?”
“11 de enero
Tenía intenciones de escribirle desde la ciudad, pero Nueva York es de veras absorbente.
Lo pasé espléndido y fue una temporada muy interesante, realmente inspiradora, pero me alegro mucho de no pertenecer a semejante familia. Lo cierto es que prefiero tener por telón de fondo el asilo John Grier. Sean cuales fueren las desventajas de mi formación, al menos no hubo en ella farsa ni simulación.
Comprendo ahora lo que se quiere decir cuando se habla de estar agobiado por las cosas.
El ambiente materialista de esa casa es aplastante. No pude respirar a gusto hasta no estar en el tren, de regreso. Todo el mobiliario, suntuoso en extremo, es tallado y tapizado, pesadísimo. La gente que conocí era toda muy bien educada, magníficamente vestida y hablaba en voz baja, bien modulada, pero creo que en todo el tiempo en que estuve allí no oí una sola palabra de verdadera conversación; se lo juro, Papaíto. No creo que ninguna idea, lo que se dice idea, haya penetrado en ese domicilio desde que fue
construido.
La señora Pendleton no piensa en otra cosa que en trapos, joyas o compromisos sociales. ¡Qué madre tan distinta de la de Sallie McBride! Si alguna vez me caso y formo una familia, voy a querer que sea tan parecida a los McBride como sea posible. Ni por todo el oro del mundo quisiera que un hijo mío resultara como los Pendleton. Quizá no sea muy cortés criticar a la gente en cuya casa ha estado una viviendo. Si no lo es, le ruego me disculpe y recuerde que esto que le digo es muy confidencial y queda entre nosotros.
En cuanto al niño Jervie, no lo vi más que una vez, cuando vino a tomar el té, y ni siquiera tuve oportunidad de hablar con él a solas. Me sentí defraudada, después de nuestro compañerismo del verano pasado y de lo bien que nos encontrábamos juntos. No me parece que los quiera mucho a sus parientes y estoy convencida de que ellos a él no lo quieren nada. La madre de Julia dice que es un desequilibrado. Es socialista, declara, aunque por suerte no le da por dejarse crecer el pelo ni usar corbatas coloradas. La
señora no puede entender de dónde ha sacado esas ideas raras, ya que la familia ha sido anglicana por muchísimas generaciones y este muchacho tira su dinero en cuanta loca reforma social se le cruza en el camino, en vez de gastarlo inteligentemente en cosas como yates, petisos de polo o automóviles. Hasta aquí hablaba la señora Pendleton, pero por mi parte debo agregar que también lo gasta en bombones. Nos mandó una caja enorme para Navidad, a Julia y a mí.
¿Sabe que me parece que yo también me voy a hacer socialista? Usted no tendría inconveniente, ¿verdad, Papaíto? Es una cosa muy diferente de los anarquistas, ya que no pretenden destruir a la gente con bombas. Tal vez me cuadre muy bien ser socialista, después de todo, considerando que soy proletaria de nacimiento, pero todavía no he decidido qué clase de socialista voy a ser. Estudiaré el asunto este fin de semana y en mi próxima carta irá mi declaración de principios.
He estado en tantos teatros, hoteles y hermosas residencias, que no podría hablarle de todas, porque mi cabeza es una confusión horrible de ónix y dorados, pisos de mosaico y plantas decorativas.
Todavía no recobro el aliento con tantos esplendores, pero me alegro mucho de volver al colegio y a mis libros. Creo que eso es lo que en realidad soy: una estudiante. Encuentro este ambiente de tranquilidad académica más fortificante que el aire que se respira en Nueva York. La vida universitaria es sumamente satisfactoria; los libros, el estudio, la regularidad de las clases, lo mantienen a uno mentalmente despierto y, cuando se siente la cabeza cansada, ahí están el gimnasio y toda clase de juegos atléticos al aire libre.
Además de una gran abundancia de amigos con quien uno congenia y que piensan en idénticas cosas que uno. A veces nos pasamos la noche entera hablando, nada más que hablando, y cuando por fin nos vamos a dormir sentimos el espíritu vigorizado como si de veras hubiéramos resuelto los problemas mundiales más urgentes. Y para llenar los intersticios, mucho buen humor y toneladas de chistes tontos sobre las pequeñas
cosas que llenan nuestra vida. Todo más que suficiente para pasarla bien. ¡Y le aseguro que sabemos valorar nuestro propio ingenio! ¡Hay que ver cómo nos festejamos las bromas!
No crea usted, Papaíto, que son los grandes placeres de la vida los que cuentan, sino el saber aprovechar al máximo los pequeños. He descubierto que el verdadero secreto de la felicidad es el siguiente: vivir el momento presente. No pasarse la vida lamentando el pasado o anticipando el futuro, sino sacarle el goce máximo al preciso momento que vivimos. Es lo mismo que en la agricultura, que puede ser intensiva o extensiva. Pues bien: de ahora en adelante, voy a vivir mi vida intensamente. Voy a gozar de cada segundo de mi existencia y voy a saber que lo estoy gozando, mientras lo gozo. La mayoría de la gente no vive sino que corre. Tratan de alcanzar una meta, allá lejos, en el horizonte, y en el calor de la carrera se sofocan tanto que pierden de vista el hermoso y tranquilo paisaje que van atravesando. Y cuando se acuerdan, son viejos y están cansados y entonces ya no les importa haber alcanzado la meta o no.
Por mi parte, he decidido amontonar felicidades pequeñas, muchas de ellas, aunque no llegue nunca a ser una escritora notable. ¿Ha visto usted cómo me estoy convirtiendo en una gran filósofa?
Siempre suya,
Judy
P. D. Está lloviendo a cántaros, pero ¿a quién le importa?”
“Querido camarada:
Soy una fabiana. Eso quiere decir un socialista que está dispuesto a esperar, que no quiere que la revolución social llegue pasado mañana, ya que tal cosa traería demasiados disturbios. Queremos, en cambio, que llegue muy despacito y gradualmente, en un futuro lejano, cuando estemos preparados y podamos soportar el choque.
 Entretanto, debemos anticiparnos instituyendo reformas industriales, educativas, y de los asilos de huérfanos, por supuesto.
Suya, con fraternal amor,
Judy”
“Lunes, en la tercera hora.
11 de febrero
Querido P. P. L.:
No se sienta ofendido porque le escriba tan corto. Ésta no es una carta sino una línea,  para decirle que le escribiré una carta en cuanto hayan pasado los exámenes. Ahora
es preciso no solamente pasarlos, sino aprobarlos. Tengo que hacer honor a mi beca.
Suya, estudiando fuerte,
J.A.”
“5 de marzo
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
El presidente del colegio, señor Cuyler, pronunció hoy un discurso sobre la superficialidad e impertinencia de la nueva generación. Dice que estamos perdiendo los viejos ideales del esfuerzo personal y de la verdadera erudición; esta decadencia se nota en especial en nuestra actitud irrespetuosa para con las autoridades constituidas. Ya no observamos una decorosa deferencia hacia nuestros superiores.
Cuando salí de la capilla me sentí muy juiciosa y modosita.
¿Es cierto que soy demasiado confianzuda, Papaíto? ¿Acaso debería tratarlo a usted con mayor dignidad y guardar mejor las distancias?… Sí, estoy segura que sí. De modo que voy a empezar de nuevo:
Mi querido señor Smith:
Se alegrará usted de saber que aprobé todos exámenes de mitad de año y empiezo ahora el trabajo del segundo semestre. Voy a abandonar la química —habiendo terminado con el análisis cuantitativo — y voy a iniciar el estudio de la biología. Me aboco a este estudio con cierto temor, ya que, según tengo entendido, disecaremos lombrices y ranas con escalpelo.
La semana pasada tuvimos una conferencia muy interesante y valiosa sobre los restos romanos de la Francia meridional. Nunca he oído una exposición más ilustrativa del tema.
En la clase de literatura inglesa estamos leyendo un poema de Wordsworth titulado La abadía de Tintern. Es una composición exquisita e ilustra a la perfección los conceptos del panteísmo. El movimiento romántico, ejemplificado en poetas como Shelley, Byron, Keats y Wordsworth, me atrae mucho más que el período clásico que le precede. Y hablando de poesía, ¿leyó ese encantador poemita de Tennyson llamado Locksley Hall?
 Últimamente asisto al gimnasio con absoluta regularidad, ya que se ha instituido un sistema de censores y, en consecuencia, no cumplir los reglamentos acarrea muchos inconvenientes. El gimnasio está equipado con una pileta de natación hecha de cemento y mármol, obsequio de una egresada. Mi compañera de cuarto, Sallie McBride, me regaló su traje de baño porque se le encogió tanto que ya no lo puede usar. Estoy por empezar a tomar lecciones de natación.
Anoche tuvimos de postre un delicioso helado color rosa. Se utilizan únicamente tinturas vegetales para colorear los alimentos, ya que el colegio, por motivos estéticos tanto como de higiene, se opone firmemente al uso de las anilinas.
Hace poco tuvimos un tiempo ideal: sol radiante, apenas alguna nube, intercalada con unas cuantas tormentas de nieve, que son siempre bienvenidas. Mis compañeras y yo hemos disfrutado en camino a y de las clases. Especialmente “de”…Esperando, querido señor Smith, que ésta lo encuentre a usted en su habitual estado de buena salud,
Quedo de usted muy cordialmente,
Jerusha Abbott”
“24 de abril
Querido Papaíto:
De nuevo en primavera. Tendría usted que ver cómo está de hermoso el parque del colegio. Me parece que podría muy bien venir a convencerse por sí mismo. El niño
Jervie estuvo a vernos de nuevo el viernes, pero escogió un momento muy poco propicio. En ese preciso instante, Sallie, Julia y yo salíamos corriendo a alcanzar el tren para asistir al baile de Princeton y al partido de pelota del día siguiente, ¿qué le parece? No le pedí permiso porque sospechaba que su secretario iba a decirme que no. Pero todo fue muy correcto y bien organizado: conseguimos licencia en el colegio y la señora McBride ofició de chaperona.
Nos divertimos muchísimo y todo fue encantador, pero debo omitir detalles… Son demasiados y muy complejos.”
“Sábado
papaito 30
¡Arriba antes del amanecer! El sereno nos llamó (a seis de nosotras) y nos hicimos café en un calentadorcito. ¡En mi vida he visto tanta borra!
Luego hicimos a pie cuatro kilómetros hasta el tope de la Colina de un Solo Árbol, para ver la salida del sol. ¡Cómo tuvimos que trepar por la última ladera!… ¡El sol casi nos gana!… ¡Y hay que ver con qué apetito regresamos a desayunarnos!
Dios mío, Papaíto, hoy parece que mi estilo está muy exclamativo. Esta carta está salpicada de signos de admiración.
Pensaba haberle escrito largo y tendido sobre los brotes de los árboles, el nuevo camino
de pavesas del campo de atletismo y la terrible lección de biología que tenemos para mañana, de las canoas nuevas que hay en el lago, de la pulmonía de Catalina Prentiss y del gatito de Angora del presidente, que se escapó del hogar y vivió dos semanas en Fergussen hasta que lo denunció una mucama. Y por último, de mis vestidos nuevos —blanco, rosa y de lunares azules—, con sombreros haciendo juego.
Pero tengo demasiado sueño. Siempre estoy disculpándome con esa razón, ¿no es cierto? Es que un colegio de chicas es un lugar de mucho ajetreo y una está realmente cansada
cuando llega el fin del día. Especialment e cuando el día ha comenzado al amanecer.
Afectuosamente,
Judy”
papaito 31

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: