.el apicultor

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“Aurélien Rochefer se había hecho apicultor por afición. No es que estuviera ansioso de riquezas ni que, cosechando miel, tuviera la menor posibilidad de enriquecerse, sino que, en todas las cosas, buscaba lo que él llamaba, de forma muy singular, el oro de la vida.

Era un ser en busca de la belleza. en su opinión, la existencia sólo valía la pena vivirla por los pocos instantes de magia pura que la salpicaban..
En 1885, Aurélien cumplió veinte años y comenzó a soñar con las abejas. Tenía el proyecto de construir una docena de colmenas y hacer miel. Sabía que iba a convertirse en el único apicultor de Langlade, y la miel que vendería sería la mejor de toda la Provenza.
Y este proyecto, por insólito que fuera, bastaba para hacer de su vida un sueño.
Las abejas pueden morir de amor por una flor.
Las abejas pueden morir de amor.
Las abejas pueden.
En verdad, no se sabe nada del poder de las abejas.”

Maxence Fermine

 

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