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Nino Migliori©-“Gente del Sud” 1956

 

“Cuando teníamos tan solo cuatro años, probablemente pensábamos: solo soy un niño de cuatro años, un hijo o una hija, un hermanito o una hermanita.

Pero, de hecho, éramos ya una madre, un padre.
Todas las generaciones pasadas y futuras estaban allí, en nuestro cuerpo. Cuando demos un paso sobre la hierba verde en primavera, caminemos
de tal manera que permita que todos nuestros antepasados den el paso con nosotros.
La paz, la alegría y la libertad de cada paso penetrarán en cada generación de nuestros antepasados y descendientes.
Si andamos con la energía del mindfulness, veremos con cada paso a incontables generaciones de antepasados y descendientes andando con

nosotros.

Al respirar, debemos sentirnos livianos, tranquilos, a gusto.
Respiremos de manera que todas las generaciones de antepasados y descendientes respiren con nosotros.
Solo entonces estaremos respirando según las enseñanzas más sublimes.
Tan solo necesitamos un poco de atención plena, un poco de concentración para poder mirar profundamente y comprender.
Al principio podemos usar el método de la visualización para ver a todos
nuestros antepasados dando un paso con nosotros.
Gradualmente, irá desapareciendo la necesidad de visualizar.
Veremos que cada paso que damos es el paso de todas las personas del pasado y del futuro.
Cuando cocinemos un plato que nos enseñó nuestra madre o nuestro padre, un plato que se ha transmitido a través de las generaciones de nuestra familia, deberíamos mirarnos las manos y sonreír, porque esas manos son las manos de nuestra madre, las manos de nuestra abuela.
Quienes hicieron ese plato lo están haciendo también ahora.

Cuando estemos en la cocina guisando, podemos ser plenamente conscientes; no tenemos que entrar en una sala de meditación para practicarlo.

En el pasado, ¿jugaba tu abuelo al voleibol? ¿Hacía tu abuela footing todos los días? ¿Tuvo la oportunidad de poner atención en el momento presente mientras andaba o corría?
Cuando corramos, debemos permitir que nuestra abuela corra en nuestro interior.
Tu abuela está en cada célula de tu cuerpo.
Llevas a todos tus antepasados en tu interior cuando haces footing, cuando meditas al andar y cuando pones plena atención en el momento presente.
Tal vez las generaciones anteriores no tuvieron la oportunidad de
practicar así.
En este momento, ya practiquemos el andar, correr o respirar conscientemente, tenemos la oportunidad de llevar felicidad y alegría a innumerables generaciones de antepasados.
Cuando nos atormentamos con preguntas como: ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿fui querido?, ¿cuál es el sentido de mi vida?, sufrimos porque estamos atrapados en la idea de un yo separado.
Pero si observamos en profundidad, podemos practicar el no yo,

que es la comprensión de que no somos un yo separado, sino que estamos vinculados con nuestros antepasados y con todos los seres vivos e inanimados.

La psicoterapia occidental pretende ayudar a crear un yo que sea estable y sano.
Pero puesto que, en Occidente, la psicoterapia está todavía atrapada en la idea del yo, solo puede producir una pequeña transformación y una curación ligera; no puede llegar muy lejos.
Mientras estemos atrapados en la idea de un yo separado, la ignorancia seguirá reinando en nosotros.
Cuando veamos la relación íntima entre lo que es yo y lo que es no yo, se pondrá fin a la ignorancia y desaparecerán el sufrimiento, la ira, los celos y el
miedo.
Si podemos practicar el no yo, seremos capaces de ir más allá de las preguntas que tanto hacen sufrir a los seres humanos.
Somos una prolongación de la corriente de la vida.
Tal vez nuestros padres no fueron capaces de apreciarnos, pero nuestros abuelos y nuestros antepasados querían que naciéramos.
La verdad es que nuestros abuelos, nuestros antepasados, siempre quisieron
que fuéramos su prolongación.
Si somos capaces de aprehender esto, no sufriremos tanto por la conducta de nuestros padres.
A veces nuestros padres están llenos de amor, y a veces, de ira.
El amor y la ira no vienen solo de ellos, sino de todas las generaciones
anteriores.
Cuando logremos comprenderlo, ya no culparemos a nuestros padres de

nuestro sufrimiento.”

-Thich Nhat Hanh

 

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