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“No es fácil dejar de lado la opinión de que somos fundamentalmente defectuosos.

Recibimos tantos mensajes en nuestra vida cotidiana que nos dicen que no somos lo suficientemente inteligentes, lo suficientemente hermosos o lo suficientemente exitosos.

Si pudiéramos trabajar más duro, comer más saludablemente o estar un poco menos estresados, entonces tal vez, sólo tal vez, finalmente nos sentiríamos bien.

La suposición básica en estos mensajes es que no somos lo suficientemente buenos, y tal vez nunca lo seremos.

No importa lo que logremos en la vida, cómo nos veamos o cuán lejos subamos de categoría en numerosos campos.

Siempre hay algo que falta.

Y lo que sucede es que no consideramos lo principal…la conciencia.

La conciencia es como un hilo que recorre cada experiencia que tenemos.

Nuestros pensamientos y emociones cambian constantemente.

Nuestras reacciones y percepciones van y vienen.

Sin embargo, a pesar de estos cambios, la conciencia siempre está presente…abierta como el cielo, inmensamente profunda y vasta como el océano, y estable como una montaña.

Y aunque no lo hayamos considerado…La conciencia no mejora cuando tenemos un pensamiento inspirado o una emoción sublime.

No empeora cuando estamos completamente neuróticos.

La conciencia simplemente es.

No es algo que hacemos.

Es quienes somos.

Lo que cambia es nuestro personaje, o personalidad.

Ese al que nos referimos cuando decimos “ser la mejor versión de nosotros mismos” …cuando en realidad, no es lo que somos.

Dado que la conciencia siempre está ahí, lo único que debemos hacer es reconocerla.

No necesitamos mejorarla, y no podríamos incluso si lo intentáramos.

Es sólo saber: presencia sin esfuerzo.

¿Quién está leyendo esto ahora? ¿Quién está teniendo esta experiencia? Es la conciencia.

Esta conciencia es quienes somos ahora, en este mismo momento.

Esta presencia sin esfuerzo no es un estado en blanco y sin vida.

Está viva y profundamente comprometida con el mundo.

Cuando simplemente estamos presentes con lo que sucede dentro y alrededor de nosotros, surge un sentido natural de amor y compasión.

Al igual que la conciencia, estas cualidades no son algo que tengamos que desarrollar o cultivar.

Son cualidades permanentes de nuestra verdadera naturaleza.

Las semillas de la compasión y el Amor están siempre presentes.

El amor y la compasión están presentes cuando menos esperamos que lo estén.

Incluso están presentes dentro de emociones dolorosas como el miedo y la ira.

Mientras la conciencia esté presente, el amor y la compasión también están presentes.

Otra cualidad esencial de nuestra esencia es la sabiduría.

Cada uno de nosotros tiene una profunda sabiduría.

Puede que no siempre lo notemos, pero está ahí.

La sabiduría es la compañera constante de nuestra búsqueda interminable.

En algún nivel profundo, sabemos cuándo estamos buscando en el lugar correcto.

Y cuando nos entregamos a un viejo hábito, sabemos cuándo nos estamos desviando.

No siempre escuchamos esa voz, pero está ahí.

Somos como un pájaro, volando de árbol en árbol buscando nuestro nido.

Cuando comenzamos a virar desde el hacer al ser, al menos en una pausa de nuestras ocupaciones, sentimos esa sensación de estar finalmente en casa.

Podemos soltar la búsqueda y relajarnos.

Nadie necesita decirnos esto cuando sucede.

Ese conocimiento intuitivo es sabiduría. 

Cada pensamiento, cada emoción y cada impulso están enraizados en esa sabiduría.

Sólo necesitamos reconocerla.

Si la conciencia, la compasión y la sabiduría fueran cualidades que pudiéramos alcanzar o desarrollar, tendría mucho sentido esforzarnos para cultivarlas.

Pero no tenemos que cultivarlos porque son parte de nuestra naturaleza básica.

Ya las tenemos.

Cualquier intento de cambiar, arreglar o mejorar lo que está sucediendo en el momento presente refuerza la vieja creencia de que nos estamos perdiendo algo.

Por otro lado, si no hacemos nada, estamos justo donde comenzamos.

Nada cambiará.

La clave de esta paradoja es el reconocimiento.

Lo esencial en nosotros no es algo que debamos hacer, sino reconocer. 

Cuando lo hacemos podemos actuar en consciencia con sabiduría, compasión y el amor.

Una manera simple de realizar esto es hacer una pausa de vez en cuando para simplemente ser

Si tu meditación habitual es concentrarte en la respiración, deja la meditación de vez en cuando y simplemente sé

No controles tu atención de ninguna manera.

La atención es como una brisa; la conciencia es como el cielo mismo.

Siempre está en calma.

Cualquier pensamiento y sentimiento que surja… déjalo en paz.

No hay una sola experiencia que pueda obstaculizar la conciencia.

Simplemente déjalos a todos allí, y observa que la conciencia siempre está ahí también.

Si eres consciente de tu conciencia, es suficiente.

Esto se sentirá raro al principio.

Incluso puede ser inquietante, y es casi seguro que experimentarás el impulso de hacer algo como forzar la atención.

Eso es normal.

A medida que te familiarices con esta calidad de ser, entonces con más facilidad verás que la compasión y la sabiduría están ya aquí.

Te darás cuenta de que nunca serás más perfecto de lo que eres ahora, en este mismo momento.

Y las bendiciones fluyen!”

-Tahíta

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