.el ojo del Pintor

.el ojo del Pintor

“En sus últimos años de vida, Cézanne sufrió hasta el paroxismo a causa de las dudas que albergaba sobre su genio. ¿Era posible que su arte hubiera sido sólo una excentricidad de su de visión, no imaginación y talento protegidos por una estética vigilante? En su excelente ensayo sobre Cézanne, Sentido y sinsentido, Maurice Merleau-Ponty dice: «Al envejecer, se preguntó si la novedad de su pintura no provendría de algún problema de visión, si toda su vida no habría estado basada en un accidente del cuerpo.» Cézanne pensaba cuidadosamente cada pincelada, luchando por captar el sentido más pleno del mundo, como Merleau-Ponty describe tan bien: Vemos la profundidad, la textura, la lisura o rugosidad de los objetos; Cézanne incluso decía que veíamos su olor. Si el pintor quiere expresar el mundo, la disposición de sus colores debe llevar consigo ese todo invisible; de otro modo, su pintura sólo apuntará a las cosas sin darles la unidad imperiosa, la presencia, la insuperable plenitud que para nosotros es lo que define lo real. Por eso cada pincelada debe satisfacer una cantidad infinita de condiciones. Cézanne, en ocasiones, pensaba durante horas una pincelada pues, como decía Bernard, cada pincelada debe «contener el aire, la luz, el objeto, la composición, el carácter, la silueta y el estilo». Expresar lo que existe es una tarea interminable. Al abrirse totalmente a la plenitud de la vida, Cézanne se sentía el conducto por el que se comunicaban la naturaleza y la humanidad («El paisaje mismo piensa en mí. (. . .) Soy su conciencia.») y trabajaba en todas las diferentes secciones de un cuadro al mismo tiempo, para de ese modo poder captar los muchos ángulos, medias verdades y reflejos que tiene una escena, y fundirlos en una versión conglomerada. «Se consideraba impotente, escribe Merleau-Ponty, «porque no era omnipotente, porque no era Dios y aun así quería retratar el mundo, transformarlo completamente en un espectáculo, hacer visible el modo como el mundo nos toca.» Cuando se piensa en las masas de color y forma de sus pinturas, quizá no sorprenda saber que Cézanne era miope, aunque se negaba a utilizar gafas, y se dice que las rechazaba exclamando: «iSaquen de aquí esas cosas vulgares! » También sufría de diabetes, lo que pudo causarle alguna perturbación retiniana, y con la edad tuvo asimismo cataratas. Huysmans una vez lo describió, capciosamente, como «un artista que tenía la retina enferma y, exasperado por su defecto visual, descubrió las bases de un arte nuevo». Nacido en un universo diferente del de la mayoría de la gente, Cézanne pintó el mundo que veían sus ojos ligeramente peculiares, pero eso le torturaba. En cambio, el escultor Giacometti, cuyas figuras alargadas y estiradas parecen muy deliberadamente distorsionadas, confesó una vez con buen humor: «Todos los críticos hablan del contenido metafísico o el mensaje poético de mi obra. Pero para mí no hay nada de eso. Es un ejercicio puramente óptico. Trato de representar una cabeza tal como la veo.» Recientemente, se han descubierto muchos datos sobre los problemas de visión de ciertos artistas, cuyas gafas y fichas médicas se han conservado. El cuadro Lirios, de Van Gogh, se vendió en Christie’s en 1988 por cuarenta y nueve millones de dólares, dato que a él seguramente le habría divertido, puesto que en toda su vida vendió sólo un cuadro. Aunque es más conocido el episodio en que se cortó una oreja, Van Gogh también se golpeó con un martillo, iba a varios servicios religiosos cada domingo, dormía sobre una tabla, tenía extrañas alucinaciones religiosas, bebió keroseno y comió pintura. Algunos investigadores han llegado a pensar que ciertos rasgos estilísticos de este pintor (por ejemplo los halos alrededor de las luces de la calle) pudieron no ser distorsiones intencionadas sino el resultado de la enfermedad o, en realidad, consecuencia de la intoxicación con los disolventes de pintura y resinas que empleaba, que le habrían afectado los ojos haciéndole ver esos halos alrededor de las luces. De acuerdo con Patrick Trevor-Roper, cuyo libro The World Through Blunted Sight estudia los problemas visuales de pintores y poetas, algunos de los diagnósticos posibles de la depresión de Van Gogh «han incluido tumor cerebral, sífilis, deficiencia de magnesio, epilepsia temporal, envenenamiento con digita (que tomaba como tratamiento para la epilepsia y que podría haber provocado la visión amarilla) y glaucoma (algunos autorretratos muestran dilatada la pupila derecha)». Más recientemente, en un congreso de neurología celebrado en Boston, un científico agregó el síndrome de Geschwind, un desorden de la personalidad que suele acompañar a la epilepsia. El médico que atendía a Van Gogh dijo refiriéndose a él: «El genio y la locura son vecinos.» Muchos de esos males pudieron afectar su visión. Pero también es importante señalar que los pigmentos brillantes que utilizaban los pintores contenían metales tóxicos como cobre, cadmio y mercurio. Los vapores y tóxicos pudieron pasar fácilmente a la comida ya que los pintores con frecuencia trabajaban y vivían en el mismo cuarto. Cuando el pintor de animales George Stubbs (siglo XVIII) fue a pasar su luna de miel, se alojó en un chalet de dos plantas, en una de las cuales colgó el cuerpo semipodrido de un caballo, que aplicadamente diseccionaba en sus momentos libres. Renoir era un gran fumador, y es muy probable que no se molestara en lavarse las manos antes de enrollar un cigarrillo, de modo que la pintura de sus dedos seguramente pasaba al papel. Dos médicos daneses, al estudiar la relación entre la artritis y los metales pesados, han comparado los colores favoritos de Renoir, Pedro Pablo Rubens y Raoul Dufy (todos enfermos de artritis) con los de sus contemporáneos. Cuando Renoir elegía sus rojos, naranjas y azules brillantes, también estaba eligiendo grandes dosis de aluminio, mercurio y cobalto. De hecho, más del sesenta por ciento de los colores preferidos por Renoir contenían metales peligrosos, el doble de la cantidad empleada por contemporáneos suyos como Claude Monet o Edgar Degas, quienes preferían pigmentos más oscuros hechos con compuestos de hierro, más inofensivos. Según Trevor-Roper, existe una personalidad miope que artistas, matemáticos y gente de letras tienden a compartir. Tienen «una vida interior diferente de la de los demás, una personalidad diferente, porque sólo tienen acceso al mundo inmediato. La imaginería, en su trabajo, gira alrededor de cosas «que pueden ser vistas desde muy cerca», y son más introvertidos. De la miopía de Degas, por ejemplo, dice: Con el paso del tiempo, se vio reducido a pintar al pastel en vez de al óleo, por ser una técnica más fácil para su mala vista. Después descubrió que utilizando fotografías de los modelos que quería pintar podía acercarlos cómodamente a su limitado radio focal. Y al fin se dedicó cada vez más a la escultura, con la cual, al menos, podía estar seguro de poder confiar en su sentido del tacto; decía: «Ahora debo aprender el oficio de un ciego», aunque en realidad siempre había mostrado interés por el modelado. Trevor-Roper señala que el mecanismo que produce miopía (la elongación de la pupila) afecta también a la percepción del color (los rojos aparecen más definidos); las cataratas pueden afectar al color, haciendo que éste se confunda y enrojezca a la vez. Piénsese en Turner, cuyas últimas pinturas describió Mark Twain una vez como realizadas por «un gato que ha tenido un ataque dentro de una lata de tomates». O la «creciente fascinación por los rojos» de Renoir. O Monet, cuyas cataratas fueron tan graves que tuvo que rotular sus tubos de colores y disponerlos por orden en la paleta. Se dice que, después de una operación de cataratas, Monet se sorprendió de lo azul que se veía el mundo, y que se apresuró a retocar los extraños colores que veía en sus cuadros recientes. Una teoría sobre la creación artística dice que los artistas extraordinarios vienen a este mundo con un modo diferente de ver. Lo que no explica el genio, por supuesto, que tiene mucho que ver con el riesgo, el inconformismo, una ardiente caldera emocional, un sentido del decoro estético, una feroz avidez, una curiosidad sin trabas, y muchas otras cualidades, entre ellas la disposición a entregarse plenamente a la vida y a detenerse tanto en su dibujo general como en sus menores detalles. Como dijo una vez la muy sensitiva pintora Georgia O’ Keefe: «En cierto modo, nadie ve en realidad una flor, es algo tan pequeño, y no tenemos tiempo…Porque ver requiere tiempo, así como lo requiere el tener un amigo. » ¿Qué clase de visión novedosa traen consigo los artistas al mundo mucho antes de desarrollar una visión interior? Esa pregunta, lo mismo que a otros artistas, preocupó a Cézanne, que sentía que la respuesta representaría una diferencia en lo que terminaría pintado. Cuando todo ha sido dicho y realizado, todo se resume en lo que decía Merleau-Ponty: Para ese trabajo, se necesitaba esa vida.” -Diane Ackerman (“Una Historia natural de los Sentidos”)

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