.las cartas escogidas de los grandes compositores-amistades barrocas

.las cartas escogidas de los grandes compositores-amistades barrocas

Las muestras de amistad pueblan el fondo epistolar de cualquier ser humano. De entre la de los músicos, hemos escogido sólo una. La situación que describe tal vez provoque una sonrisa, pero vuelve a poner en evidencia la imcomprensión que despiertan en su entorno aquellas vidas que por una u otra razón escapan a las convenciones de su tiempo.
El hecho de que Vivaldi, conocido como il prete rosso (“el cura rojo”) por el color de su pelo y un oficio de sacerdote que no llegó a ejercer; viajara casi siempre con un alegre séquito de muchachas, dio pie a muchos rumores. La cantante Ana Giró (o Giraud por su origen francés), también llamada Annina della Pietá, era una de ellas. La amistad, o tal vez amor, que les unió fué la causa del veto que narra la siguiente carta. Su sobrenombre proviene del Ospedale della Pietá de Venecia, el orfanato y escuela de música femenino donde Vivaldi trabajó durante años y para cuyas alumnas compuso la mayor parte de sus obras. La institución era conocida en toda Europa por su altísimo nivel musical.

De Antonio Vivaldi a Guido Bentivoglio d´Aragona:
Venecia, 16 de noviembre de 1737
“Excelencia:
Después de tantas intrigas y molestias, al final se ha echado a perder la ópera de Ferrara. Hoy me ha llamado Monseñor; el nuncio apostólico, y ha ordenado en nombre de Su eminencia que no acuda a Ferrara a la ópera, y ello porque soy sacerdote sin celebrar misa y porque tengo una amistad con la cantante Giró. Después de un golpe tan fuerte, puede imaginarse V.E. (1) mi estado. Sobre mis hombros pesan los contratos por un valor de más de seis mil ducados que fueron firmados para esta ópera, y hasta el momento he desembolsado más de cien mil cequíes. Resulta imposible hacer la ópera sin la Giró, pues no puedo encontrar prima donna semejante. Tampoco puedo dejar que se haga la ópera sin mí, pues no quiero confiar tanto dinero a unas manos desconocidas. Por otro lado, estoy ligado a los contratos, lo que supone un mar de desgracias. Lo que más me entristece es que Su Eminencia Ruffo (2) le haga a esta pobre muchacha un oprobio como el mundo no le ha hecho jamás. Desde hace catorce años hemos viajado juntos por la mayoría de las ciudades europeas, y en todas partes se admiró su decencia, y lo mismo puedo decir de Ferrara. (…) Hace ya veinticinco años que no celebro misa, y no lo volveré a hacer nunca, no por prohibición o mandato, como podrá saber Su Eminencia, sino por otros motivos, debido a una enfermedad que padezco desde que nací, que me atormenta en gran medida. Apenas ordenado sacerdote, celebré misa durante algo más de un año y abandoné porque debido a mi malestar tuve que bajar tres veces del altar sin terminar la misa. Por eso hago casi toda mi vida en casa y sólo salgo en góndola o en coche, pues a causa de mi enfermedad pulmonar ya no puedo ni andar.
Ningún noble me invita a su casa ni siquiera nuestro dux (3), pues todos conocen mi enfermedad. Habitualmente puedo salir de casa justo después de comer, pero nunca a pie. Ese es el motivo por el que no celebro misa. He estado en tres carnavales en Roma para representar óperas, y V.E. sabe que nunca he celebrado misa y trabajado en el teatro, y se sabe qeu incluso Su Santidad quería oírme tocar y que he recibido muchas muestras de simpatía. He sido invitado a Viena y no he celebrado misa nunca. En Mantua he estado tres años al servicio del muy noble príncipe de Darmstadt con esta señorita que siempre fué tratada con la máxima simpatía. (…) Mis viajes han costado siempre mucho dinero, pues siempre los he hecho con cuatro o cinco personas que me asistían. Todo lo bueno que puedo aportar lo hago en casa, en el escritorio. Por ello tengo el honor de mantener correspondencia con nueve príncipes y mis cartas viajan por toda Europa. Por ello le he escrito al señor Mazzucchi para decirle que no puedo ir a Ferrara si no me pone su casa a su disposición. En pocas palabras: todo se debe a mi enfermedad y estas jóvenes me cuidan mucho, pues conocen todos mis males. (…)”

-Antonio Vivaldi

[.En otro de sus dramáticos giros, la rueda de la fortuna llevó a nuestro endeble y colosal prete rosso hasta Viena, donde murió en la más absoluta de las miserias. Debemos parte de su redescubrimiento a la admiración que le profesara J.S. Bach, quién copió y adaptó para clavicémbalo u órgano algunas de sus obras]

(1) Vuestra Excelencia
(2) Tomasso Ruffo (1664-1753), cardenal arzobispo del estonces feudo papal de Ferrara
(3) Gobernante electo y vitalicio de la también entonces, República de Venecia

-Selección y texto de Rafael Esteve

10 pensamientos en “.las cartas escogidas de los grandes compositores-amistades barrocas

  1. Mi apreciado “Antonino”, segundo de mis venecianos predilectos,(contemporáneos ambos y casi igualmente amantes del carnaval), sacerdote “de aquella manera” y, fueran las malas lenguas o no, seguramente amante de la Giró, aunque en la época iban más lejos, pues la hermanastra de Anna, Paolina, también les acompañó casi contantemente (de hecho era quién principalmente atendía a Vivaldi de su asma y necesidades varias) y las habladurías, en el populacho y también en las diversas cortes, era que no sólo en su cuidado se turnaban… maledicencias supongo, pues yo siempre sentí que amó, aunque fuera a su manera, a Anna, la mayor de las Giró. Como también creo que el asma era sólo una excusa para no oficiar misa, pues si bien aunque desde principios del XVIII ya dejó de hacerlo aduciendo su enfermedad, si que viajó casi contantemente por toda Europa, y digo yo, que por mucho carruaje y precaución, tanto traslado justamente le hubiera aquejado más incluso que una misa aquí o allá, pero esto me habla de que quizá, fuera realmente piedad y cuestión moral su renuencia a las misas, pues su corazón y sus plegarias forzosamente se inclinaban hacia otros menesteres, quizá menos sacros en apariencia, pero igualmente fieles a lo que verdaderamente era su voluntad, la amistad, la devoción en doble dirección y también la segura admiración hacia su amiga, su amante, su musa, la sensible y atenta cantante (auténtica prima donna) señorita Anna Giró.
    Incluso, unos años después, dos o tres creo recordar, de esta misiva en que Vivaldi se refiere a Bentivoglio, el arzobispo de Ferrara le puso un espía de la inquisición para que le siguiera, y por si fuera vuestro interés signorina Dakoff, le trascribo aquella nota del espía, que se expresaba así:

    «Durante una cena en la embajada española, hubo música cantada por la cantante conocida como la Giró que vive en casa del abate Vivaldi. El abate la acompañaba al clave, al tiempo que indicaba y marcaba el compás a los instrumentos, que no eran muchos pero todos excelentes. La música sonó hasta las 3 de la madrugada, momento en el que todos se fueron a sus casas. Vivaldi se fue a la suya con la cantante Giró».

    En cierto modo aquello le mató, pues sólo meses después, Vivaldi abandonó Venecia, para nunca más volver…
    Y fue en Viena, donde la muerte del emperador no le ayudó precisamente, donde dejó su último rastro…
    Ya enfermo, arruinado posiblemente, desprestigiado por una iglesia y una sociedad hipócrita que, como bien decís en la entrada de esta carta de hoy, ” la incomprensión que despiertan en su entorno aquellas vidas que por una u otra razón escapan a las convenciones de su tiempo”, le sumió en el olvido (cierto paralelismo con Mozart, enterrado incluso en una fosa común). Sabe señorita Dakoff que no fue hasta el siglo XIX que toda Europa rescató del olvido la música de Vivaldi? Y fue gracias a estudiosos de Bach… Sí, Bach (el más importante músico de todo el barroco) que admiró tan profundamente a Vivaldi que trascribió en vida de ambos diversas piezas (sobre todo fugas) del veneciano, y casi dos siglos después, estos estudiosos de Bach se preguntaron, quién era este Vivaldi al que el maestro quiso trascribir?… Y recuperaron su música, y su recuerdo, y sus cartas, y quizá también hasta su alma del injusto y voraz olvido…

    Signorina Dakoff, me permito traer una música del maestro que siempre me pareció muy de su alma y su corazón, muy del espíritu cortesano de la época y veneciana al extremo… Su “Extravaganza”…
    Con mis mejores deseos y acompañando las intempestuosas tormentas primaverales de su Bs As, le deseo una primavera con un verdadero espíritu de instalarse entre vos, al menos hasta que el verano traiga su rigor y su correspondiente luz.
    Con afecto, mucho.
    Ricardo.

    • Bueno… qué decir… me dejaste sin palabras…
      Creo que tendria que pasarte a vós, mejor, las cartas, para que me hagas los preámbulos… (suenan tan bien con tus letras!) … cuando decian que eras el hombre de los dossieres, no estaban errados! 🙂
      Preciosa Extravaganza. Una delicia. Muchas muchas gracias!
      Qué bueno que apareció un Bach en el camino que rescató la magnífica Obra de Vivaldi…

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