.la dama de la sonrisa que inspiró el mito

mona-lisa

Mona Lisa. La obra fué realizada en óleo con la técnica de sfumato sobre una tabla de álamo de 77 por 53 cm.

“Es dueña de la sonrisa más indescifrable y fascinante que la historia del arte haya dado jamás.
Menos ya la obra de un genial creador renacentista que un ícono capaz de atravesar los siglos y las culturas, esa mujer de cara rubicunda, de manos entrecruzadas y mirada penetrante, ha despertado el deseo de versionarla no sólo en otros pintores eminentes -Andy Warhol, Paul Wunderlich, Joseph Beuys y Robert Rauschenberg- sino también en escritores como el cubano Reinaldo Arenas, quién la describió como un ser sobrenatural y demoníaco en su libro Viaje a la Habana.
La identidad de la mujer que sirvió de modelo a Leonardo da Vinci ha sido un misterio tan hondo como el de esos labios han inspirado durante siglos en investigadores obsesionados en dilucidar si Mona Lisa sonríe o si está más allá de las convenciones de la alegría.
No hay acuerdo entre los estudiosos sobre la fecha en que el multifacético Leonardo la pintó: algunos estiman que lo hizo entre 1503 y 1506. Otros análisis prefieren situarlo entre 1510 y 1515.
La pintura consiste en un retrato de medio cuerpo de una dama que, por su apostura y vestimenta, irradia un indudable origen aristocrático.
El rostro está ligeramente orientado hacia el observador y sus rellenas manos, que descansan sobre el regazo, transmiten un sosiego que la postura del resto de su figura no desmiente.
Posa sentada en una silla, delante de un paisaje neblinoso en el que se despliegan arbustos, riscos, árboles, cascadas y senderos de sinuosa trayectoria.
Es la técnica sfumato que Da Vinci utilizó para pintar a la Mona Lisa lo que le confiere al cuadro una potente calidad escultórica: los contornos de la figura se encuentran ligeramente desdibujados, generando la impresión de que se la observa a través de una ligera bruma. La figura y el paisaje están plasmados con dos perspectivas distintas.
El cuadro es popularmente conocido como la Mona Lisa o La Gioconda, hecho que desde siempre orientó la pesquisa hacia la hipótesis de que se trató del retrato de Lisa, la tercera esposa del empresario florentino Francesco del Giocondo. Ésta es la versión que brindó el escritor y plástico Giorgio Vasari, entendido en la biografía y obra de los principales artistas italianos del renacimiento. En 1550, Vasari escribió sobre Da Vinci: “Hizo para Francesco del Giocondo el retrato de su mujer Mona Lisa y, a pesar de dedicarle los esfuerzos de cuatro años, lo dejó inacabado”.
Lo que durante siglos fueron apenas intuiciones, recientemente acaba de asumir la forma de una certeza casi plena: un grupo de académicos alemanes de la Universidad de Heidelberg afirmó que unas notas del autor y trabajador del Ayuntamiento de Florencia, Agostino Vespucci, escritas en octubre del año 1503, confirmaron que Lisa del Giocondo fué la modelo del cuadro. En sus notas, Vespucci especificó que el pintor estaba pintando tres cuadros a la vez, uno de los cuales era el retrato de Lisa el Giocondo. El estudio de los académicos alemanes concuerda con la hipótesis de que la modelo fué Lisa Gherardini.
Leonardo Da Vinci nació el 15 de abril de 1452 en una casa de campo de Anciano, próximo a la localidad de Vinci y a treinta de kilómetros de Florencia. Era hijo natural de una campesina y de Ser Piero, un rico notario florentino. Italia era entonces un mosaico de ciudades-estados como Florencia, pequeñas repúblicas como Venecia y feudos bajo el poder de los príncipes o el Papa.
Pese a que su padre se casó cuatro veces, sólo tuvo descendencia en sus dos últimos matrimonios, por lo que Leonardo se crió como hijo único. Su enorme curiosidad se manifestó precozmente, dibujando animales mitológicos de su propia invención, inspirados en una aguda observación del entorno natural en el que creció. Vasari relata cómo siendo aún un niño, Leonardo creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre cuando se topó con él por sorpresa.
Advertido del inmenso talento de su hijo, a los catorce años lo autorizó a ingresar en el taller de Andrea del Verrocchio, en donde a lo largo de seis años adquirió una formación en pintura, escultura, técnicas y mecánicas de la creación artística.
El primer trabajo suyo del que se tiene una referencia nítida fué la construcción de una esfera de cobre proyectada por Brunelleschi para coronar la iglesia de Santa María dei Fiori.
Junto al taller del Verrocchio, se encontraba el de Antonio Pollaiuollo, en donde Leonardo hizo sus primeros estudios de anatomía y, se cree, se inició en el estudio de latín y el griego.
Su fecunda imaginación y la precoz maestría de su pincel le permitieron superar rápidamente a su maestro Verrocchio.
En el bautismo de Cristo, Da Vinchi utilizó por primera vez la pintura al óleo, una novedosa técnica proveniente de los Países Bajos que otorgaba una mayor blandura en el trazo y una más honda penetración en la tela.
Además de los extraordinarios dibujos y de la participación en obras de su maestro, Leonardo creó en ese período notables piezas -como el inconcluso panel La adoración de los magos– dotadas de un innovador dinamismo conferido por la exactitud en los contrastes de rasgos, en la composición geométrica de la escena y en el manejo de la técnica del claroscuro.
En 1482 se presentó en Milán ante el poderoso Ludovico Sforza, en cuya corte permaneció durante diecisiete años como “pintor et ingenierius ducalis”.
Aunque su ocupación principal era la de ingeniero militar; sus proyectos abarcaron la hidráulica, la mecánica, la arquitectura, además de la pintura y la escultura.
Su amistad con el matemático Luca Pacioli -fraile franciscano que en 1494 publicó su tratado De la divina proporción– resultó altamente fecunda para Leonardo.
Da Vinci sostuvo que a través de una atenta observación debían reconocerse los objetos en su forma y estructura para describirlos en la pintura de la manera más exacta.
De este modo el dibujo se convertía en el instrumento fundamental de su método didáctico, por lo que Da Vinci ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica.
El ideal del “saper vedere” orientó sus estudios, que a partir de 1490 se perfilaron como una serie de tratados (reunidos en el “Codex Atlanticus”) sobre pintura, arquitectura, mecánica, anatomía, geografía, botánica, hidráulica y aerodinámica, en los que arte y ciencia se fusionan en una cosmología individual.
El retrato de la Gioconda muestra a una mujer con una técnica oscura que sólo deja al descubierto el pecho y el cuello.
La cabellera, sedosa y larga, cae con absoluta libertad alrededor de los hombros.
En su rostro, las cejas han sido depiladas, según era moda entre las mujeres de la época.
La mirada adolece de un ligero estrabismo, pero no por ello deja de interpelar al observador con cierto aire de sagaz condescendencia.
Es probable que junto a La última cena, Mona Lisa sea una de las obras más representativas del talento de un artista irrepetible.
En Francia, Leonardo se la vendió al rey Francisco I, quién la atesoró en el Chateau Amboise.
Más adelante, el derrotero de la Mona Lisa incluyó los palacios de Fontainebleu y de Versalles.
Napoleón Bonaparte la gozó como una presencia protectora que presidía su lecho, pero su destino final fué el Museo del Louvre.
Acaso por su magnetismo inefable, la pintura ha concitado también los furores de algunas personas propensas a la irracionalidad: luego de haber sufrido una serie de ataques inesperados, se volvió necesario exhibirla bajo la protección de un vidrio blindado.
Fué robada en 1911 y recuperada dos años más tarde.
Quién la sustrajo fué un trabajador italiano que argumentó su deseo de regresarla a su país original.
La suerte adversa volvió a rondarla cuando en 1956 fué rociada con ácido y más tarde apedreada en dos oportunidades.
Pese a esos embates del odio -o de la crasa carencia de la sensibilidad estética-. Mona Lisa continúa luciendo unos labios situados a medio camino entre la sonrisa cómplice y la displicencia aristocrática, con una serenidad refractaria a los agravios del tiempo (y de la agresividad humana), como si se supiera investida de una marca de eternidad concedida sólo a unos pocos predestinados.”

Fuente: Transcripción de “Las mujeres más bellas de la pintura”

.Leonardo Da Vinci (1452-1519) Brilló en la pintura, la arquitectura, la escultura y la ingeniería. Es el autor del célebre retrato femenino que se convirtió en el mayor enigma de la historia del arte

 

 

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