.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas II

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas II

Mozart escribía a su mujer en un tono que mezclaba ternura, paternalismo y celos:

Wolfgang Amadeus Mozart a Constance
Viena, mediados de Agosto de 1789
“¡Mi querida mujercita! Me encantó recibir tu deliciosa carta, y espero que ayer hayas recibido la segunda mía, junto con la medicina y los huevos de hormiga. Mañana a las cinco de la mañana parto para reunirme contigo. Si no fuera por la felicidad de volver a verte y abrazarte no iría por ahora a Baden, porque pronto se estrenará Fígaro, y como debo hacer algunos cambios, será necesaria mi presencia en los ensayos. Probablemente tendré que estar de regreso aquí para el 19.
Pero no puedo quedarme aquí hasta el 19 sin verte.
¡Mi amorcito!
Quiero hablarte con toda franqueza. No tienes motivos para sentirte desdichada. Tienes un esposo que te ama y que hace todo lo que puede por tí. En cuanto a tu pie, tendrás que tener paciencia, y pronto mejorará. Me alegro de veras cuando te diviertes, claro que sí, pero me gustaría que guardaras más compostura. en mi opinión te comportas demasiado libremente con [nombre borrado]. lo mismo hiciste con [nombre borrado] cuando todavía estaba en Baden. Por favor recuerda que [nombres borrados] no tienen tanta familiaridad con ninguna otra mujer, aunque la conozcan más íntimamente que a tí. [nombre borrado] es un tipo muy formal y especialmente respetuoso con las mujeres, debe de haberse desorientado con tu conducta, y por eso te escribió esas zafadurías impertinentes en su carta.
Una mujer siempre tiene que hacerse respetar, de otro modo la gente enseguida empezará a hablar de ella.
¡Amor mío! Perdóname por ser tan franco, pero mi tranquilidad lo exige, y también nuestra mutua felicidad. Recuerda que una vez admitiste que eras demasiado complaciente. Ya ves las consecuencias. Recuerda también la promesa que me hiciste. Ay, Dios mío, ¡inténtalo, mi amor! Quiero que seas feliz y encantadora conmigo. No te atormentes ni hagas que me sienta innecesariamente celoso. Cree en mi amor, porque de él tienes pruebas suficientes, y verás qué felices seremos. No te quepa duda de que es sólo con su conducta prudente que una esposa retiene a su marido. Adieu. Mañana podré darte mis más tiernos besos.”
-Mozart

Parece ser que los celos entre la pareja eran algo habitual, ya que el 16 de abril de 1786, Mozart envió esta carta, escrita a las doce de la noche, cuando los fantasmas cobran su máxima corporeidad, a Constance:

“Queridísima y buenísima mujercita: Querida mujercita, tengo muchas cosas que pedirte.
1°) Te pido que no estés triste.
2°) Que cuides de tu salud y no te fíes de los aires de la primavera.
3°) Que no salgas sola a pie, mejor aún, que no salgas nunca a pie.
4°) Que debes estar del todo segura de mi cariño; aún no te escrito ninguna carta sin haber puesto ante mí tu querido retrato.
5°) Te pido que no sólo tengas consideración de tu honor y del mío con tu comportamiento, sino que también de las apariencias. No te enfades con mi ruego. Por ello tienes que quererme más aún, porque miro por el honor.
6°) Y último, te ruego que seas más explícita en tus cartas. Quisiera saber si el cuñado Hofer se fué el día después de mi marcha; si ha ido a menudo como me lo prometió; si los Lange van a veces; si se sigue trabajando en el retrato. ¿Qué es de tu vida? Son todo cosas que me interesan naturalmente mucho.
Ahora ¡adiós, queridísima, buenísima! Piensa que yo todas las noches, antes de irme a la cama, hablo una buena media hora con tu retrato y lo mismo al despertar…
¡Oh, stru! ¡Stri! Te beso y abrazo 1.095.060.437.082 veces (aquí puedes ejercitarte en pronunciarlo), y soy siempre tu más fiel esposo y amigo.”
W.

[Hasta el final
Seis meses antes de morir, en 1791, Mozart dejó una nota matinal a Constance, con quién se había casado en agosto de 1782, expresando la gran necesidad que tenía de ella. Mozart dependía anímica y psicológicamente de ella, a quien llamaba “mi otro yo”:
“No puedes darme otra satisfacción mayor que estar contenta y alegre, porque si yo sé con seguridad que a ti no te falta nada, entonces todas mis fatigas me resultan agradables y queridas, y la más fatal y confusa situación en la que yo pueda encontrarme, se convierte en una insignificancia si sé que tú estás sana y contenta.”]

-Selección de Alicia Misrahi

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